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| 4/12/2017 6:45:00 PM

Las cartas que enviaba el asesino de Claudia Johanna para salir de la cárcel

Semana.com tuvo acceso al expediente de Julio Reyes, quien había sido condenado en el pasado por un doble homicidio. El hombre citaba frases de Buda para intentar convencer a la justicia de que era un interno sin tacha.

Julio Alberto Reyes Andrade secuestró durante cuatro horas a Claudia Johanna Rodríguez y luego la asesinó dentro del centro comercial Santafé y ninguna autoridad lo evitó, aun cuando la víctima alcanzó a llamar al cuadrante de la Policía en medio del desespero.

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Reyes actuó con total libertad e impunidad, también pese a su pasado criminal. Este hombre de 42 años, nacido en Cali, había salido el año pasado de la cárcel luego de que el Juzgado Primero de Ejecución de Penas de Bogotá le otorgara la libertad condicional. Uno de los argumentos del juez para que Reyes volviera a las calles era que tras las rejas había presentado una conducta “ejemplar”, según lo había certificado el Inpec.

Este hombre, que estaba recluido en el patio de salud mental de la cárcel La Modelo, se valió también de formas muy cordiales para tratar de convencer a la Justicia de que era un interno sin tacha. El 28 de diciembre de 2015 le escribió así al juez: “De la manera más respetuosa posible me dirijo a ustedes con el fin de agradecerles y desearles un próspero 2016. Agradezco a Dios todo poderoso por la bendición recibida, ponerlos a ustedes en mi camino como guía y consejeros, solo me resta darles las gracias desde el fondo de mi corazón”.

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El crimen que tenía a Reyes tras las rejas desde el 8 de mayo de 2006 era de máxima gravedad. El 2 de mayo de aquel año, este hombre llegó al Centro Comercial Bachué II, en Bogotá, caminó hasta el local 121 y entró al Bar Combo Combo. Apuntó su arma contra su esposa de ese entonces María Margarita Acosta. Ella estaba con sus hermanos Paola y Carlos Eduardo, y con Omar Leonardo Díaz, un amigo de la familia. Margarita se salvó, quedó herida, pero Paola y Omar fallecieron.

Reyes fue condenado a 22 años de prisión. Pero solo estuvo diez recluido. La sentencia que le concedió la libertad sostenía que el reo ya estaba preparado para volver a la sociedad: “desde el ingreso al cautiverio, el sentenciado ha observado un comportamiento catalogado en el grado de bueno y ejemplar por las directivas del reclusorio, lo que revela que Julio Alberto Reyes Andrade ha amoldado su comportamiento a los reglamentos internos del penal, y ha adecuado su conducta al rigor y disciplina intramural, dando con ello muestra de que es capaz de obedecer normas y de asumir pautas de comportamiento regularmente aceptadas”.

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Con su puño y letra, Reyes se había dirigido a la Justicia con frases complacientes y de agradecimiento: “Cuando uno se libera por el gusto por lo malo, cuando está tranquilo y encuentra placer en las cosas buenas y enseñanzas, cuando se tienen estos sentimientos y se aprecian, entonces se libera el alma: Buda. Gracias siempre por los buenos consejos”, escribió.

Según el Juzgado de Ejecución de penas, los trabajos del condenado dentro de la cárcel demostraban que estaba preparado para la libertad: “Tampoco pasa desapercibido al Juzgado el hecho de que el penado desde el primer momento que ingresó al cautiverio se ha dedicado a labores que le han provocado en total 16 redenciones que le permitieron descontar un total de 48 meses, circunstancia que además de haberle procurado buena parte de su disminución de la pena, muy seguramente le habrá servido para su retorno a la sociedad, evidenciando espíritu de superación e interés en su proceso de rehabilitación”.

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Pero al recuperar la libertad, Reyes no dio muestras del arrepentimiento que decía tener en sus cartas. Desde que se fue a vivir con Claudia Johanna a Medellín comenzó agredirla, según se lo contó a Caracol Radio un cuñado de la víctima llamado Fernando López.

Según este familiar de Claudia Johanna, en una oportunidad el hombre había la había maltratado dentro de un centro comercial, por lo que el personal de seguridad había tenido que sacarlo. López le reveló a la emisora, que Reyes era una amenaza constante de la que Claudia Johanna, pese a las denuncias, nunca pudo deshacerse.

“Ellos se fueron a vivir a Medellín, allí fue donde arrancaron las agresiones, las intimidaciones, le prohibió maquillarse, llamar, no le deja comprar nada, aun cuando era ella quien trabajaba”, dijo López a Caracol.

Mientras fustigó a Claudia Johanna, -incluso momentos antes de su asesinato- las autoridades no actuaron en contra de Reyes. La mujer no tuvo quien la defendiera.

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