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Opinión

  • | 2014/08/14 00:00

    ¿Por qué asesinar a un humorista?

    Detrás del porqué del asesinato de Jaime Garzón puede haber más de una explicación, y faltaba una tercera: él había descubierto que policías y militares les vendían secuestrados a las Farc.

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La explicación más trillada del motivo por el cual Carlos Castaño dio la orden de matar a Jaime Garzón apunta a que los interesados en acabar con el humorista convencieron al jefe paramilitar de que se estaba lucrando con sus mediaciones para liberar a secuestrados de las Farc, y en tal medida era miembro o al menos cómplice de ese grupo terrorista.
 
Esa antes que una explicación sería la justificación, pues detrás de esta podría haber al menos otras dos explicaciones, una de las cuales sugiere que miembros del alto mando del Ejército habrían cobrado una deuda de honor con sangre. Muchos oficiales se sentían semanalmente ofendidos con la interpretación de chafarote que Jaime hacía ‘desde el Quemando Central’, y en alguna ocasión le escuché privadamente a un coronel decir que “el problema de Garzón es que dispara para todo lado”. 
 
Es sabido que el que sí expresó más de una vez ese malestar –en público y en privado- fue el entonces comandante del Ejército, general Jorge Enrique Mora, de quien Garzón aseguró ser víctima de hostigamientos y al que intentó ver infructuosamente cuando supo que se había puesto en marcha el operativo para acabar con su vida. Al que sí pudo ver fue al general Rito Alejo del Río, comandante de la Brigada XIII del Ejército y superior directo del coronel Jorge Eliécer Plazas, el mismo a quien se acusa de haber entregado a los sicarios la información de inteligencia requerida para ubicar y matar a Garzón al día siguiente. En este contexto, las averiguaciones que viene haciendo la Fiscalía indicarían que a Garzón lo mataron paramilitares en asocio con militares del más alto nivel.
 
Hay quienes se ilusionan creyendo que la captura del coronel puede ser el eslabón que faltaba para completar la cadena que permita llegar a los autores intelectuales y lograr que por fin se haga justicia. Pero la información publicada por El Tiempo este 10 de agosto hace hundir en el pesimismo al más entusiasta optimista, pues “Plazas hizo saber que quiere decir la verdad sobre el crimen de Garzón y el de Álvaro Gómez Hurtado”; sólo que “su verdad puede terminar desviando de nuevo el proceso”, pues por boca del abogado defensor Édgar Torres se ha sabido que “va a decir la verdad y pide que le crean. Va a señalar gente, lo que puede poner en riesgo su vida, pero no a generales, y menos a Rito Alejo”. 
 
¿Y quién es ese señor Torres que hace tan ‘esperanzador’ anuncio y se refiere al general confianzudamente como “Rito Alejo”? Pues nada más y nada menos que el abogado de ambos, del coronel acusado y del general llamado como testigo por la Fiscalía. Así las cosas, este abogado ‘coincidente’ es evidencia crasa de que se busca unificar las versiones de los dos oficiales involucrados, y a eso mismo atribuyen que José Miguel Narváez, exsubdirector del DAS nombrado ahí por Álvaro Uribe y exasesor de inteligencia del Ejército –procesado por el mismo crimen– esté pidiendo el expediente de Plazas. ¿Es esto ética y jurídicamente permisible? Averígüelo Vargas…
 
Pero decía arriba que detrás del porqué del asesinato de Jaime Garzón puede haber más de una explicación, y faltaba una tercera: unos días antes de caer bajo las balas asesinas le contó a su amigo Fernando Brito, asesor de paz de la gobernación de Cundinamarca y antiguo director del DAS, que había descubierto que policías y militares les vendían secuestrados a las Farc. Se dirá que estamos hilando delgado, pero no sobra recordar que el coronel Jorge Eliécer Plazas precisamente fue llamado a juicio y condenado a 40 años de cárcel por el secuestro y asesinato en cautiverio del industrial israelí Bejamín Khoudari, pero estaba libre porque se había ‘fugado’ en 2003 de las instalaciones de la Escuela de Artillería en Bogotá, como sale Pedro de su casa.
 
Otro motivo por el cual las señales que se perciben invitan al pesimismo, radica en que ya son siete los testigos clave que han sido asesinados: Juan Simón Quintero Baena, detective del DAS; alias ‘Yiyo’, integrante de la temida banda ‘la Terraza’ (el que disparó contra Garzón o manejaba la moto); Ángel Gaitán Mahecha, narcotraficante cercano a Carlos Castaño; Robinson Ramírez Peña, alias ‘Chulo’, exguerrillero de las Farc; Luis Guillermo Velásquez, alias ‘Memo’, quien alcanzó a reunirse con detectives del DAS antes de ser asesinado; Rafael Antonio Moreno Moreno, quien dijo conocer un plan para asesinar a los sicarios que asesinaron a Garzón, y también fue asesinado; y Edward Jaír Medina Gallego, miembro clave de la logística para cometer el atentado.
 
¿Significa este rosario de ejecuciones que la vida del coronel Plazas corre inminente peligro? Sí y no. Sí porque sin duda es un hombre que ‘sabe demasiado’, y no porque con las declaraciones de su abogado ha brindado claridad prístina en que acatará la ley del silencio que los congrega en la misma causa. Sea como fuere, no estaría de más recomendarle que por razones de salud evitara subirse a un helicóptero.
 
DE REMATE: Aún falta saber en qué  medida nuestro glorioso Ejército Nacional estará ‘rodeando’ al general Rito Alejo del Río y al coronel Jorge Eliécer Plazas frente al juicio por el asesinato de Jaime Garzón, para tratar de dilucidar qué tan baja es la posibilidad de que esta vez sí se haga justicia, o qué tan alta es que nuevamente reine la más oscura e ignominiosa impunidad.
 
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