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| 2/6/2017 4:07:00 PM

Así llegan a la Mesa de diálogo el Gobierno y el ELN

Con el acuerdo de paz con las FARC marcando línea como modelo, este martes despega la esquiva negociación en Quito (Ecuador) para buscarle una salida al conflicto armado con los elenos.

Sobre la cuerda floja continúa el tránsito del ELN en su camino hacia la paz. Aunque la liberación del excongresista Odín Sánchez desbloqueó la fase pública de la negociación, y la entrega del soldado Fredy Moreno Mahecha reforzó la intensión con la que este martes llegan a la Mesa, el secuestro no para de inyectarle una dosis de realidad al relativo optimismo -que alguna vez hubo- de poner el país ad portas de una "paz redonda".

Un día antes del natalicio de Camilo Torres, los miembros de esa guerrilla levantaron la mano para decirle al mundo que su voluntad para negociar es real. Por eso, en uno recóndito paraje de las selvas de Chocó, el político fue entregado a una Comisión Humanitaria. Un protocolo similar al que se siguió este lunes en Arauca para liberar al soldado Fredy Moreno Maecha.

Diez meses llevaba extraviada la negociación con el ELN. La agenda de seis puntos que encarrilará la discusión aún no había podido despegar. Un desacuerdo que versó sobre la práctica del secuestro tenía dilatada la discusión hasta este 7 de febrero, cuando las partes llegan listas a Quito (Ecuador) para poner a andar la negociación.

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Para el Gobierno, la práctica del secuestro se había convertido en un inamovible. Sin embargo, para la guerrilla desde el primer día se dijo que se negociaría bajo fuego. De ahí que ambos actos -a su juicio- respondían al precio de negociar en medio del conflicto. El problema es que el país no lo va a aguantar. Colombia completa más de cinco meses continuos sin víctimas mortales o heridos causados por las FARC -civiles o de la Fuerza Pública- desde 1964 y volver a sentir el vértigo de la guerra no es una opción cuando muchos empiezan a pasar la página de la violencia.

La esquiva negociación con el ELN aún no deja soñar. Se ha anunciado tantas veces el inicio de la fase pública sin concretarse, que ahora que parece ser un hecho, muchos ven con escepticismo que se pueda llegar a acuerdos irreversibles antes de que el presidente Juan Manuel Santos termine su mandato.

Esa es la razón en la que se apoyan algunos analistas que explican cómo la práctica del secuestro extorsivo puede ser una estrategia de la guerrilla para conducir pronto la negociación a un cese del fuego bilateral y definitivo. Igual a como sucedió con las FARC ante un escalamiento significativo del conflicto en el 2015, el Gobierno se vio volcado a idear un plan conjunto para desescalar el número de hechos violentos que se estaban presentando a lo largo y ancho del país. Sin embargo, el cese bilateral y definitivo tardó meses en llegar.

La idea de llegar a acciones bilaterales que mermen la intesidad del conflicto no es descabellada si se tiene en cuenta que la instalación de la mesa de paz este 7 de febrero llega con una variante: la simultaneidad. Al tiempo que las partes empezarán a trabajar en el primer punto de la agenda, que habla de la sociedad, una mesa humanitaria paralelamente abordará la seguridad para la paz y la dejación de las armas.

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Destrabar la mesa no fue nada fácil y la Iglesia católica jugó un papel clave. Muestra de ello es que la propuesta de monseñor Darío de Jesús Monsalve de crear una comisión que construya un acuerdo -en el marco del DIH- que ponga a andar los diálogos con esa guerrilla parece haber calado.

"Menores en las filas insurgentes, el secuestro, desminado humanitario (...) muertos que tiene uno y el otro, el tema de corredores humanitarios y garantías para la participación de la sociedad" son algunos de los temas que se abordarían una vez las partes dejen claro en el día de la instalación -7 de febrero- cuál va a ser el reglamento de trabajo, cuánto tiempo van a trabajar por día, cuánto van a durar las rondas, las pausas, las consultas y quiénes van a estar en cada uno de los equipos.

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El problema es que la metodología que acompañará la negociación entre el Gobierno y el ELN no promete mucha eficacia. Ya el arranque demostró que el camino está lleno de espinas que en cualquier momento pueden aparecer y desestabilizar todo. A eso se le suma la interinidad de las mesas que rotarán por Cuba, Chile y Brasil; el ambiguo lenguaje que da forma al acuerdo, el interés de esa guerrilla por discutir inamovibles como el modelo económico y la dinámica con la que comenzará la discusión donde se "hablará mucho" y se "pactará poco".

"El proceso del ELN llega en un momento en el que la sociedad tiene un cansancio temático. Se ha hablado mucho del proceso, las negociaciones (...) Quizá la gente vive con expectación, pero siguen sin entusiasmo y sin ilusión en este proceso del final de la guerra y poco a poco se irán posesionando otros temas del interés de los colombianos como el de la corrupción y la inseguridad", manifestó Carlos Arturo Velandia, exmiembro de la dirección nacional del ELN y recientemente nombrado gestor de paz.

Tiene cosas a favor. Hay toda una estructura de negociación que ya dejaron montada las FARC, de ahí que negociadores como Roy Barreras también hagan parte de esta nueva Mesa. Sin embargo, los elenos quieren un proceso distinto y les apuestan a transformaciones más profundas en cuanto a los modelos económico y político, por eso no será fácil convencerlos de las bondades -por ejemplo- de la Jurisdicciones Especiales para la Paz que actualmente hace carrera en el Congreso.

Durante casi ocho años las guerrillas fueron vistas como un mismo y solo enemigo. Hoy, ad portas de arrancar una nueva negociación, afloran las diferencias entre una y otra: los hombres comandados por ‘Gabino‘ son una guerrilla distinta que si bien hace parte del mismo conflicto, quiere un proceso de paz a su medida.

El proceso del ELN arranca cuando el de las FARC entra en la recta final. Este martes, cuando se conmemoran 14 años de uno de los atentados más atroces cometidos en el marco del conflicto como lo fue el artefacto explosivo que estalló en el Club el Nogal, en el norte de Bogotá, el país se prepara para buscar salidas negociadas con el ELN. Pasos concretos antes de la mordaz jornada electoral que se avecina por la elección presidencial. A partir de este martes, los elenos se alistan para hacer rendir el combustible que le queda al Gobierno y sacarle provecho a la negociación que una vez más demostró que con hechos de paz siempre es mucho más fácil avanzar.

A la medida, ¿por qué la negociación será distinta?

Hay menos tiempo. El Gobierno cuenta apenas con un año y medio para avanzar lo suficiente como para que el presidente la termine o la deje en un punto irreversible.

Ya existe un espejo. El acuerdo se considera hoy en el mundo como uno de los mejores. Para la mesa de Quito será difícil abstraerse de ese precedente. Es imposible discutir un nuevo modelo de justicia, de desarrollo rural o de participación política.

La voluntad de paz del ELN aún no es férrea. Su último congreso ha condicionado la dejación de armas a que el Gobierno cumpla sus compromisos, y muchos mandos regionales son escépticos del proceso. Ahora, es posible que esa voluntad se construya en el camino.

La agenda es más genérica. El primer punto será el de participación de la sociedad civil, el cual tiene un enorme riesgo. Dado que el ELN considera esa la esencia del proceso, puede llevar a que, al consultarlo a toda la sociedad, las demandas y temas de agenda desborden la capacidad de la mesa.

El ELN es más lento. La toma de decisiones dentro de esa guerrilla es lenta porque exige consenso y esa guerrilla es más horizontal que las FARC y está más diluida en organizaciones de base. Los elenos suelen consultarlo todo y eso en una mesa de negociaciones juega en contra.

El país está pasando la página. El proceso de La Habana dejó exhausto al país en cuanto a las negociaciones. Existe la sensación de que la página de la guerra ya está siendo cerrada, por lo que la mesa de Quito tendrá que esforzarse para concitar la atención de la sociedad local y la comunidad internacional.

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