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Opinión

  • | 2015/01/15 02:00

    Uribe y Cepeda, ¿quién le teme a quién?

    Tantas preguntas y tan pocas respuestas en el debate del senador Cepeda. Refutaciones, necias unas, las otras con argucias jurídicas y el sesgo implícito cuando de encubrir o perseguir se trata. Ahora van por su investidura.

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Ahora cuando se habla de la posibilidad de que Uribe y Cepeda se dispongan a marchar al compás… mar, juntos y revueltos quizá, en la manifestación por la vida propuesta por Antanas Mockus, me llegó a la memoria el famoso debate que, apenas iniciado, llevó al primero, y como toda respuesta por las acusaciones que le hizo sobre eventuales vínculos suyos con el narcotráfico y el paramilitarismo, a desplazarse hasta la Corte Suprema de Justicia a reiterar sus sindicaciones contra el segundo. Y también me vino el recuerdo fresco del riesgo que corre el senador Cepeda de perder su investidura por tamaña osadía.     

Y es que me quedé pensando: ¿El senador Iván Cepeda arriesga a perder su curul al haber incurrido en una “falta de incompatibilidad" por adelantar un debate de control político contra el senador Álvaro Uribe Vélez denunciando sus presuntos vínculos con el narcotráfico y el paramilitarismo? Y entonces me dije: Esa presunción de la cual todo el mundo habla y todo el mundo conoce, ¿les está vedada únicamente a sus colegas del Congreso que quieran expresarla desde los micrófonos de su curul? Puede publicarla un periodista, o sugerirla el editorial de un diario, o examinarla algún columnista, o controvertirla en mesas de café quien quiera, ¿pero jamás un senador en el “sagrado recinto de la democracia”? Y el senador, ¿por qué no? ¿Porque lo hace en el marco de lo que se llama “debate de control político”? ¿Acaso el tema no es político y la atmósfera del Congreso el escenario de las voces políticas que se quieran expresar allí con libertad e inmunidad plenamente garantizadas por la Constitución?

¡Ah, carachas!

Cuántas preguntas y tan pocas respuestas. Refutaciones necias unas, las otras con argucias jurídicas y el sesgo implícito cuando de encubrir o perseguir se trata.

Porque tenía previamente un impedimento por una denuncia por injuria y calumnia instaurada por el sujeto del debate, dicen unos. ¿No será simplemente que del senador y expresidente hay ciertas cosas que no se pueden mencionar a riesgo de que se venga abajo la maltrecha estantería de la “concordia nacional”? ¿O que la ira vocinglera nos asuste hasta el punto de más bien dejar las cosas así?

Pruebas de lo intocable del asunto, seguramente originado por el miedo, o por la filosofía del todo vale y los atajos, son las precavidas constancias presentadas por sus colegas del Centro Democrático de la Comisión Segunda del Senado que advertían que en tal debate el senador Cepeda no podía nombrar directamente al doctor Uribe Vélez, ni intentar hacer referencia a unos hechos específicos que lo pudieran perjudicar.

Es decir, haga el debate, sí, senador Cepeda, pero ¡chis!, no se atreva a nombrar al doctor Uribe o sus presuntos nexos con el narcotráfico y el paramilitarismo, so pena de…

… el mismo día del debate, mejor aún, apenas comenzado, el senador Uribe Vélez se levantó de su curul y raudo se desplazó hasta la Corte Suprema de Justicia para reiterar la acusación en contra de Cepeda Castro por la supuesta compra de testigos en las investigaciones que ha venido adelantando sobre él.    

Y de pronto también, y en medio de una especie de grotesco remedo de “todos a una como en Fuenteovejuna”, y como por arte de birlibirloque, el senador del Polo se topa ya no con uno sino con tres procesos disciplinarios incoados por la celebérrima Procuraduría General de la Nación. El primero, viejo y manido, proveniente de hipotéticos correos electrónicos vertidos desde el computador de Raúl Reyes que lo comprometían con la guerrilla de las FARC-EP; el segundo, producto de la denuncia de Uribe señalándolo de haber abusado de su condición de congresista para arrancarles a ciertos paramilitares presos declaraciones en contra suya, y el tercero, que aflora muy convenientemente pocos días después del paradebate, dizque por haber violado la Constitución al promover un debate contra un senador colega suyo.   

Y como si estas arremetidas de la “pronta y cumplida justicia” no fueran suficientes, habría que despojársele de su investidura parlamentaria por lo que, sin demora, la Sección Segunda del Consejo de Estado aceptó estudiar una demanda en tal sentido presentada por Fernando Alameda, presidente del uribista Centro de Pensamiento Primero Colombia.  

Según El Espectador del 19 de diciembre pasado, “el despacho del magistrado Alfonso Vargas Rincón ordenó la práctica de pruebas documentales y testimoniales en este caso y ofició a la mesa directiva del Senado para certificar su calidad de congresista, así como a la Secretaria de la Corte Suprema de Justicia, para verificar investigaciones en su contra. Sin embargo, se negó la práctica de la recolección de las declaraciones del senador del Partido Liberal, Luis Fernando Velasco y del representante a la Cámara por el Polo Democrático, Germán Navas Talero”.

Al que quiera más, que le piquen caña. Y ojo, pues, con lo que dice. ¡Chis!, señor senador, usted no sabe con quién se está metiendo.

La democracia, por lo que vemos, todavía no llega al Congreso, continúa en las calles desconcertada, sin voz y sin esperanzas.

Mala cosa para un país que merece mejor suerte.    

guribe3@gmail.com
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