Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/12/01 00:00

A propósito de un rompimiento

Ramiro Zambrano* explica el porqué se llegó a este punto en las relaciones entre Colombia y Venezuela

A propósito de un rompimiento

La historia de la humanidad indica que los incidentes internacionales, cualesquiera que sean sus orígenes y desarrollos, convocan siempre la solidaridad de los pueblos alrededor de sus gobernantes, exaltan los sentimientos de nacionalismo, reflexivo e irreflexivo, y generan para las naciones perjuicios y situaciones de tensión, que solo el paso del tiempo, la prudente y adecuada gestión diplomática de sus dirigentes, y, en algunos casos, la mediación y los buenos oficios de terceros gobiernos, logran solucionar.

Indica también la historia, del mundo y de América Latina, antigua y reciente, que las reelecciones indefinidas de mandatarios, que sus seguidores y ellos mismos llegan a considerar como providenciales o mesiánicos, no traen para sus pueblos la felicidad soñada y, por el contrario, suelen generar dificultades, ruptura de los ordenamientos constitucionales, autoritarismo y corrupción. Por ello los colombianos debemos celebrar la afirmación de nuestro Presidente, cuando el miércoles anterior manifestó que los Jefes de Estado no deben pensar en sus propias vanidades y que “intentar perpetuarse es quitarle frescura a la democracia”. Tales expresiones, en la actual coyuntura, curiosamente resultan aplicables tanto al caso venezolano como al colombiano.

Lo ocurrido alrededor de la mediación del presidente Chávez, para obtener la liberación de los secuestrados, parece haber sido todo un sainete. Se le eligió y recibió como mediador, con la consideración que merece un Jefe de Estado, luego se limitó su acción y posteriormente se le suspendió, mediante sendos comunicados de prensa, sin que tales determinaciones merecieran la misma consideración debida a cualquier jefe de Estado.

Luego vino la bien conocida andanada de ofensas personales de Chávez y las respuestas de Uribe, que, más allá de cualquier sentimiento nacionalista, no hacen honor a sus protagonistas, y las amenazas del primero, con la prepotencia de los petrodólares, altamente inconvenientes para la amistad de los dos países y para nuestro comercio bilateral.
¿Fue, o no bien meditada la escogencia de Chávez? Si, realmente se juzgó que en sus manos era posible una liberación de los secuestrados, ¿se calcularon adecuadamente los riesgos derivados de su controvertida personalidad?.

¿Se previó que una suspensión abrupta de tal mediación podría traer tan indeseables consecuencias? O, por el contrario, conocida la personalidad del Presidente Venezolano, se calcularon muy bien tales riesgos, como posibles generadores de una “hecatombe”, quizá de la célebre “hecatombe”, que podría llevar a Uribe a su tercer mandato?.

Hoy, como balance, lamentablemente, los 3.000, o mas secuestrados y sus familiares, han resultado los mayores perdedores en este malhadado intento de liberación; las exportaciones a nuestro tercer socio comercial se encuentran en suspenso y en estado de alarma la interrelación tradicional de los habitantes de la frontera colombo-venezolana, mientras la guerrilla de las Farc volvió a la primera plana de la opinión internacional.

En años anteriores, en repetidas comunicaciones, acompañadas de los estudios pertinentes, destacamos ante nuestra Cancillería el carácter frágil y dependiente de circunstancias coyunturales, de nuestras exportaciones a Venezuela y el Ecuador y propugnamos por la búsqueda de nuevos mercados, recomendamos el del Golfo Pérsico, rico importador de bienes y servicios, y nos opusimos también al cierre –por segunda vez– de nuestra Embajada en Irán, punta de lanza para la concreción de dichas exportaciones. Sin embargo, se pretextaron “razones de economía presupuestal” y se suspendieron los cargos de la Embajada en Teherán, pagados en dólares, para crearlos en otras embajadas colombianas en Europa, pagados en euros.

En relación con el problema de diversificar los destinos de nuestras exportaciones, en múltiples foros académicos y en forma reiterativa hemos afirmado, que Colombia, lamentablemente ha carecido de una política de estado en materia de relaciones internacionales, que, en el caso de las exportaciones, le permita, sistemática y permanentemente dirigir sus esfuerzos hacia la identificación y consecución de esos nuevos mercados.

La ausencia de tal política de estado, hace que los esfuerzos de las diversas administraciones no siempre confluyan hacia los mismos objetivos, se cierren y se reabran misiones (caso de Australia) con costos onerosos para los contribuyentes, se nombren y se revoquen nombramientos de funcionarios de todos los niveles, sin considerar su idoneidad y el interés nacional, sino las conveniencias personales y el pago de favores políticos. Ante la ausencia de políticas de estado, las administraciones toman autónomamente las determinaciones que les parecen convenientes, dan marchas y contramarchas, y cuando sus acciones se complican y no dan los resultados esperados, acuden al recurso final de convocar la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, a la cual ignoraron antes de tomar las determinaciones generadoras del problema que se les consulta.

Finalmente, en una hora de preocupación binacional, conviene que se silencien los micrófonos y se de paso a la sensatez y a la adecuada gestión diplomática. La geografía y la historia hicieron de Colombia y Venezuela dos países interdependientes.

*Ex embajador de Colombia

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