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Opinión

  • | 2007/03/24 00:00

    Nuevas estructuras para viejos propósitos

    César Castaño cree que el desgastado discurso militar de las Farc y la pérdida de hombres las llevaron a echar mano de sus estructuras políticas clandestinas

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Los recientes artículos periodísticos en los que se hace referencia a la posible realización de la ‘Novena Conferencia’ de las Farc no dejan en claro hacia dónde apuntan los insurgentes en esta nueva etapa. Esta agrupación elaboró un documento preparatorio para la realización del evento, el cual fue dado a conocer a los frentes y bloques a mediados de 2006. En él se proponen dos objetivos fundamentales. El primero, la activa utilización de las estructuras políticas diseñadas por Alfonso Cano y conocidas como el PC3 (Partido Comunista Colombiano Clandestino) y el MB (Movimiento Bolivariano). Y el segundo, un gran esfuerzo de la ‘Comisión Internacional’ liderada por Raúl Reyes, para efectuar acercamientos con gobiernos extranjeros en procura de presionar un intercambio humanitario el cual, contra toda lógica, podría efectuarse en el exterior.

Aunque estos dos propósitos son de vital importancia en la dinámica insurgente, llama la atención el hecho de que un grupo señalado como terrorista haga énfasis en el trabajo político. Esto no es casual y pese a que ellos no lo reconocen, es innegable que en lo militar han sufrido serios reveses, entre otros, una gran cantidad de bajas en las filas guerrilleras, capturas, desmantelamiento de redes de milicias, golpes al andamiaje logístico y la deserción de cientos de sus integrantes, por lo cual se han visto obligados a reestructurar sus planes y hacer uso del componente político clandestino.

Más allá de la posibilidad de haberse realizado o no la citada Conferencia, diversos documentos publicados en Anncol y otros medios, revelan una inclinación de este encuentro por recuperar espacios políticos a diferencia de lo aprobado en 1993 (Octava Conferencia), donde se hizo énfasis en lo militar ordenando la creación de bloques, comandos conjuntos y compañías móviles.

Para quienes aun consideran que las Farc solo tienen un componente militar, vale la pena conocer cómo la organización ideó sus nuevas estructuras políticas. La historia es la siguiente. Luego de indagar en varias experiencias en el nivel internacional, sobre organizaciones secretas, clandestinas o encubiertas, las Farc durante la época de la zona de distensión en el gobierno de Andrés Pastrana y bajo la dirección del ideólogo Alfonso Cano, prepararon el diseño de un partido político de principios comunistas, de disciplina militar y dirigido directamente por ‘altos mandos’ guerrilleros. Es entonces a través de ese compendio de experiencias –principalmente del caso vietnamita–, del que se vale la organización para elaborar un discurso de la clandestinidad, el cual se plasma en el PC3 y el MB.

Al partido clandestino se le confirieron varias de las tareas que en su momento tuvo el partido legal, no sin antes dotarlo de un modo operativo, una estructura y unos estatutos que reglamentaran la nueva forma de vida partidaria. Pero tal vez lo más relevante, sea el escaño en el que se situó a dicha estructura en la ejecución del Nuevo Plan Estratégico, ésta debe cumplir algunas tareas fundamentales, entre otras: la consolidación, impulso y vigilancia del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia; el desarrollo de la Inteligencia Estratégica, la infiltración y la penetración; fijar planes políticos avalados por el estado mayor, elaborar propuestas y desarrollar las políticas del nuevo gobierno.

Estas labores exigían condiciones especiales para quienes conformaran el nuevo partido y estuvieran dispuestos a asumir sus estatutos, motivo por el cual se desarrollaron escuelas de iniciación, talleres y todo tipo de eventos con el fin de captar a los posibles integrantes. El nivel y el perfil buscado por las Farc no era el de un tradicional miembro de la izquierda. Se trataría de células interdisciplinarias conformadas por profesionales universitarios en ejercicio, autosuficientes y vinculados al sector público o privado, o también estudiantes de pregrado. Estas estructuras actualmente activas y en proceso de expansión, tienen tres características fundamentales. Primero, son clandestinas, lo que les da un amplio margen de movilidad, protegiendo a sus militantes y confundiendo a los organismos de seguridad del Estado; compartimentadas, lo cual les permite salvaguardar la información, y blindar la organización frente a un desmantelamiento total; y verticales, con lo cual aseguran el flujo de información entre las Farc y el PC3.

Esta observación previa se limita a una sencilla exploración sobre el aparato político de la guerrilla más antigua del hemisferio occidental. Algo que es necesario conocer para comprender a una organización, que hoy día debe mirarse más allá del campesino guerrillero de botas y fusil derivado del mito marquetaliano.

Lo único cierto es que estas nuevas estructuras ideadas para cumplir viejos propósitos, se constituyen en un reto para el Estado ya que en el nuevo escenario de la guerra el enemigo, en buena parte, no será visible.
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