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Opinión

  • | 2014/12/26 09:00

    ¡Rescatemos los niños de la violencia!

    No podemos hablar de paz cuando millones de niños: padecen hambre, son víctima de abusos sexuales, trabajos forzados en sus hogares, grupos guerrilleros y paramilitares.

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Son los hijos de las madres: de la guerra, de los paramilitares, y las Bacrím; pero, también hijos de la indiferencia concebidos sin amor y cariño, o nacidos en medio de las balas, donde el llanto, y el hambre son los símbolos de su cuna; el dolor y la miseria se convierten en su tragedia diaria. Los que logran sobrevivir, reflejan en su rostro el horror y la angustia de una tragedia de la cual no son responsables, pero que si tiene muchos protagonistas que negocian con su drama, o los convierten en causa política para captar votos.

Miles de estos niños finalmente mueren ante la indiferencia del Estado, que para evitar semejante vergüenza, prefiere ocultar estas atrocidades, que están latentes en nuestra sociedad, lacerando con angustia todos los estratos que muchas veces quieren colaborar adoptando uno de ellos, pero, la tramitomanía de las entidades oficiales les hace imposible cumplir con este deseo.    

La sociedad colombiana no puede seguir inerme ante tanta infamia con los niños, que cuando no son secuestrados por grupos subversivos y paramilitares, es en sus propios hogares donde reciben la maldición de su propia existencia. Miles de ellos son sometidos a trabajos tan crueles e inhumanos por sus propios padres y hermanos, que finalmente se entregan a los grupos subversivos anhelando equivocadamente un mejor futuro. 

Se conocen casos tan aberrantes de niños menores de 10 años, que son vendidos a proxenetas, que, escudados en fundaciones benefactoras, les ofrecen un mejor  bienestar, para finalmente  convertirlos en mercancía de vagabundos y degenerados, que pululan por todo el país y del exterior, con promesas falsas de empleo y educación.

Pero la principal ignominia la están viviendo los hijos de la guerra con los grupos subversivos, especialmente de las FARC, donde se calcula que son más de 2.000 niños los  que están sometidos a todo tipo de trabajos forzados, bajo el engaño y la mentira de formarlos como ciudadanos de bien para brindarles un mejor futuro.  

Debemos unirnos para pedir a los negociadores del Gobierno, que antes del 31 de marzo del 2015 sean liberados todos los menores de 18 años que se encuentran en las filas de las FARC, es imposible que los diálogos continúen, mientras se estén cometiendo toda clase de arbitrariedad con menores de edad. 

Esperamos que el doctor Humberto de la Calle Lambona, jefe negociador por parte del Gobierno, interprete este mensaje y le sea transmito a sus similares de las FARC, para que acepten esta súplica y la tomen como un gesto más de paz, que el pueblo colombiano sabrá agradecer como una nueva disposición de reconciliación entre todos los colombianos.

Pero es apenas elemental llamar la atención de la Iglesia Católica, entre otras organizaciones como: El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y la Cruz Roja Internacional, para que fijen su posición frete a tan delicado tema, puesto que están en obligación moral y pastoral de pronunciarse,- si en algunas ocasiones lo ha hecho, esperamos que en esta oportunidad con el respaldo de los medios de comunicación actúen en forma decidida-, puesto que según los mensajes que nos están llegando, es muy posible que la comunidad internacional tome cartas en el asunto.

Todos los exsecuestrados de las FARC, tienen mensajes desgarradores de niños, - a veces menores de 10 años-, que un día fueron reclutados por los grupos guerrilleros o para peor desgracia entregados por sus propios padres y familiares simplemente con el argumento de no tener con que educarlos y sostenerlos.

Sobre la presencia de los niños en las filas de las FARC, hay relatos inhumanos y desgarradores: cuando son vencidos por los trabajos forzados que les imponen para su corta edad, los comandantes se inventan la estúpida disculpa que son infiltrados, les siguen consejo de guerra que siempre termina en fusilamiento, el cual debe ser ejecutado por uno de sus compañeros, previamente los ponen a cavar su propia fosa y finalmente les dan varios tiros por la espalda.

Pero antes del consejo de guerra y el fusilamiento, son sometidos a denigrantes castigos, uno de ellos consiste en abrir trincheras o cargar para los campamentos hasta cien viajes de leña al día, so pena de ser amarrados por semanas a la intemperie con una mínima y asquerosa ración diaria. 

Se presentó el caso de dos adolescentes menores de 18 años, que sostenían un noviazgo y fueron reclutados en su mismo pueblo, cuando llegaron al campamento donde fueron asignados, el comandante se enamoró de la niña, y como no quiso acceder a sus amoríos y traicionar a su novio, fue sometida por infiltrada a consejo de guerra, y a quién designaron para ejecutar el fusilamiento fue a su propio compañero, quién al negarse a hacerlo fue cruelmente torturado y finalmente fusilado junto con su novia en la misma fosa común.

¡Qué navidad tan triste y fatal para millones de niños en Colombia!, nos inclinamos reverentes ante la tumba de la exsenadora Gilma Jimenez, para rendirle un tributo de admiración y reconocimiento por la noble causa de haber querido como legisladora, rescatar a los niños de tanta ignominia, violencia e infamia.

Su obra en parte pretende ser rescatada por el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, para convertirla en ley de la República con el fin de penalizar con cárcel perpetua a los violadores de niños, esperamos lo haga con seriedad y profesionalismo, sin ir a mancillar su memoria, ni utilizar tan noble causa con fines politiqueros.

El tema del matoneo en escuelas y colegios como consecuencia de la misma violencia juvenil ya prácticamente tiene acorralada a la sociedad, los educadores no hayan que hacer con semejante problema, son cientos los profesores que están siendo victimizados por sus propios alumnos.    
¡Qué encrucijada sin salida, pero indudablemente hay que buscarle solución!   

urielos@telmex.net.co
urielos@hotmail.es
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