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| 1/29/2018 2:56:00 PM

Carteles mexicanos: los nuevos dueños de la coca

Los narcos mexicanos se apoderaron del control total del negocio del narcotráfico que por décadas estuvo en poder de capos colombianos y su presencia en el país cada vez se siente más. ¿Cómo ocurrió esto?

Carteles mexicanos: los nuevos dueños de la coca Carteles mexicanos: los nuevos dueños de la coca

La alerta más reciente la dio el defensor del Pueblo, Carlos Negret, el pasado 19 de enero. "Ahí está actuando supuestamente el Cartel de Sinaloa, que es el que financia estas bandas y a las Autodefensas Gaitanistas", dijo el funcionario quien afirmó que los pobladores del municipio de Tierra Alta, Córdoba, le informaron sobre la influencia de narcos mexicanos con capos locales quienes estarían relacionados con una serie de asesinatos recientes en la zona.

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"Quien manda es un señor llamado Santiago. Era de las Farc y está ahora en la disidencia, pero era del frente Efraín Guzmán", dijo a SEMANA uno de los lideres sociales de la zona. "Llegan a las comunidades a decir que son de un grupo llamado los JJ y son financiados por el cartel de Sinaloa. Este miércoles (24 de enero) sacaron tres presidentes más de juntas de acción comunal. Les dijeron que se tenían que ir porque apoyaban la sustitución de cultivos ilícitos", afirmó otro líder.

Pocos días antes, el 6 de enero, la sombra de los carteles mexicanos en Colombia ya había ocupado los titulares de prensa. Siete personas murieron en dos enfrentamientos entre bandas en veredas cercanas del municipio de Bolívar, Cauca. “Las hipótesis que se manejan es que se trató de una disputa entre dos grupos delincuenciales para continuar con las extorsiones, la minería ilegal y el narcotráfico”, dijo el brigadier general William Salamanca, comandante de la Regional Cuatro de la Policía Nacional. “Hay un trabajo que se lleva a cabo desde el año anterior con autoridades y agencias de los Estados Unidos y de los Gobiernos de México y Colombia con sus agencias de inteligencia para establecer si hay presencia de sujetos de carteles mexicanos en la zona", afirmó el oficial.

El lunes de la semana pasada en el puerto de Buenaventura, la Fuerza Naval del Pacífico y la Policía antinarcóticos descubrieron más de una tonelada de cocaína camuflada en productos farmacéuticos en un barco listo para zarpar hacia Guatemala. Fue el primer gran alijo incautado en 2018. Los destinarios de ese cargamento, valorado en 21 millones de dólares, eran narcos mexicanos.

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En menos de dos semanas estos hechos dejan en evidencia algo que es un secreto a voces. La activa presencia de carteles de México en Colombia. La dimensión  del multimillonario negocio que hoy está controlado por los capos aztecas quedó especialmente clara durante 2017 cuando las autoridades colombianas cerraron el año con la histórica cifra de más de 420 toneladas de coca incautada, cuyos destinatarios eran diferentes estructuras mafiosas de ese país centroamericano. Tan solo en el último trimestre del año pasado varias operaciones revelaron cómo estaba funcionando ahora esa relación entre los narcos de los dos países.

A finales de noviembre la Policía encontró cerca de los municipios de Chigorodó y Apartadó, Antioquia, 13,4 toneladas de cocaína empacada y lista para exportar. Fue el segundo mayor decomiso de droga en la historia de Colombia. El valor de ese cargamento en las calles de Estados Unidos superaba los 500 millones de dólares. Tres  semanas antes, el 17 de octubre, la Policía Nacional entregó información a sus colegas europeos que decomisaron en Holanda 11 toneladas de droga camufladas en cajas de banano provenientes de Turbo. En Europa ese cargamento fue valorado en 800 millones de dólares. El 22 de septiembre, los uniformados encontraron en una finca cerca de Apartadó otras 7 toneladas listas para enviarlas a territorio estadounidense. Esa droga tendría un valor de 250 millones de dólares.

Los vendedores

Esas incautaciones tenían señales sobre quiénes habían vendido esa cocaína. Cada una de las ‘panelas’, como se conoce el kilo de coca prensado, tenían más de 22 etiquetas diferentes. Cada organización y cada narco marca su droga con logos o imágenes de automóviles, cervezas o simplemente números. Se trata de una especie de sello oficial respetado en el mundo de la mafia. Sirve para saber quién es el dueño y también para que el destinatario pueda controlar la pureza de la droga una vez la recibe. En caso de estar rebajada o rendida sabe a quién le puede reclamar.

Esos decomisos permitieron establecer que quienes vendían la droga eran más de 20 narcos y grupos diferentes en Colombia. En su mayoría no se trata de grandes grupos de crimen organizado sino de estructuras y bandas como la Cordillera, en el Eje Cafetero, los Chatas, en Medellín, los Pelusos- residuos del EPL en Norte de Santander-, los Puntilleros en el Meta o la Constru en Putumayo. También había envíos individuales, como reveló Freyner Ramírez, alias Carlos Pesebre, uno de los jefes de la llamada Oficina de Envigado. “Usted no se imagina la cantidad de gente de estratos altos y muchachitos jóvenes en Medellín que envían droga, que no hacen parte de ninguna estructura y se apuntan comprando unos kilos para mandar en un cargamento a México”, afirmó el detenido capo en un video al que tuvo acceso SEMANA.

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Ninguno de todos esos grupos tiene la capacidad y la infraestructura para sacar grandes cantidades por sí mismo. Ahí entra en el negocio con gran importancia el llamado Clan del Golfo, bajo el mando de Dairo Úsuga, alias Otoniel. Esa banda criminal se ha convertido en el principal transportador de la droga. Si bien ellos también exportan y varios de sus jefes envían sus propios cargamentos, el control que tienen sobre las principales rutas de salida, como el golfo de Urabá y partes del Pacífico, ha llevado a que cualquier narco que quiera sacar droga deba entenderse con ellos. Les entregan los cargamentos por lo cual les cancelan al Clan el 10 por ciento del valor del mismo.

Los verdaderos dueños del negocio

Esa amplia variedad de grupos y organizaciones que producen y exportan droga en Colombia es tan solo la consecuencia de la forma cómo el negocio del narcotráfico cambió en las últimas décadas hasta quedar bajo el control absoluto de los carteles del país azteca.

Desde los años setenta hasta mediados de los noventa los narcos mexicanos fueron ‘empleados’ de los grandes carteles como Medellín, Cali o el Norte del Valle. Su labor básicamente consistía en pasar a Estados Unidos la droga que los capos nacionales enviaban desde Colombia. En los años siguientes la muerte, captura o extradición de los principales jefes mafiosos colombianos, comenzando por Pablo Escobar, así como la desarticulación de sus estructuras sicariales y financieras, marcó el final de las organizaciones poderosas en el país.

De allí que pequeños narcos, bandas criminales y facciones de guerrilla quedaron al frente de una parte del negocio, principalmente, en las zonas de producción y procesamiento. Sin embargo, ninguno tenía la infraestructura y mucho menos el poder económico y militar para impedir que los mexicanos se apoderaran de toda la cadena del negocio. Por eso desde hace cerca de cinco años empezó a ser cada vez mas frecuente ver a mexicanos o enviados de los carteles de ese país en las selvas de Putumayo, Guaviare o Chocó, controlando la producción en los laboratorios de coca.

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También era común encontrarlos en zonas de acopio de droga como Catatumbo o el Pacífico. De igual forma manejan las principales rutas marítimas desde las costas colombianas. “Los mexicanos simplemente evitaron los intermediarios. Carteles como Sinaloa, el Golfo, Pacífico o Jalisco Nueva Generación, entre otros, mandan su gente a Colombia. Como ya no hay acuerdos entre grandes carteles de los dos países, como antes, hoy negocian directamente con cualquiera e imponen sus condiciones. Compran el kilo en 1.500 dólares y ellos se encargan de transportarlo por aire o mar, principalmente, lo que les deja inmensos márgenes de ganancia. Ese mismo kilo puesto en México ya vale 15.000 dólares”, explicó a SEMANA un oficial de la Policía antinarcóticos. “Para los narcos colombianos no es mal negocio. Si bien ganan menos tienen menos riesgos. Venden la droga en Colombia y si el cargamento es decomisado la pérdida la asumen los mexicanos”, afirmó (ver recuadro).

Esta situación provocó la llegada de una oleada de mexicanos a varias regiones del país. Tan solo en los últimos dos años 148 han caído en Colombia. Muchos de ellos con alto perfil en sus organizaciones como Irineo Sánchez, enlace del cartel de los Zetas, buscado por la DEA y la Interpol en 190 países y arrestado en Medellín el año pasado.

Las agencias antinarcóticos nacionales y extranjeras han detectado que los narcos aztecas están incluso comprando base de coca, que adquieren a 600 dólares el kilo. La transportan a Centroamérica, en donde ya tienen laboratorios para procesarla y convertirla en cocaína, lo que aumenta aún más el margen de utilidad. Varias de estas instalaciones ya han aparecido en diferentes lugares de México, Guatemala y Honduras.

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"En México operan 14 organizaciones criminales, la mayoría de ellas tienen conexiones con Colombia. Según se puede ver desde acá Colombia apagó su violencia de alto impacto como la que generaba carteles como el de Medellín y Cali, pero todavía hay baby carteles que siguen exportando droga al mundo”, afirmó a SEMANA el periodista y escrito mexicano Ricardo Ravelo, reconocido como uno de los mayores experto en el tema del narcotráfico en su país. Según Ravelo de todos esos carteles, sin duda alguna el de Sinaloa, liderado por el detenido Joaquín ‘el Chapo‘ Guzmán “es la organización criminal más boyante e importante en el mundo frente al tráfico de drogas. Ellos tienen presencia hasta en 57 países. Desde la fuga del Chapo en 2001 a la fecha, en cierto modo desplazó a los colombianos en materia de transporte de estupefacientes. Ellos están presentes en Colombia," afirma.

Aunque dentro de los más de 140 mexicanos arrestados en el país entre 2016 y 2017 hay representantes de carteles como Jalisco, Los Zetas o el Golfo, entre otros, la gran mayoría de los detenidos son lugartenientes del poderoso cartel de Sinaloa. En marzo del año pasado en una de las redadas más grandes entre las autoridades nacionales y la agencia antidrogas DEA, fueron detenidos 12 de los hombres de esa estructura en Cauca y Nariño.

Si bien es cierto que los diferentes carteles mexicanos actúan y negocian con múltiples socios colombianos en prácticamente todas las regiones del país, la realidad es que esa relación no ha implicado que las organizaciones mafiosas centroamericanas ejerzan un control territorial directo. “Sabemos lo suficiente como para descartar que los carteles mexicanos estén haciendo una expansión armada buscando posesionarse de un territorio y establecerse como amos y señores de una porción de la frontera. Un campaña militar como la que protagonizaron los Zetas hace diez años en el norte de Guatemala, cuando decidieron ajusticiar al capo local Juancho León en represalia por el robo de un cargamento, y una vez cazado el blanco, prefirieron no regresar a México con sus cientos de hombres, sino decidieron asociarse con delincuentes locales (algunos exmilitares) para ampliar el feudo criminal, esta resultaría ser una estrategia muy costosa, de alto riesgo y con pocas probabilidades de éxito en Colombia” afirma Daniel Rico, economista, politólogo y reconocido investigador en Economías Criminales (ver punto de vista).

La forma de actuar de los mexicanos es relativamente sencilla y eficiente y básicamente consiste en alianzas con todo tipo de poderes locales ilegales. Por ejemplo aprovecharon que tras la desmovilización de las Farc surgieron algunas disidencias para  “asociarse” con esos guerrilleros que no se acogieron al proceso de paz. En Nariño consiguieron que Segundo Camacho, alias Mocho, pusiera a su servicio a 150 hombres que tenía bajo su mando de la columna Daniel Aldana para prestarle seguridad a los cargamentos que desde las costas salían para México, así como a los enviados de Sinaloa a territorio colombiano.

Uno de los más importantes enlaces de ese cartel fue Washington Pardo. Conocido con el alias de Gerard, era un ciudadano ecuatoriano que desde hace una década era el principal transportista de droga para los mexicanos. Con solo 35 años de edad, dos cifras revelan el nivel que alcanzó en el crimen organizado. Entre 2016 y los primeros tres meses de 2017, este hombre y sus secuaces exportaron 250 toneladas desde el Pacífico colombiano hacia México. Otras 150 toneladas se le cayeron y fueron decomisadas en diferentes operaciones en altamar. Tenía una flota de 150 embarcaciones propias. Cuando fue arrestado en abril del año pasado en su casa  en Quito le encontraron caletas con más de 12 millones de dólares en efectivo.

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Gerard y el Mocho son tan solo dos ejemplos de la forma como funciona actualmente las relaciones entre los narcos de Colombia y México. Lo cierto es que la cada vez  mayor presencia de organizaciones mafiosas mexicanas evidencia un complejo panorama que preocupa a las autoridades de los dos países. Tanto es así que Raúl Cervantes, el procurador general de México –el equivalente al fiscal general–, estuvo el año pasado en Colombia en busca de apoyo de las autoridades nacionales. Se reunió con los encargados directos de esa lucha, el vicepresidente de la república, Óscar Naranjo; el fiscal general, Néstor Humberto Martínez; el entonces director de la Policía Antinarcóticos, general José Mendoza, y el director de la Dijín, general Jorge Luis Vargas. El objetivo era tratar de fortalecer y mejorar las alianzas y la cooperación binacional para enfrentar de manera más efectiva el accionar de los narcos.

A mediados de diciembre del año pasado las Armadas de Colombia, México y Estados Unidos anunciaron la conformación de una fuerza común que permitan controlar las rutas de envío de droga por el Pacífico, por donde se mueve más del 80 por ciento de los cargamentos. “Se han acordado los procedimientos para intercambiarse información, coordinar operaciones que se han llamado concurrentes y poder así distribuirse el trabajo contra ese crimen trasnacional, que arranca desde nuestro Pacífico sur y va a terminar a la costa oeste de Estados Unidos, pasando por Centroamérica y México", explicó en su momento el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas. Solo el tiempo dirá qué tan efectiva resultará esta estrategia.

Por ahora lo cierto es que hoy Colombia ha superado las épocas de violencia mafiosa con la que los narcos defendieron a sangre y fuego su negocio ilegal en los años ochenta y noventa. Sin embargo, el hecho de que los mexicanos dominen la cúspide del narco crimen implica un reto para las autoridades nacionales, que deben evitar a toda costa que esas estructuras se extiendan por medio de alianzas con bandas locales por el territorio nacional con consecuencias imprevisibles.

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