Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1994/10/03 00:00

ENTRE LA RUBIA Y LA MORENA

Negociaciones con Cuba e invasión a Haití conforman un coctel explosivo en el mar Caribe.

ENTRE LA RUBIA Y LA MORENA

DESPUES DE UN BREVE RECESO MOTIVADO por el mal tiempo del fin de semana, los balseros cubanos volvieron a hacerse a la mar, con dos acicates fundamentales: la certeza de que, una vez en Guantánamo, el gobierno estadounidense se vería obligado a otorgarles asilo, y el temor de que las eventuales conversaciones entre los dos gobiernos obligará al de Cuba a reprimir el éxodo.

Si bien no llegó a los extremos de semanas anteriores, cuando salieron de Cuba 17.000 personas, éste alcanzó de nuevo las proporciones que motivaron a las dos partes a convocar una ronda de conversaciones que, según el gobierno de Washington, se circunscribirían a los temas migratorios, y según La Habana, deberían llegar al fondo del problema: el bloqueo comercial, las emisiones subversivas de Radio Martí y las medidas adicionales tomadas por el presidente Bill Clinton contra el apoyo que muchos cubano-estadounidenses brindan a sus parientes en la isla.

Independientemente de esa diferencia, el sólo hecho de que se hayan sentado frente a frente las dos delegaciones, se constituyó en un éxito para el gobierno de Fidel Castro, quien consiguió además que el tema estuviera por primera vez en muchos años en la agenda de la comisión permanente de la Organización de Estados Americanos. Por otro lado, hacía mucho tiempo que un líder de la importancia del francés François Mitterrand no hablaba en forma tan explícita contra el "chocante" bloqueo contra Cuba.

Pero lo más llamativo fue el cambio de actitud de la gran prensa de Estados Unidos, que ahora presenta una posición extrañamente unánime a favor de que el gobierno de Clinton ejerza con Cuba la misma flexibilidad que le ha permitido mantener o reanudar relaciones con países comunistas.

Los argumentos que se manejan en la prensa de Estados Unidos podrían concretarse en unos cuantos:

1. Después de tantos años de una actitud cerrada ante el tema, el gobierno de Clinton debería ensayar alguna aproximación creativa que consulte las nuevas realidades geopolíticas.

2. La falta de flexibilidad en cuanto a hacer concesiones de tipo político no impidió que, en casos como China, Corea del Norte o Vietnam, Estados Unidos no sólo adelantara conversaciones, sino en algunos hiciera jugosos negocios.

3. En diplomacia es a veces más importante hablar con el enemigo que mantenerlo en la incomunicación. Sobre todo ahora que, en una posición débil, Castro debería al menos mostrarse más receptivo.

De hecho, las partes asumieron la semana pasada una actitud que se asemejó a un intento de conciliación. El presidente Castro decidió prohibir la salida ilegal de niños, adolescentes y ancianos, y el secretario de Estado, Warren Christopher, declaró que nada en la posición de su país intentaba provocar el derrocamiento de Castro. Pero los enfrentamientos callejeros entre cubanos opositores del diálogo y parte de la delegación de La Habana, recordó que la reconciliación entre los cubanos es mucho más compleja.

HAITI
Si en el caso cubano el diálogo al menos parecía abrirse paso, en cuanto al problema de Haití, la situación se deterioraba cada vez más. Dos hechos resultaron fundamentales en ese proceso: uno, la declaración del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Boutros Boutros Ghali, por la cual de hecho ese foro mundial renunciaba a cualquier posibilidad de acuerdo pacífico con el general Raoul Cedras y su camarilla cívico-militar. Y dos, el asesinato del padre Jean-Marie Vincent, un cercano amigo y colaborador del depuesto presidente Jean-Bertrand Aristide.

Esa combinación de hechos puso de nuevo sobre el tapete la inminencia de la invasión, cuando varios países, con Gran Bretaña a la cabeza, decidieron involucrar sus propias fuerzas en el proyecto.

Pero a pesar de tantos indicios, no se vislumbraba por fin cuándo llegaría el momento de la acción, si bien era claro que el problema de Cuba le quitó temperatura a la fiebre de invasión que se apoderó de los estrategas estadounidenses. Lo que hace más probable la operación militar, es que cada día que pasa con Cedras en el poder, es un nuevo golpe para la maltrecha credibilidad de la política internacional del gobierno de Washington. Un gobierno que, por lo tanto, no parece estar en control de los procesos desatados por él mismo.-

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