Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1985/01/07 00:00

MISION CUMPLIDA

MISION CUMPLIDA

En épocas de licitación Los magníficos eran cuatro desconocidos. Llegaron a Colombia llamados de urgencia por la programadora RCN que vela tambalear su horario triple A con un rating promedio de 9 puntos en el espacio Semana deportiva. Por aquel entonces comenzaba el "boom del cambio" que todavía hace de las suyas en las franjas de nuestra televisión. Se rumoraba que National Geographic, la directa competencia, sería reemplazado por Profesión peligro, una serie enlatada llena de tiros y acción, protagonizada por el hombre nuclear. La crisis parecía pues inminente. Los 9 puntos podrían bajar aún más.
Fue entonces cuando los dueños de la programadora recordaron la historia de aquellos cuatro hombres "acusados por un crimen que no cometieron", cuyo estribillo dice: "si alguien tiene problemas o necesita ayuda tal vez pueda contratar a Los magníficos." No había que dudarlo un momento. Rápidamente se hicieron los contactos para adquirir el enlatado. A partir de su estreno el termometro Nielsen empezó a subir de manera vertiginosa. Los magníficos cumplieron. Como si se tratara de una misión más, abandonan el país después de haber alcanzado un promedio de 78.2 lo que, en buen romance, quiere decir que éste es el programa preferido del público colombiano.
Poniéndole un poco de imaginación a la historia hasta resulta fácil ubicarlos en el aeropuerto El dorado, levantando su diestra para decir adiós, mientras sonríen interiormente pensando cuántos de sus fanáticos seguidores todavía no han comprendido la burla que ellos pretenden hacer del mito Supermán.
Efectivamente, Los magníficos tienen un estrecho parentezco con el Hombre de acero. Copian sus hazañas, toman aspectos de su carácter, juegan a suplantarlo, pero en el fondo, lo que hacen es caricaturizar los superpoderes ridiculizando de paso su doble personalidad. Así, mientras Supermán es el héroe solitario Los magníficos trabajan en equipo, se divierten y andan tan sincronizados que la ausencia de uno sólo echaría por tierra aun la misión más sencilla, lo que equivale a decir que la unión hace la fuerza y resulta más entretenida que algunos raros poderes de incomprensible procedencia. Supermán además se presenta como un Dios. Viene de una galaxia avanzada, tiene atributos casi divinos y hasta sostiene con el espíritu de su padre ciertos diálogos que podrían relacionarlo con el mismo Jesuscrito. Los magníficos no, ellos son gente común y corriente, nada de capas rojas, nada de músculos de acero, nada de doble personalidad. Cuando tienen que fingir se esconden tras bigotes falsos, pelucas sintéticas o esas mascarillas plásticas que se pegan a la piel y valen 20 dólares en un almacén de trucos dentro de Disney World. Aprendieron a luchar en la más prosaica de las escuelas: la guerra, y son tan maravillosamente humanos que tiemblan de miedo al subir a un avión (Mario), juegan como los niños (Murdok) o caen fácilmente en las delgadas redes de un primoroso bikini (Fast), pero la división también se hace presente a la hora de la hazaña donde Mario es la fuerza, Murdok la chispa, Aníbal el cerebro y Fast el enlace en acción. Todos estos requisitos estan en Supermán de una u otra forma. Como héroe es adonis, sencillo y amable. Como Clark Kent, un hombrecito corto de espíritu que siente miedo hasta de hablar (por eso tartamudea) y vive perdidamente enamorado de su compañera Luisa Lane. Pero lo que diferencia principalmente a Supermán de Los magníficos es el contexto en que se mueven uno y otros a la hora del peligro, al punto que mientras en el caso Supermán la naturaleza conserva todas sus características, en Los magníficos esta realidad es sólo aparente, porque si usted lo analiza con calma, la lógica de las leyes naturales (gravedad, gravitación, relatividad) es totalmente caricaturesca. De otra forma uno no se explicaría cómo un hombre lanzado desde el penthouse de un edificio se salva al caer en una piscina, o cómo después de dar siete saltos en un campero descapotado, un grupo de hombres puede resultar ileso. Eso solo tiene sentido en el mundo de Los magníficos.

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