OPINIÓN

José Miguel Santamaría

Hasta el agua de los floreros

Es que los males son muchos y diferentes.
3 de julio de 2026 a las 10:00 a. m.

Con el triunfo de Abelardo De La Espriella el pasado 21 de junio, Colombia logró bajar del poder al Gobierno progresista de Gustavo Petro. Tema impensable, ya que, generalmente, cuando llegan al poder, logran permanecer en él por décadas.

No fue una tarea fácil. De hecho, tanto Petro como su candidato Iván Cepeda estaban convencidos de que permanecerían en el poder. Utilizaron toda la fuerza y los recursos del Estado para lograrlo. Es más, no solamente utilizaron al Estado, se rumora que también involucraron a grupos ilegales para el plan pistola en regiones apartadas y la compra de votos que se vio reflejada en el fuerte crecimiento de la votación en la Costa Atlántica.

Ningún gobierno en Colombia ha estado ajeno a hechos de corrupción. En todos ha habido episodios graves, pero en el Gobierno de Petro la corrupción batió todos los récords. Es que hay diferentes maneras de robarle al Estado, no solo es cobrar coimas o comisiones por contratos, también se hace cuando se contratan personas no idóneas para los cargos o se licitan obras que no se van a poder hacer. También pasó muchas veces en este Gobierno que se crearon cargos que no se necesitaban, solo con el fin de dar recursos a militantes que después van a ayudar en política.

Existen otros hechos que también causan suspicacias. Es el caso de lo ocurrido en la Dirección de Crédito Público, donde se realizaron operaciones, en diferentes monedas y por montos extraordinarios, que terminaron originando grandísimas comisiones a los intermediarios de monedas y de futuros. La generación de ingresos a entidades vía negocios es una forma de enmermelar y acallar las críticas.

En los últimos días, se conoció una información que señala que las personas que están saliendo de los cargos se están llevando de las oficinas los adornos, los cuadros, los computadores y, como dice el refrán popular, hasta el agua de los floreros. Sin saber si es cierto o no, la realidad es que muchos de estos personajes quieren recuperar en cuatro años lo que no pudieron hacer en 200 años alejados del poder. Son insaciables.

La auditoría forense que planea hacer el Gobierno entrante será muy importante para determinar verdaderamente cuán grande es el desastre que dejaron después de cuatro años de desgobierno. Estoy convencido de que lo que se va a encontrar será muchísimo peor de lo que se piensa.

Es que los males son muchos y diferentes. Van desde el deterioro fiscal del Gobierno, el endeudamiento más alto de la historia, pasando por el crecimiento inusitado de la nómina estatal, que no es fácil de bajar, hasta la creación de infinidad de subsidios y giros directos a personas o por medio de asociaciones como las comunidades indígenas o juntas de acción comunal. Bajarse de esto es prácticamente imposible.

Esperemos que el nuevo presidente tenga coraje y la berraquera de coger los problemas de raíz, y acabe con tanta vagabundería. Muchas de las medidas que tendrá que tomar serán antipáticas y dolorosas, pero necesarias.