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Opinión

  • | 2017/09/12 20:52

    Transformar vidas desde aulas, laboratorios y talleres

    Mirar hacia atrás implica hacer una reflexión que nos permita una nueva perspectiva de los hechos. Aprendiendo del pasado se mira mejor hacia el futuro. Por eso, cando ya pasaron las conmemoraciones de los 50 años de la Universidad Autónoma del Caribe, conviene tomar las enseñanzas que dejó el balance que hicimos de cinco décadas formando a las clases populares del Caribe colombiano

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¿Qué es lo que aprendimos en estos meses en los que conmemoramos las Bodas de Oro de la institución? Varias cosas, entre las que podemos destacar el hecho de ser un ejemplo de resiliencia para el país. La Autónoma puede enseñar cómo sobreponerse a las adversidades no solo para sobrevivir, sino para salir fortalecida y con nuevos y duraderos bríos.
 
Esa afirmación no se sustenta en una percepción subjetiva, sino en los indicadores del Ministerio de Educación, Colciencias y rankings internacionales como QS, Globometrics y GreenMetrix, que terminan de refrendar el hecho de que los cincuenta años toman a la institución en su mejor momento, alegre, luminosa, futurista, vibrando en academia, focalizada 100 por ciento en lo misional: la docencia de excelencia, la investigación rigurosa, la extensión que nos proyecta socialmente y la internacionalización que sintoniza a nuestros docentes y estudiantes con el estado del arte en el mundo.
 
Más de 12.000 estudiantes y casi 50.000 egresados representan un patrimonio de credibilidad y orgullo con los cuales existe un compromiso de honor que nos impulsa a seguir en el camino de la búsqueda de la excelencia.
 
Pero más allá de lo misional, también hay una vocación inquebrantable de contribuir con los procesos que vive el país: nada más ni nada menos que la construcción de la paz. Es por esto que las iniciativas que hemos concebido e implementado hace cuatro años para que toda nuestra comunidad académica entienda y asuma un rol proactivo en la construcción de una cultura de paz, nos dan motivos para sentirnos orgullosos, no solo por la certeza de saber que estamos haciendo academia de calidad, sino por la oportunidad de vivir e implementar acciones concretas en este importante momento en la historia del país, en el que ya somos parte activa.
 
Sin duda la Universidad Autónoma del Caribe es una de las instituciones de educación superior más queridas y con mayor arraigo en la región Caribe, cuyos logros académicos e impactos sociales la hacen un símbolo de la pujanza y el esfuerzo de quienes nacimos y habitamos en esta hermosa, alegre y promisoria zona del país. Además, nuestra vocación social la reafirmamos con el hecho de que la universidad invierte anualmente de sus recursos propios más de 6.000 millones de pesos en becas para estudiantes de bajos ingresos por mérito académico, deportivo o artístico. 
 
Los frutos de ese trabajo que los docentes e investigadores hacen cada día desde las aulas, talleres y laboratorios, hablan por sí solos: la categorización de nuestros grupos de investigación ha crecido en los últimos cuatro años en un 300 por ciento; nuestras publicaciones en las categorías ISIS/SCOPUS pasaron de 5 en 2013 a 157 en 2016, mostrando un incremento del 2.480 por ciento en nuestra producción científica. Hemos potenciado la calidad de la formación de nuestros profesores: el número de profesores con doctorado ha crecido en este periodo en un 165 por ciento y 85 por ciento aquellos con maestría.
Nuestra innovación científica y desarrollo tecnológico se evidencia en 11 tecnologías en proceso de aprobación para patentes, 5 registros de software, 42 proyectos financiados por recursos externos y 101 proyectos financiados con recursos internos. 
Todo eso es resultado de un redireccionamiento estratégico que gestó esta comunidad hace cuatro años, materializados en un nuevo PEI y soportado en valores y principios como el liderazgo, la autonomía, la equidad, la diversidad, la tolerancia, la perseverancia, la conciencia ambiental, la empatía y la solidaridad.
 
Escribir todos estos logros no es igual a verlos, palparlos. La academia y la investigación cobran sentido cuando un grupo de estudiantes junto a su profesor desarrollaron este año un brazo biomecánico que le cambió la vida a un joven barranquillero que perdió su extremidad en un accidente.
 
Eso es lo que le da sentido a nuestra labor de formación y entrega total a transformar vidas. Eso justifica cada esfuerzo que hace la familia Uniautónoma.

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