La actual temporada seca y de incendios en Colombia ocurre en medio de condiciones climáticas atípicas, con menores precipitaciones, mayores temperaturas y vientos en regiones como el valle del río Magdalena-Cauca y el Caribe colombiano. Este escenario aumenta el estrés de los ecosistemas y favorece la ocurrencia y propagación del fuego.

“Estamos en medio de lo que se ha denominado un Niño de alta severidad. Nuestros ecosistemas, nuestros suelos, llegan en situación de estrés por la menor lluvia”, explica Hernando García, director del Instituto Humboldt.
Según la entidad, la afectación de los incendios no depende únicamente del número de eventos, sino también de su frecuencia, extensión e intensidad. En condiciones de sequía, las llamas pueden alcanzar mayores superficies y generar impactos más profundos sobre la vegetación y los suelos.

El bosque seco tropical concentra actualmente la mayor afectación por incendios, especialmente en los valles interandinos de la cuenca Cauca-Magdalena. Se trata de uno de los ecosistemas más amenazados del país: más del 92 % de su cobertura original se ha perdido.
“Los incendios están ocurriendo en territorios que tienen remanentes de bosque seco. Pero también se están dando en paisajes con una matriz productiva, ganadera o agrícola. Es muy importante trabajar con quienes habitan y gobiernan esos territorios, comunidades, empresas, entre otros, para poder pensar cómo vamos a responder de manera resiliente a estos tipos de situaciones sobre estos paisajes frente a cada vez más frecuentes eventos climáticos extremos”, señala García.
El 99 % de los eventos de fuego en Colombia está relacionado con causas humanas, según información analizada por el Humboldt. Solo en Tolima, cerca de 30.000 hectáreas han sido afectadas.

El impacto continúa después de apagar las llamas. Los incendios pueden provocar pérdida de hábitat, afectar la conectividad de los bosques y reducir la capacidad de los suelos para absorber agua.
La recuperación, advierte el Instituto, no siempre requiere sembrar. Primero debe determinarse qué sobrevivió y si existe capacidad de regeneración natural. En algunos casos, aislar el área y controlar factores como el ganado puede ser suficiente para permitir su recuperación.
