Antonio Sanguino, el ministro de Trabajo, vio por última vez a su hermano, Juan Antonio Sanguino, en la Semana Santa de 1986 en Bogotá, antes de que el ELN lo sometiera a un “juicio revolucionario”. Han pasado 40 años y no se han localizado sus restos.

El alto funcionario del Gobierno Petro remitió una carta a los principales cabecillas de la guerrilla para que den una respuesta sobre los hechos. Las versiones que ha recogido dan cuenta de que el crimen de su hermano habría contado con el visto bueno del comando central del grupo armado ilegal.
En entrevista con SEMANA, Antonio Sanguino contó detalles de la lucha que ha llevado junto a su familia durante cuatro décadas para hallar el cuerpo de su hermano.
Él guarda esperanza, y la fortaleció cuando Medicina Legal y la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas encontraron los restos de Camilo Torres.

SEMANA: ¿Por qué toma la decisión de enviarle la carta abierta a la guerrilla del ELN?
Antonio Sanguino (A. S.): Porque hay un hecho que ya es de conocimiento público, y tiene que ver con la desaparición y muerte, por la información que yo he podido recabar en todos estos años, de mi hermano, Juan Antonio Sanguino, en manos de esta organización guerrillera.
SEMANA: ¿Qué información tiene sobre la muerte de su hermano?
A. S.: Mi hermano militaba en el ELN. Él había sido elegido para una estancia de dirección en la estructura del ELN en Bogotá en el año 1986. Después de ello, él fue enviado a un entrenamiento en un frente guerrillero en el sur del Cesar. Él fue sometido a un juicio, y en ese juicio lo condenan como supuesto infiltrado de las Fuerzas Militares. La condena fue la pena de muerte. Él fue asesinado, según las versiones que pude recoger después de enterarme de su desaparición. Incluso, quien me entrega las primeras informaciones, es el propio ELN.
SEMANA: Usted les envió la carta a los principales cabecillas del ELN (Antonio García, Nicolás Rodríguez —alias Gabino— y Pablo Beltrán), ¿cree que ellos tienen conocimiento de lo ocurrido?
A. S.: Estoy absolutamente seguro, porque la persona que me dio la información dos años después (del hecho), en el mes de octubre, me informa que este caso fue de conocimiento del comando central del ELN. Estos tres dirigentes del ELN, desde aquel entonces, hacían parte del comando central. Así que estoy seguro de que ellos tienen conocimiento.

SEMANA: Varios gobiernos han intentado negociar la paz con el ELN. Usted ha sido un líder destacado. En el marco de esos diálogos de paz y su posición política, ¿usted ha planteado la desaparición de su hermano?
A. S.: Yo he conversado en todo este tiempo con personas que han ejercido algún cargo de voceros. Yo he conversado, por ejemplo, en su momento con Francisco Galán, con Felipe Torres. Pero no es un asunto que yo haya querido que vaya al escenario oficial de conversaciones. Yo me motivé últimamente para poner este caso en virtud de la aparición de los restos del padre Camilo Torres. Me dije: si los restos del padre Camilo, que estaban desaparecidos desde hace 60 años, aparecieron con un trabajo, digamos, extraordinario, y el reconocimiento de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, yo creo que también es la hora de solicitar que los restos de mi hermano aparezcan, porque es una deuda que hay que saldar con mi familia; yo debo saldarla con mi familia.
SEMANA: ¿Por qué se conoce hasta ahora, públicamente, la situación?
A. S.: Yo también me cuidé por una decisión personal de no querer convertir el caso de mi hermano en un asunto político, en una causa política. Quizás por eso no quise poner este tema como en el centro de un debate en las mesas de negociación o en las mesas de diálogo que se han instalado o que se han abierto con el ELN todo este tiempo.
SEMANA: ¿Usted mantiene la esperanza de encontrar los restos de su hermano?
A. S.: Totalmente. Si el ELN tiene vocación de paz y quiere un proyecto de reconciliación para el país, que pueden ser aparentemente gestos pequeños, tienen una enorme potencia para construir confianza, para resarcir el daño que se ha hecho en medio de la confrontación militar.

