El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) informó, el 9 de julio de 2026, a la ciudadanía, las autoridades territoriales, los sectores productivos y las entidades del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres que las condiciones de El Niño continúan consolidándose en el océano Pacífico tropical.
Esto, de acuerdo con el monitoreo permanente realizado por el Ideam y los análisis emitidos por los principales centros internacionales de predicción climática, entre ellos la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA).


Así las cosas, el Ideam indicó que existe una probabilidad del 81 % de que el fenómeno alcance una intensidad “muy fuerte” durante el periodo comprendido entre octubre y diciembre de 2026, lo que lo ubicaría potencialmente entre los eventos de El Niño de mayor magnitud observados desde 1950.
El informe del Centro de Predicción Climática (CPC) de la NOAA confirma que el sistema océano-atmósfera mantiene características consistentes con un evento de El Niño en desarrollo y fortalecimiento, respaldadas por anomalías positivas de la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial central y oriental, un elevado contenido de calor subsuperficial y una respuesta atmosférica cada vez más acoplada al calentamiento oceánico.
Los modelos dinámicos y estadísticos de predicción climática coinciden en proyectar la persistencia del fenómeno durante el segundo semestre de 2026, con probabilidades superiores al 97 % de que las condiciones se mantengan hasta inicios del año 2027. De igual manera, los escenarios probabilísticos indican una probabilidad cercana al 81 % de que las anomalías de temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 superen el umbral de 2,0 °C, lo que ubicaría al evento dentro de la categoría de intensidad muy fuerte entre los meses de septiembre de 2026 y enero de 2027.
Durante los últimos meses se ha observado una aceleración significativa del calentamiento en el Pacífico ecuatorial, reflejada en el incremento sostenido de las anomalías térmicas superficiales y subsuperficiales. Esta evolución ha estado acompañada por anomalías de viento del oeste en niveles bajos, índices de Oscilación del Sur negativos y patrones de convección atmosférica característicos de un evento de El Niño en fortalecimiento, lo que evidencia una interacción cada vez más robusta entre el océano y la atmósfera tropical.
La evolución observada desde comienzos de año muestra una transición rápida desde condiciones neutrales hacia un escenario plenamente asociado al fenómeno de El Niño. En consecuencia, los principales centros internacionales de monitoreo climático, entre ellos la NOAA, el Instituto Internacional de Investigación para el Clima y la Sociedad (IRI), la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Ideam, mantienen un alto nivel de confianza en la continuidad e intensificación del evento durante los próximos meses.
Este escenario requiere un seguimiento permanente de las condiciones hidrometeorológicas de Colombia, así como el fortalecimiento de las acciones de preparación y gestión del riesgo por parte de las autoridades nacionales y territoriales, debido a que un evento de El Niño de intensidad fuerte o muy fuerte puede generar alteraciones significativas en los patrones de precipitación, incrementos de temperatura del aire, reducción de caudales en algunas regiones y una mayor probabilidad de ocurrencia de incendios de la cobertura vegetal en distintos sectores del territorio nacional.
Los análisis técnicos realizados por el Ideam indican que, de mantenerse la evolución prevista por los modelos climáticos internacionales, podrían registrarse incrementos de la temperatura del aire por encima de los valores climatológicos normales en diferentes regiones del país (principalmente, la Pacífica, la Andina y la Caribe), así como una reducción significativa de las precipitaciones. Estas condiciones favorecen una mayor evapotranspiración, incrementan la demanda hídrica de los ecosistemas y los sectores productivos, y pueden contribuir al desarrollo de episodios de estrés hídrico, especialmente en zonas con alta vulnerabilidad o con antecedentes de déficit de precipitación.
Asimismo, la disminución de las lluvias y el aumento de las temperaturas podrían generar una reducción progresiva en los caudales de ríos y quebradas, menores niveles en embalses y reservorios, afectaciones en la disponibilidad del recurso hídrico para consumo humano, actividades agropecuarias, generación hidroeléctrica y sostenimiento de ecosistemas estratégicos. Estas condiciones también pueden incrementar la probabilidad de ocurrencia de incendios de cobertura vegetal, deterioro de la calidad del aire en algunas regiones y afectaciones sobre la productividad agrícola y pecuaria.
Ante este panorama, el Ideam recomendó a las autoridades nacionales, regionales y locales fortalecer las acciones de seguimiento hidrometeorológico, revisar y actualizar los planes de contingencia para la gestión del recurso hídrico, promover medidas de ahorro y uso eficiente del agua, implementar estrategias preventivas frente a incendios de cobertura vegetal y mantener activos los mecanismos de monitoreo y alerta temprana.
El Niño y las altas temperaturas aumentan la frecuencia de las olas de calor y podrían afectar la salud humana al generar deshidratación (especialmente en niños y adultos mayores) e insolación; favorecer la reproducción de mosquitos y la transmisión de enfermedades como el dengue, el zika y el chikunguña; elevar la incidencia de enfermedades respiratorias por los incendios y el deterioro del aire, y aumentar el riesgo de brotes por escasez o contaminación del agua.
Casas de blanco
Bajo este escenario, diversos expertos han sugerido pintar las casas de blanco. ¿Por qué? Porque el color blanco refleja la radiación solar en lugar de absorberla, lo que reduce de manera considerable la temperatura interior de las edificaciones.
En 2024, un estudio británico confirmó la efectividad de la medida. Pintar los edificios de blanco contribuye a combatir el calor en las ciudades, un remedio conocido en el Mediterráneo desde hace siglos, por ejemplo en Santorini (Grecia), y que ahora podría empezar a aplicarse en ciudades como Londres, según el estudio publicado este jueves.

La temperatura en una gran ciudad como Londres, se informó entonces, podría reducirse hasta 2 ºC si el uso del color blanco o de materiales reflectantes se generalizara, según el estudio publicado en Geophysical Research Letters.
Los tejados pintados de blanco son mejores que los que utilizan vegetación, una moda arquitectónica que se ha generalizado en las ciudades, o que los paneles solares, de acuerdo con la investigación. “Si se generalizaran en todo Londres”, esos tejados “podrían reducir la temperatura exterior en la ciudad en una media de 1,2 ºC e incluso en 2 ºC en algunos lugares”, según este estudio, elaborado por científicos del University College de Londres (UCL).
Los paneles solares y la vegetalización solo permiten reducir la temperatura en 0,3 °C, en promedio. El aire acondicionado, al transferir al exterior el aire caliente del interior de los edificios, calentaría la ciudad en 0,15 °C si se generalizara ante la amenaza del cambio climático.
En el centro de Londres, la situación podría empeorar hasta 1 °C, causando verdaderas “islas de calor”, advierte el estudio.
En los países de la cuenca mediterránea, encalar o pintar completamente de blanco las casas, desde la azotea hasta la fachada, es un método secular para combatir el calor.
Otro estudio, realizado en un barrio de Singapur, constató que al pintar totalmente de blanco tejados, fachadas y calzadas, la temperatura podía bajar hasta en 2 ºC en la tarde, y que el confort térmico de los peatones mejoraba en hasta 1,5 ºC.
Ello se debe al efecto albedo, es decir, a que, cuanto más clara es una superficie, más luz rebota y, con ello, disminuye el calor, aunque aumenta notablemente el deslumbramiento.
