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Opinión

  • | 2017/11/20 14:37

    El Partido Liberal tiene que renovarse ya

    El trapo rojo del Partido Liberal se destiñó. Sí, ya no es rojo sino rosa y de eso dan cuenta los resultados.

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El histórico de las consultas liberales desde 1990, cuando el liberalismo obtuvo en la consulta que ganó César Gaviria 5.397.023 votos, muestra cómo viene disminuyendo vertiginosamente ese caudal electoral. Solo Gaviria en ese momento logró 2.797.482 sufragios.

Eran sumas que ponían a pensar al pueblo liberal en la llegada al poder ante cualquier otro candidato que se asomara a nombre de la oposición, con alguna estrategia que lograra batir el trapo rojo hacia quienes no tenían partido o hacia quienes se denominaban los electores de opinión.

En 1994, el Partido Liberal ya comenzó a mostrar una fuerte caída en sus intenciones hacia la conquista del mercado electoral con 2.223.471 votos sumados en donde el candidato Ernesto Samper ajustó 1.245.283. Lo extraño fue que después de más de 10 años, Horacio Serpa logró en el 2006 un poco más de votos que Samper, alcanzando 2.227.484.

Pero en 2009 se bajó a un nivel sorprendente la votación lográndose a nombre de Rafael Pardo la suma de 1.015.910 sufragios de la colectividad y 376.739 del candidato.

Ahora con una inversión monumental del Estado destinada a la consulta liberal, Humberto de la Calle logra recaudar 362.229 votos de 735.957. Un hecatombe electoral.

Se alejó el Partido de sus militantes, quienes en masa eran los desvalidos, los débiles que necesitaban una mano para sacar adelante sus luchas personales, los informales y los sindicatos.

Con nostalgia nos preguntamos ¿por qué el Partido del trapo rojo que en otrora fuese orgullo de personas que lo adoptaban como su propia revolución por sus ideales perdió la fuerza popular?

Aquel Partido del “Tribuno del Pueblo” Jorge Eliécer Gaitán que defendió a los trabajadores de la United Fruit Company en Magdalena para que les garantizaran condiciones laborales dignas y para que no los asesinaran, y quien combatió contra el orden cerrado y oligarca del ejercicio de la política de la época fundando el movimiento político Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR).

El Partido de Alfonso López Pumarejo que cambió la concepción del Estado gendarme por la del Estado que obliga al ciudadano al cumplimiento de deberes sociales abriendo paso al Estado Social de Derecho. Además, quien propugnó por la protección del trabajador con relaciones obrero-patronales más equilibradas, el derecho a la huelga y la formación de sindicatos, sin descontar su aporte valioso en su reforma constitucional imprimiéndole una función social a la propiedad privada sobre la cual sustentó su reforma agraria a través de la ley de tierras.

El mismo Partido Liberal del inmolado Luis Carlos Galán que llevaba en sí las intenciones renovadoras que se requerían internamente desde finales de los 70 con la fundación del Nuevo Liberalismo que prometía grandes resultados electorales.

Tantos liberales de buenas costumbres que enarbolaron las banderas de las revoluciones incruentas reciben con nostalgia, unos desde sus tumbas, otros en carne viva, los resultados de la consulta que no alcanzó el millón de votos.

Debe el Partido Liberal reivindicar las causas de los que sufren a diario la ausencia del Estado, la negligencia de sus servidores públicos, el desfalco de sus impuestos, la injusticia de sus jueces, y en particular, las reformas capitalistas que catapultan los deseos y los sueños de quienes no tienen voz, ni voto.

Desprotegimos a los pequeños propietarios de vivienda, a los pequeños empresarios, a los cooperativistas, a los informales, a los profesionales, a los jóvenes que hoy tienen mejores recursos intelectuales y tecnológicos para proponer un mejor Partido, en fin, a las bases populares.

En lo que queda de la lucha electoral por la Presidencia de la República de Colombia para 2018, debe el Partido recogerse y repensar su próximo futuro, y obligatoriamente poner en marcha la renovación verdadera que permita que los jóvenes sin contaminación dirijan su destino. Volver al sentido real de la democracia y de las oportunidades para todos es la salida, de lo contrario, la máquina aplastante de la derecha no solo volverá trizas la paz, sino también a lo que queda del Partido Liberal.

El candidato que quedó de la derrota, que en términos prácticos tendrá que aliarse con los liberales que ya no le comen cuento a la precaria maquinaria vetusta y obsoleta, no tiene otro camino que comenzar a dar los primeros pasos de la renovación, por ejemplo, poniendo una fórmula vicepresidencial que no sobrepase los 30 años de edad. ¡Es ahora o nunca!

(*) Gutiérrez Morad & Calderón España – Abogados Constitucionalistas.

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