Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 1998/11/16 00:00

QUE SE CALLEN

QUE SE CALLEN

A los ex presidentes de Colombia les debería estar vedado, por un elemental sentido del pudor, hablar de los problemas de Colombia.Ahora, desde su semiexilio madrileño, sale el ex presidente Ernesto Samper a dar consejos para solucionar las guerras de Colombia. Lo hace en un artículo que publica el diario español El País, pero que ya habrá salido, o saldrá en estos días, en El Tiempo de Bogotá: porque uno de los privilegios que da en Colombia la condición de ex presidente es la de ser publicado en El Tiempo, como lo puede atestiguar el doctor Carlos Lemos Simmonds. El título es: "El conflicto armado en Colombia: qué hacer". Suena al famoso "Qué hacer" de Lenin, y el eco no es gratuito: es que Samper se está creyendo Lenin: se refiere a sí mismo como "uno de los jóvenes que andábamos, mochila al hombro, predicando la revolución en las universidades".
(Debo reconocer que uno de los motivos que inspiran este artículo es la ira que me dio el ver al Bojote Samper presentándose ante sus posibles lectores españoles como una especie del cura Camilo Torres. Pudor, por favor, un poquito de pudor, señor ex presidente).
Lo primero que hace Samper en su artículo es explicar las causas de "uno de los pocos conflictos armados internos que todavía subsisten en el mundo", como llama al de Colombia. Y al llamarlo así demuestra que no ha leído la prensa de las últimas semanas, porque esos "pocos" conflictos son unos 400. Pero al explicar sus causas demuestra además que tampoco tiene ninguna información sobre el conflicto colombiano propiamente dicho: es un conflicto que ha sucedido, como todo en la vida del ex presidente Samper, sin que él se diera cuenta: a sus espaldas. No supo de qué se trataba.
Por eso pretende explicárselo a los lectores de su artículo diciendo: a) que su existencia es simple prolongación de las guerras de Independencia, convertidas "en una causa endémica de inestabilidad"; b) que su subsistencia, pese a la "paz nacional" pactada "entre los partidos" en los años 50, se debió "a los éxitos de la revolución cubana y la lucha antiimperialista de los años 60"; c) que su persistencia, pese a que "terminó la guerra fría", obedeció a que los tercos guerrilleros se empeñaron en "seguir defendiendo en las remotas selvas de Colombia las banderas ideológicas recién arriadas", tal como "los soldados japoneses que se quedaron defendiendo las islas del Pacífico cuando la guerra mundial ya había acabado"; y d) que su resistencia "a partir de los años 80" no tiene otra causa que "la explosiva y dramática aparición de los dineros del narcotráfico".
Resumo: según Samper, el conflicto en Colombia (o, como dice él, "en las remotas selvas de Colombia") sólo tiene causas externas: la guerra contra España de hace dos siglos, las "ideologías foráneas", la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, y el "flagelo universal" de la droga. No hay causas locales. Nada social, nada económico, nada político. Al revés: pues si algo distingue a los colombianos, según Samper, es un "unánime rechazo a la opción armada". Tal como ve él las cosas, en Colombia la gente se mata sin motivo, y sin querer.
Tras describir la realidad colombiana de modo tan distinto a la realidad colombiana, se pregunta el ex presidente: "¿Qué hacer frente a esta realidad?". Y se responde a sí mismo con recetas de terapeuta tan alejadas de la enfermedad como ha sido su diagnóstico clínico. Si Colombia padeciera, digamos, de hepatitis, Ernesto Samper la llamaría amigdalitis y recomendaría baños de pies. Dice, en efecto: "Lo primero, no bajar la guardia en la lucha contra el narcotráfico (...) Lo segundo es la humanización del conflicto (...) Lo tercero es poner de acuerdo a quienes están en la orilla del establecimiento (para lograr) un consenso institucional previo (...) alejado de intereses partidistas o electorales".
Tal vez el ex presidente Samper ni siquiera se atreva a publicar su artículo en Colombia, porque a lo mejor allá alguien se acuerda aún de que sus tres recetas son exactamente lo opuesto a lo que hizo cuando tenía el poder para hacer algo. Bajó tanto la guardia en la lucha contra el narcotráfico que su campaña electoral se hizo con dinero de los narcotraficantes (a sus espaldas, sí, ya lo sabemos: pero en eso consiste bajar la guardia). Deshumanizó tanto el conflicto que el Estado colombiano se convirtió bajo su presidencia en un paria universal en materia de derechos humanos. Y en cuanto a "poner de acuerdo", "lograr consenso", y "alejarse de intereses partidistas o electorales", habría tanto que decir sobre lo que Samper no hizo, que sólo me cabe en este artículo soltar con cierta resignada cólera: caray, señor ex presidente...
Es por todo esto que a los ex presidentes de Colombia les debería estar vedado, si no por el pudor de que carecen ellos mismos por una rechifla universal de los demás, hablar de los problemas de Colombia.

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