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Opinión

  • | 2014/03/07 00:00

    Para no botar el voto

    ¡Piense antes de votar! Cuestiónese sobre la conducta de los candidatos y los partidos por los que se presenta.

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Para no botar el voto, antes de ir al cubículo reflexione sobre las “virtudes” que le venden los candidatos, pero en especial respecto a sus actuaciones y posturas en temas fundamentales.

¡Piense antes de votar! Cuestiónese sobre la conducta de los candidatos y los partidos por los que se presenta. Averigüe al menos en Google si el personaje ha estado involucrado en el cartel de la contratación de Bogotá o en cualquier otra maniobra de corrupción y robo de recursos públicos. Si lo está, ¡no lo dude! Mejor abstenerse. Votar por uno de ellos es avalar que continúen al servicio del saqueo de las arcas públicas.

Navegue un poco y verifique si él o la candidata han estado inmersos en un capítulo de abuso de poder. Si tuvieron al menos alguna indelicadeza y emplearon su poder o influencia en contra de los intereses generales, para saltarse la ley o desconocer los derechos de los ciudadanos elimínelo de la lista de posibilidades.

Revise si el personaje tiene formación. Así suene elitista la política requiere preparación. Un buen gobernante o legislador no se improvisan y cuando eso ocurre se cae muchas veces en populismo y sobreviene la hecatombe. No solo son malos servidores públicos porque se distraigan en la mermelada y el clientelismo, sino porque no saben, son ignorantes, nunca estudiaron o no contaron antes de ser elegidos con una experiencia que les proporcione criterios y conocimientos necesarios.

Pregúntese si el candidato tiene vínculos con bandas criminales, mafiositos de pueblo, FARC, ELN o si la estructura política que lo apoya es la misma de parapolíticos condenados o reconocidos en su región. Si es así, ¡tampoco lo dude! Votar por ellos es convertirse en patrocinador y socio de esas empresas criminales.

Si quien aspira ha sido servidor público indague sobre los resultados de su paso por la administración. ¿Qué hizo? ¿A qué contribuyó? ¿Actuó de forma coherente con lo que ahora promete en campaña? ¿O fue un pésimo funcionario que ahora posa del mejor para legislar? Si el balance es negativo está ante uno de los tantos con doctorado en “cañar”. Dele la espalda y salve su voto.

Además evalúe cómo votó en el Congreso, si se trata de un Senador de la República o un Representante a la Cámara en ejercicio. Por ejemplo, ¿fue de los que aprobó la Reforma a la Justicia que se hundió gracias al repudio ciudadano? ¿Apareció su nombre en el carrusel de puestos, contratos y cupos indicativos que repartieron desde Presidencia de la República para comprar sus conciencias? ¿Es de los que habla permanente de paz con justicia, al tiempo que aprobó la reforma a la Constitución para dar impunidad a los miembros de las narcoguerrillas o a integrantes de la fuerza pública que cometieron graves violaciones a los derechos humanos? Si es así, no titubee, corra, huya, no bote su voto.

Cuidado con el discurso de la paz. Los políticos lo utilizan con inigualable habilidad y de anzuelo para despistados. Cuando escuche a uno de esos personajes investigue si detrás de su retórica está la defensa de que responsables de crímenes de guerra, narcotraficantes y perpetradores de graves violaciones a los derechos humanos puedan tener el derecho a gobernar a Colombia. Si afirman que quieren ver a Timochenko y a Márquez en el Congreso…

¡Ojo! ¡Alerta! Está ante uno de esos políticos que disfrazados de pacifistas quieren abrir la puerta para validar el crimen atroz como medio de acción política en la democracia. ¡Inaceptable! Botar el voto sería contribuir a elegir tales “ejemplares!

Si es uno de esos o esas que posan de limpios y coherentes mientras afirman que la Procuraduría carece de facultades para sancionar a Petro por violación del código disciplinario, pero que sí las puede utilizar para castigar al bandido Kiko Gómez, estará usted realmente ante un politiquero acomodado o en el mejor de los casos ante un ignorante. Según la Corte Constitucional, el Consejo Superior de la Judicatura, la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado en Colombia la Procuraduría sí tiene facultades para sancionar alcaldes y gobernadores por igual.

Álvaro Gómez señalaba que se hace política cuando se tiene una idea. ¡Elemental! Ante un candidato trate de ver si realmente tiene una causa, una razón que lo motive para participar en política. Si no la tiene es porque se trata de un vanidoso, egocéntrico, bandido o desocupado que quiere llegar al Congreso para satisfacer cualquier cosa menos la de una lucha política genuina. La política es la acción permanente que busca hacer realidad un modelo de sociedad. Lo otro es mecánica, “política” menor o corrupción.

Eso sí, si es comunista con seguridad tiene una bandera y si usted lo es seguramente votará por el personaje camuflado en alguna lista con otro rótulo. No hay que ser ingenuo. Ser comunista no es pecado, aunque se vuelve reprochable cuando el 'camarada' candidato no condena la violencia de las FARC, se niega a repudiar la bomba en un supermercado en Quibdó o legitima el crimen con un discurso político. Si el candidato que le presentan es de esos, no lo vote, prefiera a verdaderos demócratas.

Haga lo mismo si el personaje apoya a Nicolás Maduro o se niega a condenar la represión y el autoritarismo de la revolución bolivariana. Con certeza, tal individuo lleva un Chávez en su corazón. Igual si es uno de esos extremistas que legitiman el paramilitarismo o que dicen, sin vergüenza, que los “falsos positivos” no existieron.

Finalmente, para acertar, invierta algo de tiempo en buscar gente preparada, decente, con trayectoria o nueva y coherente. ¡Las hay! No son muchos pero están ahí. No salen en televisión, no cuentan con ríos de dinero, hacen la campaña en la calle, tienen una causa y una historia de vida que es su mejor carta de presentación. Los hay en el Partido Liberal, también conservadores, en la U, en Cambio Radical, en los Verdes y en el Polo. Y, por supuesto, en el Centro Democrático que no es la U.

En Twitter @RafaGuarin
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