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| 6/14/2008 12:00:00 AM

El segundo a bordo

A cinco meses de las elecciones, Barack Obama y John McCain analizan una decisión delicada: quién será su candidato a vicepresidente

Cuando ha quedado claro que el demócrata Barack Obama y el republicano John McCain se disputarán la presidencia de Estados Unidos en las elecciones del 6 de noviembre, ambas campañas se dedican ahora a buscar el compañero de fórmula de cada aspirante. Con varios nombres en el sonajero, los medios hablan y escriben sobre el tema. Es verdad que la figura del vicepresidente tiene sólo una función específica aparte de no molestar: estar listo para reemplazar al jefe, como le pasó a Gerald Ford tras la dimisión de Richard Nixon en 1974 o como sucedió con Lyndon Johnson el 22 de noviembre de 1963, cuando John F. Kennedy murió asesinado en las calles de Dallas.

Por lo demás, parece mentira, pero el cargo es poco sustancioso. Martha Ellen Truman, la madre del entonces vicepresidente Harry S. Truman, 'número dos' de Franklin D. Roosevelt, describía el asunto con mucho ingenio: "Mi hijo menor, John Vivian, ocupa un puesto muy importante y con bastantes cosas en la agenda. El otro, Harry, no hace nada. Vive en Washington y es el vicepresidente de los Estados Unidos".

Independientemente de eso, y aunque el candidato a la vicepresidencia no suele sumarle votos al aspirante a la Presidencia, un error de éste al seleccionar a su compañero puede ser fatal. Al fin y al cabo, tanto Obama como McCain buscan quedarse con la mayoría de los 538 miembros del Colegio Electoral, que son los que eligen realmente al jefe del Estado. Y para ello intentan mantener las mayorías de su partido en ciertas regiones y conquistar esos votos mayoritarios donde no los tienen. Hay estados determinantes como Florida, con 27 electores; Texas, con 34; Ohio con 20; Pensilvania, con 21, y, por supuesto, California, que con 55 es la 'joya de la corona'. En ese sentido, los aspirantes a la vicepresidencia han jugado y juegan un papel en todo el proceso. Fue el caso de Kennedy en 1960 cuando quiso equilibrar su origen de la exclusiva Massachusetts en el noreste con el de Johnson, un texano del sur, en la frontera con México. Y le dio buenos resultados.

Pero no sólo el factor geográfico es clave. Hay cuatro aspectos más, según escribió el jueves la periodista Karen Tumulty en la revista Time, y con base en ellos es posible establecer lo que podría pasar en esta materia.

El primero es que el candidato decida reforzar aun más sus fortalezas. Sucedió con Bill Clinton en 1992 que, como gobernador de Arkansas, seleccionó a otro político joven de la zona, de Tennessee, Al Gore, y ganó. Otro aspecto se refiere a que el candidato consiga a alguien fuerte en lo que él es débil. Un ejemplo fue el de George W. Bush, que como ex gobernador de Texas y para compensar su falta de experiencia en política exterior, invitó a Dick Cheney, un insider que había asesorado a varios presidentes. Y se salió con la suya. El tercer aspecto consiste en que el candidato se alíe con su antiguo rival. Lo hizo Ronald Reagan en 1980 cuando llamó a George Bush padre, que había sido su adversario en las primarias republicanas. Y le funcionó.

Finalmente, el candidato presidencial gringo podría ignorar todo lo anterior y dar una sorpresa. Bush padre tomó este camino en 1988. Cuando todo el mundo pensaba que iba a presentarse junto a un moderado como él, educado en las elegantes universidades del noreste y dueño gran experiencia en la administración pública, se 'montó en el bus' con Dan Quayle, un apuesto político de Indiana, muy conservador, en el que nadie se había fijado.

La pregunta a estas alturas es quiénes serán los compañeros de Obama, de 46 años, y McCain, de 71. Entre los demócratas, el primer nombre que se ventila es el de Hillary Clinton, que aunque ha dicho que no le interesa suceder a Cheney, no se puede descartar por completo. Hillary le serviría a Obama por su experiencia en política exterior, talón de Aquiles del senador, y porque cuenta con el respaldo de los blue-collars, los trabajadores por horas identificados por el overol azul que usan. Lo malo es que casi el 20 por ciento de los seguidores de la senadora prefieren votar por McCain y no por Obama, además de que los conservadores la odian a muerte.

Jim Webb también puede ser el hombre para el senador de Illinois. Si bien le han reprochado algunos comentarios sobre la vinculación de las mujeres al Ejército, es veterano de la Guerra de Vietnam y senador de Virginia, un estado en el que los demócratas no ganan las presidenciales hace 44 años. Otro candidato es Evan Bayh, ex gobernador de Indiana y que ocupa un escaño en el Senado. El nombre de Bayh les sonaría bien a los 11 electores de ese estado, que la última vez apoyaron a George W. Bush.

Tom Daschle aparece así mismo en el listado. Ex jefe de la bancada demócrata en el Senado, la hoja de vida de este dirigente de Dakota del Sur muestra una gran trayectoria en política internacional. No sucede lo mismo con el joven Ted Strickland, gobernador de Ohio, cuyo fuerte serían los votos electorales de su región, que ha sido decisiva en los comicios recientes. Bill Richardson, gobernador de Nuevo México, no tendría rival por su experiencia en el gobierno. Ha sido secretario de Energía y embajador en Naciones Unidas. Pero es hispano y lo más probable es que Obama, que como negro pertenece a una minoría, busque un blanco, anglosajón y protestante. Por último, una mujer sobresale en la lista: Kathleen Sebelius, gobernadora de Kansas e hija de un ex gobernador de Ohio, todo lo cual pinta bien en la campaña, pero mal para los seguidores de Hillary, que la quieren a ella y a nadie más.

En el bando republicano la baraja también es amplia. Algunos apuestan por la secretaria de Estado, Condoleezza Rice. El lío es que McCain ha procurado distanciarse un poco de Bush, que es el Presidente más impopular de la historia reciente de Estados Unidos, y 'Condi' es más la más bushista de los bushistas. El senador de Connecticut Joe Liebermann, ex compañero de fórmula de Al Gore, íntimo de McCain y que ahora es independiente, ofrece una amplia trayectoria y el voto judío, pero es un hombre mayor. Mitt Romney es otro que libra la pelea. Antiguo gobernador de Massachusetts y precandidato en esta campaña, sabe de negocios y es querido en Michigan, donde hay 17 electores, aunque son célebres sus cambios de opinión.

Y si de electores se habla, ahí está Tom Ridge, ex gobernador de Pensilvania, un estado con 21 votos que son oro en polvo. No todos los republicanos lo admiran: ha sido partidario del aborto en ciertas ocasiones y lobbysta en Washington, algo que huele a pecado en estas campañas. Los observadores creen, por otra parte, que el nombre de Tim Pawlenty, gobernador de Minnesota, tampoco se puede tachar. Es moderado y moderno, pero poco conocido por los ciudadanos. Algo semejante se puede decir del senador de Dakota del Sur John Thune, que pisa fuerte en la campaña. Y queda Bobby Jindal, el brillante gobernador de Luisiana, muy apreciado por la derecha y que con 37 años le haría contrapeso a la edad de McCain.

Tanto Obama como McCain piensan hacer sus selecciones en las próximas semanas. Obama sufrirá más tras la renuncia la semana pasada de Jim Johnson, el hombre que tenía a cargo el comité de campaña para escoger al compañero de fórmula, luego de descubrirse que se benefició indebidamente de unos préstamos hipotecarios. Pero McCain no duerme. Ambos saben que, en esto, no pueden meter la pata.
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