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| 2/14/2015 4:00:00 PM

La marcha que no fue

Por hacerle caso a Iván Cepeda, la movilización por la vida de Antanas Mockus perdió todo su impacto.

Antanas Mockus se ha ganado con mucho esfuerzo y dedicación el respeto y cariño de los colombianos. Es visto como el adalid de la transparencia y feroz defensor de la vida. Como alcalde mayor de Bogotá, enfrentó con coraje la ofensiva urbana de las Farc. Lideró la manifestación pública después del atentado de la guerrilla al Club El Nogal que mató a 39 personas y dejó a decenas de heridos hace 12 años..

Admiro a Mockus profundamente y he depositado mi voto varias veces por él. Comparto su filosofía cívica y su defensa por lo fundamental: la vida. Cuando en enero hizo su propuesta de encabezar una marcha por la vida, no me sorprendió. Era una iniciativa muy mockusiana. Me pareció particularmente sagaz la fecha que propuso para que se llevara a cabo esa movilización: el 4 de febrero.

Sería el séptimo aniversario de las mayores manifestaciones de la historia de la Colombia. Ese día millones y millones de colombianos, tanto dentro como fuera del país, se unieron con una sola voz para decirle a las Farc no más. No más secuestros. Nos más masacres. No más terror. Las imágenes recorrieron el mundo.. Si “ser colombiano es un acto de fe”,  en esa jornada me volví un creyente fervoroso.

Eran días aciagos. Con la ayuda protagónica y televisiva del presidente Chávez, las Farc buscaban imponer un nuevo despeje del territorio y un canje de sus presos en las cárceles por secuestrados como Ingrid Betancourt. Ya un mes antes habían montado un espectáculo grotesco con personalidades internacionales encabezados por el director Oliver Stone, con el fin de presenciar la liberación de Emanuel, el hijo de la entonces secuestrada Clara Rojas. Les salió, como se dice crudamente, el tiro por la culata porque ya no estaba en su poder el niño.

Todo ese esfuerzo mediático de las Farc colapsó el 4 de febrero de 2008. Fue tan unánime y público el rechazo que me atrevo a sugerir, que ese día fue el punto de inflexión de la lucha de la sociedad colombiana contra la guerrilla más antigua del continente. En marzo murió Raúl Reyes en una acción que acabó con el mito de invencibilidad del Secretariado, falleció “Tirofijo” y a Iván Ríos lo traicionaron sus propios hombres; en julio la operación Jaque les arrebató sus trofeos (sí, así es el respeto con que las Farc valoran sus secuestrados), y en 2010 y 2011, “el Mono Jojoy” y Alfonso Cano sufrieron el mismo desenlace que sus compañeros.

Al igual que hace siete años, nos encontramos en un momento crítico en la relación del país con las Farc. La división entre los que apoyan abiertamente las negociaciones y los que se oponen – tildados todos equivocadamente como uribistas- está favoreciendo los intereses del grupo guerrillero. Divide y reinarás.

Por eso era tan oportuna la propuesta de Mockus. Una manifestación a favor de la vida conmemorando nuestro 4-2-2008 sería un mensaje contundente a las Farc de “No más”. No más dilaciones. Acepten su responsabilidad, firmen el acuerdo, dejen las armas y agradezcan el gesto de la sociedad. Estoy seguro que esa movilización hubiera reunido a todos los bandos de la sociedad. Hubiera sido muy difícil para el ex presidente Álvaro Uribe oponerse.

Pero no fue así. Mockus se dejó convencer por el senador Iván Cepeda que esa fecha podría ser mal recibida por las Farc. Que se podría afectar la mesa en La Habana. Que mejor el 8 de marzo que conmemora a la mujer.

Todo lo que ha ocurrido desde entonces – la divulgación del contrato de Corpovisionarios con el Comisionado de Paz-, la abierta oposición del Centro Democrático, la polarización de la convocatoria- se pudo haber evitado. Lástima. 
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