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| 9/2/2017 10:15:00 PM

La Reconquista española no fue como la pintaron

Así lo muestra una exposición del Museo Nacional que trae nuevas miradas sobre un suceso que ocurrió hace 200 años y marcó el nacimiento de la república: la restauración de la Nueva Granada. Allí aparece que Pablo Morillo no era tan temido verdugo.

La independen-cia y la Restauración han sido estudiadas a fondo por los historiadores, entre otras razones, porque arrojan luces sobre las raíces de antiguas discusiones, como la disyuntiva entre centralismo y federalismo. Dos siglos atrás, diferentes facciones de la sociedad discutían el modelo de república que debían construir, un debate inacabado. Algo similar sucede con otro tema que se tocaba por esa época: el ordenamiento y la representación territorial, tampoco resueltos en los debates políticos de hoy.

La mirada al pasado para interpretar el presente es uno de los pilares de los museos modernos. Esta vez, el Museo Nacional le trae al público una visión diferente del bicentenario. Dos siglos atrás se presentaba lo que en muchos manuales escolares llaman como la etapa de Reconquista. En 1814, Fernando VII retomó el poder tras la derrota de Napoleón en la península, y, en aras de restaurar la monarquía absoluta, envió a Pablo Morillo a pacificar Venezuela y la Nueva Granada. La historia oficial califica ese periodo, entre 1815 y 1819, como uno de los más sangrientos. Tanto, que Morillo pasó a la historia como el verdugo conquistador.

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De aceptar a rajatabla la historia narrada en los manuales de colegio, las otras miradas quedarían en el olvido. Por esa y otras razones, Daniel Castro, director del Museo Nacional, impulsó la exposición El Reino frente al rey: reconquista, pacificación y restauración de Nueva Granada (1815-1819), abierta hasta el próximo 29 de octubre. A Castro le llamó la atención la mirada que propone el reconocido historiador Daniel Gutiérrez Ardila sobre el periodo de la Reconquista. Por eso lo invitó a ser curador de la exposición: “Él logra dar nuevas luces sobre un periodo central en la historia que, como bien lo entendió, necesitaba ser revisado”.

Gutiérrez Ardila, profesor del Externado y doctor en historia de la Universidad de París, publicó en 2016 un extenso estudio sobre “la restauración en la Nueva Granada”. En el documento, base de la exposición, el investigador explora el mito de la Reconquista, cómo surge y qué inconsistencias presenta. Concluye, entre otras cosas, que sin los relatos sangrientos que construyeron políticos e historiadores del siglo XIX, la historia heroica de Simón Bolívar perdería peso. No obstante, tampoco se trata de negar las ejecuciones y los mecanismos de terror que utilizó Morillo en algunas regiones del país.

Los antecedentes de la batalla de Boyacá resultan claves para comprender la mirada de Gutiérrez Ardila. El historiador comienza por rebatir la idea de que hace dos siglos se gestó una batalla entre criollos y españoles. “Eso tiene mucho de falso. La mayoría de los integrantes del Ejército pacificador eran criollos”, dice. Segunda hipótesis: Morillo y sus secuaces cometieron masacres sin precedentes. El profesor Gutiérrez Ardila responde: “¿Mataron mucha gente? Sí, bastante, ajusticiaron entre 200 y 250 personas. Sin embargo, aquí no había verdugos. De hecho en algunas provincias no hubo gobierno militar ni cadalsos, como en Chocó, Antioquia y Quito”.

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Para darle un lugar a nuevas miradas a través del arte, Gutiérrez utiliza archivos de la época, pinturas y algunas fotos del conflicto que se desencadenaría décadas después. “Toda esta exposición es posible por el uso juicioso de la arqueología, la etnografía y la historiografía”, dice Daniel Castro. “Incluso, en esta exposición contamos con el apoyo de Jesús Abad Colorado, el fotógrafo de nuestra historia reciente”.

La exposición tiene una secuencia de colores. Comienza por el rojo, que representa esa visión violenta y desgarradora de la Reconquista. Después viene el color amarillo, que le da forma a la bandera de España. Aquí aparece la mirada de los neogranadinos que, en lugar de oponerse a la restauración, buscaron la supervivencia al obedecer las órdenes del rey. En la última sección surge el azul, para conformar la bandera de Colombia. En este espacio, el espectador podrá comprender las estrategias que utilizaron los revolucionarios para triunfar, sin dejar atrás la importancia del desencanto del pueblo frente a la pacificación orquestada por Fernando VII.

Además de las nuevas perspectivas sobre ese periodo de la historia de Colombia, la exposición alude al contexto europeo de la época. El regreso de los soberanos tras la aventura napoleónica es crucial. “En Francia y Holanda, por ejemplo, se preservó la herencia revolucionaria y los monarcas impusieron un sistema de moderación”, dice el curador.

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Con esta interpretación coincide Álvaro Pablo Ortiz, docente investigador de la Unidad de Patrimonio Cultural e Histórico de la Universidad del Rosario. En un libro que está preparando, titulado ¿Repúblicas o torres de babel? Mitos y realidades sobre la Reconquista Española 1815-1820, Ortiz se refiere a las inconsistencias del periodo de la Reconquista, como a la imagen “mal construida de Pablo Morillo como pacificador. Si bien hubo episodios de violencia y tensión militar, Morillo vino con intenciones de otorgar indultos y pacificar”.

Por el bicentenario han sido exaltados Francisco José de Caldas, Policarpa Salavarrieta y Camilo Torres, entre otros próceres, que se revelaron ante el realismo. No obstante, otros personajes como José Manuel Restrepo han pasado desapercibidos. La historia de Restrepo, contada por Gutiérrez Ardila, devela la posición ambigua de muchos líderes criollos en la restauración de la Nueva Granada. De 1781, oriundo de Envigado y rodeado de una familia distinguida, Restrepo escaló hasta las esferas más altas de la sociedad, y se desempeñó como redactor de la Constitución de 1812 y diputado del Congreso del Reino. Cuando llegó el comandante Francisco Warleta a Antioquia con el Ejército Pacificador español, la familia Restrepo no corrió peligro por la influencia que mantenía en la región.

El Reino frente al rey tiene la virtud de mostrar otros matices de la historia colombiana, al remitirse a historias personales y regionales. Algunos historiadores, como Ana Catalina Reyes, también han contribuido a controvertir la versión ‘oficial’ de la Reconquista con investigaciones sobre los conflictos locales que se presentaban en esa época y la ausencia de resistencia de una parte de la población de la Nueva Granada frente a la llegada de las tropas peninsulares. Estos esfuerzos pueden ser reconocidos ahora que el bicentenario tiene un lugar protagónico en el Museo Nacional.

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