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| 1/23/2017 10:03:00 PM

El pasado taurino de Petro y Peñalosa

Los alcaldes capitalinos coinciden contra las corridas de toros cuando hace menos de una década tenían otra postura. Petro votó a favor de la ley del toreo y Peñalosa condecoró a los empresarios taurinos.

Gustavo Petro y Enrique Peñalosa son como el agua y el aceite. Dos polos opuestos de la política que, sin embargo, ahora parecen tener una causa común, al menos en apariencia: la abolición de las corridas de toros. A los dos les tocó coger el álgido debate por los cuernos y frente a la controversia, ambos tomaron decisiones que han calado hondo entre los ciudadanos de la capital.

En el 2012, con apenas dos meses como alcalde de Bogotá, Petro le mostró los colmillos a la tauromaquia. Mandó cerrar el palco que la alcaldía tiene en la plaza de toros de Santamaría y luego dio por terminado el contrato que el Distrito tenía con la Corporación Taurina de Bogotá. Cerró la plaza, pero la Corte Constitucional le ordenó reabrirla. Entonces Petro les dio vía libre a las obras de reforzamiento estructural del escenario e invirtió 6.900 millones de pesos del erario. De esa forma consiguió terminar su mandato sin que se volviera a lidiar un toro en Bogotá, y se marchó resaltando que uno de sus principales logros fue haber acabado con las corridas de toros.

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A Enrique Peñalosa le tocó capotear esta herencia de la administración Petro. Dio cumplimiento a la sentencia de la Corte, tras una licitación; entregó la plaza a Felipe Negret, gerente de la Corporación Taurina, y autorizó la temporada taurina que le dejará, por vía de impuestos, recursos al Distrito. Sin embargo, Peñalosa se puso la camiseta de la abolición, suyo es uno de los proyectos de ley que pretenden acabar con la muerte del toro y sólo permitir corridas incruentas, en las que el toro sale vivo en público, pero muere en privado.

Ambos, Peñalosa y Petro, estuvieron en las calles del centro de Bogotá el pasado domingo cuando la Santamaría volvió a abrir sus puertas. Nunca coincidieron. Mientras el alcalde hizo presencia en la plaza de Bolívar, Petro estuvo en la plazoleta de San Diego, casi a las puertas de la plaza que ordenó cerrar hace casi cinco años. Pero los dos le pusieron tinte político a lo que en principio era una protesta pacífica contra el maltrato animal, pero que se desbordó en agresión hacia los aficionados que se acercaban a la plaza.

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Tras la agitadísima jornada, Peñalosa señaló a Petro de aprovechar las circunstancias para impulsar su revocatoria, con el argumento de haber devuelto la plaza a las élites taurinas, e indico que varios partidarios del exalcalde fueron los que infiltraron las respetuosas movilizaciones que habían planeado las organizaciones animalistas, las únicas que han levantado la bandera contra los toros desde hace por lo menos dos décadas.

Trece años atrás, cuando pocos atendían a los animalistas, Gustavo Petro era representante a la Cámara del Polo Democrático. En el 2004 votó a favor de la Ley 916, que reglamentó las corridas de toros en el país.

Gustavo Petro es primo de Noel Petro, torero y cantante popular conocido como el "Burro Mocho", uno de los artistas colombianos que más veces se han presentado en la plaza de Santamaría y ha agotado localidades. Petro recurrió a los servicios del Burro, quien le amenizó varios actos de su campaña al Congreso en el año 2002.

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Incluso, hace unos meses, un veterano congresista que no oculta su afición a los toros, el conservador Telésforo Pedraza, se reía al recordar que vio varias veces a Petro en los tendidos de la Santamaría “con bota y todo” (Ver video).

El rechazo de Peñalosa a las corridas de toros se vino a conocer apenas ahora, en su segunda alcaldía. En la primera, hace 16 años, era muy diferente. Por lo menos así se advierte del dDecreto 1091 del 22 de diciembre del 2000, con el que otorgó a la Corporación Taurina de Bogotá, gerenciada por Felipe Negret, la orden civil al mérito Ciudad de Bogotá en el grado ‘Gran Oficial’.

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En la exposición de motivos del decreto se justificaba la condecoración en la labor adelantada por la Corporación al mantener la tradición de la Plaza de Toros de Santamaría, la promoción de matadores y novilleros colombianos, así como la generación de empleo, la promoción de la ciudad, y resaltó que la “temporada Taurina Hernando Santos del 2000” supuso valiosos recursos para la construcción y el mantenimiento de parques en los sectores más necesitados de la ciudad. Aquel año la administración de Peñalosa recibió $706.279.902 producto de las corridas de toros.

En una fotografía, de enero del año 2000, el alcalde Peñalosa entregó la plaza al empresario de Bogotá. Allí, en un burladero, se reconocen entre otras personalidades Fernando González Pachecho y su primo, el periodista Guillermo la Chiva Cortés. El alcalde está entre Negret y Enrique Vargas Lleras, hermano de Germán Vargas Lleras, líder de Cambio Radical, partido que respalda la administración de Peñalosa. En aquel momento el alcalde no le hacía el quite al toreo.

Por esos años, los animalistas marchaban solos, no pasaban de 50 a las afueras de la plaza, y el debate de los toros, aunque siempre ha estado sobre la mesa, no era tan convulsionado como ahora, cuando al lado de los antitaurinos han empezado a marchar los políticos. ¿Cuestión de votos o convicción?

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