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| 1/2/2017 6:50:00 PM

Diez pueblos para enamorarse de Colombia

Semana.com presenta un recorrido en 360 grados por municipios llenos de historia, tradiciones y gente extraordinaria.

Colombia tiene lugares en donde es fácil perder el aliento. Se trata de decenas de municipios, algunos muy visitados y otros casi recónditos en los que se puede vivir lo mejor de las tradiciones, la gastronomía y la cultura del país. Si por alguna razón en estas vacaciones tampoco le alcanzó el tiempo o el dinero para ir a conocerlos, Semana.com lo invita a recorrerlos de manera virtual.

1. Barichara (Santander)

Conocido como “el pueblito más lindo de Colombia”, se encuentra en el corazón del departamento de Santander, a cuatro horas de Bucaramanga, su capital. En 1.978 recibió el título de Monumento Nacional, y su nombre, en la lengua de los guanes, significa “lugar de descanso”.

La historia de este municipio se remonta a 1.702, cuando la imagen de la Inmaculada Concepción de la Virgen apareció tallada en una piedra de cal, alrededor de la cual se construyó una parroquia y se dieron los inicios del pueblo. Cuenta la tradición que la ciudad se fundó oficialmente el 1 de agosto de 1.742. Todavía conserva su arquitectura colonial y pareciera que allí el tiempo no pasara.

El amarillo es el color que se respira en Barichara: sus calles, casas, iglesias y artesanías están hechas de una piedra color ocre, que acentúa el brillo de sol cada vez que este decide posar sus rayos sobre este bello municipio. Por ello, sus habitantes reciben el nombre de “patiamarillos”.

La iglesia de la Inmaculada Concepción, el mirador, la capilla de San Antonio, el Parque del Cementerio, el Camino Real (que conduce a Guane), el Puente Grande y la plazuela de Santa Bárbara son algunos de sus atractivos turísticos. Además, es el lugar de Colombia donde más se produce la hormiga culona.

Vea a Barichara en 360 dando clic a la imagen.

2. La playa de Belén (Norte de Santander)

Este pueblito, que en el pasado fue famoso por ser un gran productor de cebolla, ofrece a sus visitantes un singular paisaje: casas de blancas fachadas uniformes en conjunto con calles empedradas que evocan en sus observadores cierto aire de antaño. Tres son sus vías principales: la del Medio, la de Atrás y la de Belén de Jesús. El panorama agreste, silencioso y pacífico lleva a que este municipio inspire en la memoria un pesebre viviente.

Elegido como el municipio más bello del Norte de Santander en 1.996, su nombre particular se origina en las características del suelo, pues parece una ribera del mar. Sus fundadores y primeros pobladores fueron doña María Claro de Sanguino, Tiburcio Álvarez, Jesús Rueda y Juan Esteban Vega.

Para el año de 1.857, doña María construyó en el paraje de Llano Alto la que sería la primera casa de este municipio. Ese mismo año, debido a que Fray Bernabé Rojas visitaría “Patatoque”, Rueda, Vega y Álvarez obtuvieron una licencia para construir una capilla en honor a San José. Pero fue hasta 1862 que la capilla recibió la bendición de Fray Milán, acto en el cual se estableció el nombre completo de “La playa de Belén”. Recientemente, en 2005, su centro histórico fue declarado como Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional.

Varios son los orgullos de los playeros o playenses. Uno de ellos son las torres de su iglesia. Otro, ser la puerta al Área Natural Única Los Estoraques, una reserva de 640,62 hectáreas. Allí, mientras se camina por senderos de piedra blanca, pueden observarse columnas rojizas de rocas impetuosas, esculpidas desde hace milenios por la madre naturaleza a causa de la erosión. Dentro de sus atractivos turísticos se encuentran el parque Ángel Cortés, la Casa de la Cultura, el monumento a la Santa Cruz, el Parque Natural Yaraguá (en el que está el cablevuelo desde el cual es posible observar el pueblo y Los Estoraques) y el monumento a la Virgen del Carmen.

Vea la Playa de Belén en 360° dando clic a la imagen.

3. Lorica (Córdoba)

Santa Cruz de Lorica está situada junto al río Sinú. Por su ubicación estratégica, desde el inicio ha sido un municipio reconocido por el comercio fluvial. Inicialmente, fue fundada el 3 de mayo de 1.740 en la isla de Gaita pero, ya que era una zona inundable, Antonio de la Torre y Miranda guió a los habitantes para que se asentaran en una zona más alta: la isla de Orica.

Fue hogar de migrantes provenientes del Oriente Próximo, quienes dejaron su huella en el pueblo de múltiples maneras. Una de las más visibles es que todavía hoy permanece la extraordinaria arquitectura árabe. Un ejemplo de ello es la casa Afife Matuk.

Denominada como la capital del Bajo Sinú, la capital de Bocachico o Ciudad Antigua y Señorial, es el destino ideal para realizar caminatas y deleitarse con un poco de la historia del país mientras se bebe un sabroso jugo de níspero, típico de la región.

Visitas imperdibles son al Mercado Público (una majestuosa construcción de colores amarillo y rojo a orillas del Río Sinú declarada en 1.996 como Monumento Nacional), a la iglesia, al centro histórico, al Palacio de las Trece Columnas, al puente del 20 de julio o “puente viejo”, entre muchos otros esplendorosos sitios. Si va en Semana Santa, podrá disfrutar del Festival del Burro.

Vea a Lorica en 360° dando clic a la imagen.

4. Salamina (Caldas)

Ciudad Luz o el Pueblo de los Parques son dos de los nombres por los que se le llama a Salamina. Fundada en 1.825 y trasladada en 1.827 al lugar en donde se encuentra actualmente, fue declarada Monumento Nacional en 1.982 y declarada Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional en 2.005.

Alberga en su seno nueve parques cuya arquitectura deja a la vista la historia de la colonización antioqueña. Allí, todo visitante puede disfrutar de los hermosos paisajes y de las casas con balcones de muchos colores al igual que educarse un poco sobre el cultivo y producción de café.

El parque Simón Bolívar es de los mayores referentes al hablar de Salamina. En él, que está situado en el corazón del pueblo, se encuentra el monumento “A la Pila”. Es una copia de la pila de agua de la Plaza de la Concordia en París y, según la tradición, fue realizada en Alemania, traída al país desde Francia, de Barranquilla llegó a Honda a través del río Magdalena y de Honda alcanzó a Salamina cargada en buey.

Popular por su celebración de la Noche de Fuego cada 7 de diciembre, su iglesia principal es la Basílica Menor de la Inmaculada Concepción. Con tres torres, de color blanco y sin columnas en su interior, hospeda un gran órgano de viento que todavía funciona. Otros de los encantos de este pueblo son el kiosko del parque central, el cementerio “La Valvanera” y el mural de la historia de Salamina.

Vea en 360° a Salamina dando clic a la imagen.

5. Mompox (Bolívar)

Mompós, Mompoj, Santa de Cruz de Mompox o la “Ciudad Museo” es una isla rodeada por el río Magdalena. Fue la segunda ciudad del país en ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1.995, siendo ya Monumento Nacional desde 1959.

Es un escenario exquisito. Arquitectura española en combinación con los aires caribeños, familias de aves que posan sobre los árboles, ventanas con un gran estilo que constan de repisa, reja y sombradillo (en palabras del arquitecto Alberto Corradine Angulo), atardeceres inigualables que en conjunto hacen de Mompox toda una obra de arte.

Su fundación se atribuye a Alonso de Heredia en 1537, pero también a Juan de Santacruz en 1540. En la época de la colonia se constituyó como gran plaza comercial. El hecho de estar a 248 km del mar Caribe la hizo inmune a los ataques piratas, por lo que los comerciantes recurrían a ella para guardar todas sus riquezas.

El Convento de San Francisco, la Iglesia de la Concepción y el Santuario de San Agustín son lugares que deben visitarse. Del mismo modo, la Casa de la Cultura, la Casa del “Te Deum” y el Claustro del Colegio Pinillos, que fue el primer colegio privado del país.

Vea a Mompox, Bolivar, dando clic en la imagen.

6. Jericó (Antioquia)

En 1850 se le dio el nombre de Aldea de Piedras. Dos años después, cambiaría de nombre por Felicina en homenaje al doctor José Félix de Restrepo. Finalmente, en 1853, Felicina recibió el nombre de Distrito Parroquial de Jericó. Hoy también la llaman “La Atenas del suroeste”.

Jericó vio nacer a Santa Laura Montoya, la primera santa colombiana. Ello llevó a que este pueblo se volviera todavía más popular como destino de peregrinaciones religiosas. Los peregrinos, además de conocer la escultura de bronce de la santa que hay en la Catedral, pueden disfrutar del Santuario al Inmaculado Corazón de Jesús y del camino ecológico La Gruta de la Virgen de la Peña, un sendero rodeado por las estaciones del vía crucis hecho en cerámica francesa, traído al país en 1919.

Y por la Gruta de la Virgen de la Peña se llega al Parque Natural del Bosque de Niebla “Las Nubes”. Este parque ofrece la panorámica del Cañón del Cauca y, al mismo tiempo, se pueden apreciar las nubes que se deslizan por los cerros del suroeste de la región. Otra buena opción para llegar a este parque es el teleférico que lo conecta con el Morro del Salvador.

Sus casas revestidas de colorido y flores, acompañadas por verdes montañas llenas de vegetación, sus 19 templos y el río Piedras hacen del caminar por los caminos empedrados una experiencia inolvidable, más si en el recorrido se topa con las “Cien escalas”, un pasaje peatonal cuyos escalones son de piedra y en donde resaltan lindos balcones y faroles.

Visite Jericó dando clic en la imagen.

7. Guaduas (Cundinamarca)

Villa de Guaduas a Policarpa Salavarrieta vio nacer. Durante la colonia, este pueblo era un punto de descanso en el Camino Real entre Santafe y Honda. Algo curioso de Guaduas es que fue fundado tres veces: la primera en 1572 por don Andrés Díaz Venero de Leyva, la segunda en 1610 por Fray Tomás de Morales y la tercera en 1644 por el Capitán Francisco Pérez Guzmán.

Además de haber sido la cuna de la Pola, fue un centro de investigación para José Celestino Mutis en su Expedición Botánica, por lo que es una de las paradas de la Ruta Mutis. Por el lado ecológico, es un pueblo que se caracteriza por contar con gran cantidad de recursos hídricos, pues posee variedad de ríos y lagunas, sobresaliendo el río San Francisco.

Su arquitectura es sencilla pero encantadora: tejas de barro y paredes de bahareque componen las casas de este poblado. Y, dejándolas atrás mientras se hace la caminata por el Camino Real, se llega al mirador de la Piedra Capira, ubicado al final de dicho camino. Desde allí, pueden verse los nevados de Santa Isabel, del Ruíz y del Tolima, como el valle del río Magdalena.

Para ir a Medellín, Manizales o la Costa Atlántica desde Bogotá no hay opción de no toparse con Guaduas. Entonces, es obligatorio detenerse para degustar el bizcocho tradicional de arequipe, que tiene más de 100 años de historia en el municipio.

Visite Guaduas en 360° en la imagen.

8. Villa de Leyva (Boyacá)

Su nombre es ciudad de Nuestra Señora de Santa María de Leyva, pero es más conocido como Villa de Leyva. Por orden de don Andrés Díaz Venero de Leyva, que para ese entonces era presidente de la Real Audiencia, el 12 de junio de 1572 el capitán don Hernán Suárez de Villalobos fundó este municipio, en uno de los principales asentamientos muiscas. Pero, 12 años después, fue necesario trasladarla al sitio actual por las protestas de los caciques.

La plaza principal del pueblo es enorme: totalmente empedrada, mide 14.000 metros y en el centro la adorna una fuente. Está rodeada por la parroquia y edificaciones de uno y dos pisos, donde predomina el blanco de las paredes, el verde de los balcones y puertas y el color ladrillo de los techos. En la plaza, a mediodía el sol abrasa fuertemente. En las noches, las frías ventiscas se ven disipadas por el pacífico paisaje que los faroles encendidos en cada puerta proyectan alrededor.

El pueblo disfruta de los recursos hídricos de los ríos Sutamarchán, Sáchica y Canes, cuyos afluentes forman el río Moniquirá. Además, el agua de la quebrada Colorada es tan pura que los visitantes pueden bañarse en ella.

En una de las casas de este municipio falleció Antonio Nariño. Con ella, son sitios para conocer el Convento de las Carmelitas Descalzas, el Museo de El Fósil (donde reposan los restos del kronosaurus boyacensis hampe, un gran reptil marino encontrado por un campesino de la región en 1977), la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, la casa del Cabildo y el parque temático 1900, y muchos más.

Mire a Villa de Leyva en la imagen.

9. Ciénaga (Magdalena)

En medio de la Sierra Nevada de Santa Marta y el mar Caribe es una privilegiada por contar con cuatro cuerpos de agua diferentes: el mismísimo mar, la Ciénaga Grande de Santa Marta, el río Córdoba y las aguas termales “El Volcán”. En 1.529, Fray Tomás Ortíz se dedicó a catequizar a los cienagueros, año para el cual ya existía el pueblo. Y fue hasta 1.908 que acogió el nombre de Ciénaga defintivamente.

Ciénaga es la “Capital del Realismo Mágico”, pues fue gran parte de la inspiración para el escritor Gabriel García Márquez. También fue escenario, en 1928, de la Masacre de las Bananeras, episodio en el que los trabajadores de la United Fruit Company, luego de un mes de huelga con el fin de que fueran reconocidos sus derechos laborales, fueron abatidos por el fuego de las fuerzas armadas del país. En su honor, puede visitarse la Plaza de los Mártires.

Recorrer el centro histórico (declarado en 1.996 como Bien de Interés Cultural de la Nación), observar fascinantes paisajes gracias a la naturaleza que se vive en este municipio, visitar la Iglesia San Juan Bautista, acercarse al edificio de la logia masónica, practicar kayak y visitar el Parque Nacional Natural Vía Isla de Salamanca son algunas de las actividades que los turistas pueden realizar.

El agua, las edificaciones tradicionales coloridas, la playa y la fauna y flora del lugar son espectadoras a finales de enero de cada año del Festival Nacional del Caimán Cienaguero. Según la historia, transmitida de generación en generación, el día de San Sebastián la niña Tomasita estaba de cumpleaños. Por ello, se dirigió a la tienda para comprar los ingredientes del sancocho para festejar con su familia, pero jamás regresó ni fue encontrada. Los pescadores creyeron que un caimán se la tragó. Y, en este festival, música, danzas y concursos demuestran con gran fuerza el maravilloso folclore de la región.

Mire en 360° la “Capital del Realismo Mágico” dando clic en la imagen.

10. Tinjacá (Boyacá)

Sus habitantes aseguran que allí está el mejor clima del país. Su calma y tranquilidad lo han convertido en uno de los mejores refugios de Boyacá. El himno del municipio lo describe como “un tibio regazo de ensueño donde el tiempo no cuenta la edad”. 

Fue fundado el 7 de noviembre de 1550 por el Cacique Tributario del Zaque de Hunza. Su nombre se deriva de un vocablo indígena que significa “Mansión regia de un soberano”.

El pueblo tiene apenas 2.500 habitantes aproximadamente, y más del 95 por ciento de ellos viven en el área rural. Por eso su casco urbano consta apenas de una plaza tradicional rodeada de una Iglesia Colonial, la casa cural, la Alcaldía y algunas casonas tradicionales que permanecen intactas desde hace décadas.

Se dice que la tierra de Tinjacá es una de las más fértiles del país, y en los últimos años, muchas personas han llegado allí buscando la esquiva paz que difícilmente existe en las ciudades.

Visite a Tinjacá 360° dando clic en la imagen.

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