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Opinión

  • | 2017/03/06 09:24

    Pedro Castro Monsalvo

    Su importancia no es ser mencionado en los cantos. Es mencionado en ellos por su importancia.

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El viernes se cumplieron 50 años de la muerte de Pedro Castro Monsalvo, uno de los nombres que más se repiten en los cantos vallenatos de antes, esos que llaman clásicos, cuando los políticos y personajes de dudosa procedencia (que en ocasiones viene a ser lo mismo) no les pagaban a los cantantes para que los nombraran, sino que estos lo hacían de manera espontánea, con respeto y admiración. Su nombre aparece desde una de las primeras composiciones vallenatas: Compae Chipuco. Acababa de cruzar los 30 años cuando entró a compartir con el santo patrono del pueblo el podio del Olimpo vallenato: “Soy vallenato de verdad, no creo en cuentos, no creo en ná, solamente en Pedro Castro, en santo Eccehomo y nada má”. Su importancia no es ser mencionado en los cantos. Es mencionado en ellos por su importancia.

A Castro se le quería y admiraba luego de su exitoso primer mandato como segundo gobernador de Magdalena nacido en Valledupar, luego de Ciro Pupo Martínez. Sucedió así: En su afán por arrastrar la “civilización” hasta la tierra que vio nacer a su madre, Rosario Pumarejo, López Pumarejo nombró a Pupo Martínez gobernador de Magdalena. Pronto el presidente recibió quejas de labios de Alberto Lleras, su ministro de Gobierno, porque la situación seguía igual de mal en Valledupar. López recordó que en su visita al pueblo varios años atrás había llamado su atención la inteligencia de un muchacho que aún vestía pantalones cortos. Lleras le confirmó que su nombre era Pedro Castro Monsalvo. El presidente lo mandó llamar a Bogotá y a su regreso, con 32 años, era el nuevo gobernador de Magdalena.

Castro centró su mandato en seis grandes obras: el traslado de las oficinas de la Zona de Carreteras de Riohacha a Valledupar, más la construcción del aeropuerto (el mismo de hoy), el Colegio Loperena, la Escuela de Artes y Oficios, la Granja Ganadera y el hospital, que también se conserva. De la gobernación saltó al Ministerio de Comunicaciones en la segunda administración de López Pumarejo, y luego a la cartera de Agricultura bajo el mando de Ospina Pérez en el gobierno de unidad nacional convocado tras el asesinato de Gaitán, un ministerio fuertemente criticado por los liberales que se oponían a que el partido participara en un régimen “manchado de sangre”.

Siendo ministro de Agricultura creó la ley de absorción obligatoria de los productos nacionales, entre ellos el algodón. A él se le debe la única bonanza legal que ha tenido la región. Por esto se dice que fue un visionario, pero también porque, a pesar de ser el político vallenato más importante de todos los tiempos, se opuso firmemente a la creación del departamento de Cesar, de la que este diciembre se cumplen 50 años. Castro decía que la región carecía de líderes, que no había nombres para sacarlo adelante. Los vallenatos rechazaban el incremento de casos de corrupción, cada vez más escandalosos, en Magdalena y él temía que Cesar ahondara en la corrupción. No se equivocó: basta ver a los políticos, que no líderes, cesarences de hoy (y ni hablar de los de La Guajira, el otro departamento que nació del Magdalena por igual razón). Eran otros tiempos, otros hombres y otra manera de hacer política. Y de ensalzarlos en los cantos.

@sanchezbaute

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