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Opinión

  • | 2006/04/29 00:00

    Una sociedad hipócrita

    El lector Óscar Fernando Sevillano buscó varios ejemplos que demuestran que una cosa es lo que dicen los colombianos y otra la que hacen.

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Vivimos en medio de una sociedad hipócrita, que no es coherente con lo que dice anhelar, pensar o sentir. Analicemos algunos casos:

1. A todo el que se le pregunta por el tipo de modelo que le gustaría que los candidatos a la presidencia propusieran para Colombia, responde: un modelo donde haya una sociedad más justa, donde haya menos impuestos, más trabajo, más educación, donde se le dé un mejor salario a la población con menos recursos. Pero si esto fuera cierto, Horacio Serpa habría ganado las elecciones presidenciales en su primera candidatura, Carlos Gaviria iría punteando en las encuestas de preferencias electorales a la presidencia y el Polo Democrático sería mayoría en el Congreso de la República.

2. Todos o por lo menos la mayoría de los colombianos, incluidos los que han sido y los que son gobernantes, pensamos y decimos que no importa el color, que todos tenemos los mismos derechos y las mismas oportunidades. Pero hasta el momento no ha habido ministro, director de entidad descentralizada, General de las Fuerzas Armadas, Presidente de la República, obispo, cardenal, o arzobispo, de raza negra o indígena. Lo máximo a lo que ha llegado la raza negra en Colombia es a la Cámara de Representante, deportistas de talla internacional, y reina nacional de la belleza, esta última gracias a la presión de los medios de comunicación para que Raimundo Angulo, presidente del Reinado, demostrara que no había racismo en el concurso y la máxima representación de los indígenas ha sido en el Senado por no decir, la única.

3. Todos los partidos políticos de este país dicen que hay que darles oportunidad a las nuevas generaciones. Si esto fuera cierto el Polo Democrático no le hubiera coqueteado a María Emma Mejía para que encabezara la lista al Senado. Si desde un comienzo le hubiese dado la oportunidad a sus figuras propias, a quienes han sido militantes desde su misma fundación se hubiera evitado un desgaste innecesario proponiendo a alguien que desde las elecciones de 1998 ha estado en distintas toldas políticas y quien resultó apoyando el referéndum de Álvaro Uribe, proyecto al cual el Polo se opuso.

4. Si se le pregunta a las familias de este país qué tipo de programación prefieren, todas, sin excepción, dirán que una programación cultural. Lo cierto es que a la hora de ver televisión todos están pendientes de la hora en que comienza la novela. Me pregunto si las novelas tienen algo de cultural.

5. Todos nos quejamos de la conducta de nuestros dirigentes (corrupción, clientelismo, politiquería, etc.) pero si piden reelección los volvemos a elegir. Para la muestra no más miremos a quién eligieron como Alcalde los cartageneros y a quién se quiere reelegir para la primera magistratura del país.

6. Horacio Serpa, que dice a voz en cuello que el Partido Liberal necesita renovarse para que las nuevas generaciones tomen sus riendas, si la cosa fuera así, dejaría que otro personaje de su misma casa asuma la dirección total del partido y renunciaría a toda aspiración a la Presidencia dejando de creer que es el Mesías del oficialismo liberal.

Por esto, cada vez que escucho hablar a alguien me pregunto si será cierto lo que está diciendo o si serán no más palabras que se las lleva el viento, pues como ya dije, vivimos en medio de una sociedad hipócrita.
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