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Opinión

  • | 2017/08/03 09:34

    Al oído de Rodrigo Rivera, “aquí no nos van a cumplir ni mierda”

    El balance del proceso de reincorporación de las Farc no puede ser más desolador y alarmante. Algo que parecía sencillo y mínimo para garantizar la No repetición, es hoy uno de los principales problemas de la implementación de los acuerdos de paz.

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El balance del proceso de reincorporación de las Farc no puede ser más desolador y alarmante. Algo que parecía sencillo y mínimo para garantizar la No repetición, es hoy uno de los principales problemas de la implementación de los acuerdos de paz. No hay nada planeado, los guerrilleros en las zonas veredales están exasperados y nadie da razón de nada. Por ejemplo, de la zona veredal de Mesetas en el departamento del Meta, se han salido desesperados ante los incumplimientos cerca de 80 guerrilleros, muchos se van a buscar la vida de forma legal, otros se van para donde sus familias y desde allí rehacer su vida, y otros a la disidencia de las Farc.

El 15 de agosto, la figura de zonas veredales transitorias de normalización desaparecerá. Esos espacios serán zonas para la reincorporación y la capacitación. La idea era que desde el mes de abril cada guerrillero supiera qué pasaría con él después del 15 de agosto y la verdad es que hoy nadie sabe qué va a pasar. Ni siquiera el Gobierno ha sido capaz de terminar las zonas veredales, aun varias de ellas no cuentan con baños o al menos con espacios habitacionales dignos para una persona. Los guerrilleros vivían mejor en el monte que lo que están en estas zonas de ubicación.

Se pueden analizar cuatro grandes problemas. Por un lado, existe un absoluto desorden e inoperancia en el Gobierno. Han pasado meses desde la salida de Clara López del Gobierno y aún el presidente Santos no nombra un responsable directo del tema. No hay nadie en el Gobierno que sea el encargado de la reincorporación de las Farc. Joshua Mitrotti, quien es el director de la ACR, ahora llamada Agencia para la Reincorporación y la Normalización, se dedicó más a rendir cuentas de lo que hizo la ACR en el pasado, que a construir una política seria de reincorporación para el futuro. El modelo de reincorporación viejo, que era individual, urbano y dirigido bajo el modelo de ventanilla, no aplica para el de las Farc, que será rural, colectivo y codirigido. Por su parte, el saliente Sergio Jaramillo, de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, no ha podido siquiera terminar las zonas veredales y el famoso proceso de bancarización no ha sido del todo exitoso, aún muchos guerrilleros no cuentan con la documentación requerida. Rafael Pardo ha intentado liderar un modelo de proyectos productivos, pero no hay una coordinación clara con todas las instituciones que deberían intervenir en la reincorporación. Al final entre todos se tiran la pelota, ya que dicen que ninguno es el responsable del tema y del desastre.

Por los lados de las Farc la cosa no es nada alentadora, después de más de siete meses de instaladas las zonas veredales no han logrado aterrizar una idea clara del modelo de reincorporación, por ejemplo dicen querer tierra para los proyectos productivos, pero no saben cuánta, dónde y para qué proyectos. Todos los días se les ocurre un proyecto nuevo dependiendo de con qué empresario hablan. Además, las Farc nombraron unos expertos en el tema que no saben mucho y trastabillan a la hora de armar estrategias.

El tercer problema es la ausencia de articulación de las instituciones del Estado. Lo poco que se ha hecho, que no es mucho, lo ha liderado el Sena o el Ministerio de Educación pero no hay nada coordinado, cada cual tiene una idea de lo que significa el posconflicto rural, pero no hay ni siquiera un lineamiento de política pública. Por último, no hay plata, apenas están los recursos para la subsistencia mínima pero nada más allá de eso. De hecho, la cosa es tan compleja que la cooperación internacional tiene plata, pero no la invierten porque nadie tiene nada claro sobre el tema.

El asunto de fondo es que las Farc no quieren parecer mendigos y por tanto no protestan con fuerza sobre un tema que va muy mal. A la vez el Gobierno sabe que si la reincorporación sale mal, todo sale mal, pero les da miedo tomar cualquier iniciativa ya que le temen al uribismo. Es decir, a Colombia no la gobierna Santos sino el miedo a Uribe. Y claro, al uribismo le gusta que esto de la reincorporación salga mal, para que así la disidencia de las Farc crezca, y con ello mantener el discurso del miedo y ganar las elecciones de 2018.

Pero en la vida real, un proceso bueno de reincorporación, que beneficie a las comunidades donde operaban las Farc, a las víctimas y los reincorporados, costaría lo que vale medio helicóptero Black Hawk, nada más que eso.

Mejor dicho como me dijo un guerrillero de la zona de Mesetas “aquí no nos van a cumplir ni mierda”.

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