El denominado Stratos Project, aprobado recientemente en Utah, contempla la construcción de un gigantesco campus tecnológico de aproximadamente 40.000 acres (más de 160 kilómetros cuadrados), una extensión superior a dos veces el tamaño de Manhattan y que podría convertirse en uno de los complejos de centros de datos más grandes del planeta.

La iniciativa es impulsada por el empresario Kevin O’Leary, conocido por su participación en el programa de negocios Shark Tank, y busca convertir a Utah en un centro estratégico para la inteligencia artificial.
Según sus promotores, el desarrollo incluirá centros de datos, generación energética propia, infraestructura tecnológica, espacios comerciales, hoteles y zonas de innovación capaces de atraer inversiones multimillonarias y crear miles de empleos en la región.
Sin embargo, el tamaño del proyecto es precisamente lo que ha encendido las alarmas. Cuando alcance su máxima capacidad, podría requerir hasta 9 gigavatios de energía (unidad de potencia eléctrica que equivale a mil millones de vatios), una cifra cercana al doble de la demanda máxima actual de todo el estado de Utah.
Las advertencias que preocupan a científicos y ambientalistas
Las críticas se han concentrado principalmente en los posibles efectos ambientales. Investigadores y organizaciones especializadas advierten que una instalación de semejante magnitud podría incrementar significativamente las emisiones contaminantes, afectar ecosistemas cercanos y generar una enorme isla de calor en una región desértica ya golpeada por la sequía.
Uno de los estudios citados durante el debate estima que el calor generado por el complejo y su infraestructura energética podría alterar la temperatura del valle de Hansel, donde se ubicaría el proyecto. Incluso algunos expertos han advertido que el impacto térmico podría modificar condiciones ambientales en un área cercana al Gran Lago Salado, un ecosistema que desde hace años enfrenta una reducción sostenida de sus niveles de agua.


La preocupación también gira en torno al recurso hídrico. Aunque los promotores afirman que utilizarán sistemas cerrados para reciclar agua y que no afectarán el consumo humano ni agrícola, organizaciones ambientales han pedido estudios independientes para determinar el verdadero impacto de una instalación de estas dimensiones en una de las regiones más secas del oeste estadounidense.
Pese a que opositores dan a conocer sus opiniones y cuestionan la rapidez con que avanzó el proyecto, el Stratos Project sigue adelante. Para sus defensores representa una oportunidad histórica para consolidar el liderazgo estadounidense en inteligencia artificial y computación avanzada; para sus críticos, en cambio, es un experimento tecnológico de dimensiones sin precedentes cuyas consecuencias ambientales aún están lejos de conocerse con certeza.
