OPINIÓN

Erick Behar Villegas

La Berlín Humana y la polarización que vivimos en Colombia

La izquierda radical de Berlín empezó con un traspiés enorme.
25 de septiembre de 2026 a las 10:00 a. m.

Para muchos, la escena fue alarmante. En medio del triunfo de la izquierda en Berlín, aparecieron miembros del crimen organizado en la fiesta, tal y como lo reporta Der Spiegel. Mientras tanto, en otro estado federal ganó el que la misma revista llama de forma algo amarillista “el hombre más peligroso de Alemania”, pero del polo contrario. De esta polarización podemos sacar algunos pensamientos para Colombia y su futuro, así la comparación no sea fácil.

La noche del 20 de septiembre fue una sorpresa para algunos en Berlín. Recordemos que Alemania es un estado federal en donde hay elecciones por bundesland (estado federal) que ocurren en momentos distintos. El partido de izquierda Die Linke, algo radical comparado con la socialdemocracia (SPD), triunfó de lejos, dejando claro un malestar social que vive la gente en Berlín por los arriendos astronómicos, el desorden y la falta de soluciones del partido de gobierno (CDU, que actualmente también gobierna a nivel nacional y se encuentra sumido en una crisis histórica).

En Sajonia-Anhalt (Sachsen Anhalt), ganó recientemente el AfD (Alternativa por Alemania), partido que ha ido sumando un apoyo enorme, así como críticas masivas por su oposición a la migración, por sus contradicciones, un programa económico extraño y, en muchos casos, radicalismos que despiertan miedos por lo que pasó en Alemania en el siglo XX. Que la economía no esté muy bien ayuda en últimas a potenciar visiones extremistas.

La izquierda radical de Berlín empezó con un traspiés enorme. La opinión pública está cuestionándola duramente por su cercanía con clanes criminales. Hay chats publicados donde uno de sus políticos habla de tú a tú con el hijo de uno de los jefes del clan más famoso. A raíz de esto, resuena una cita del gran Alexander Solzhenitsin, autor de Archipielago Gulag y sobreviviente del stalinismo: “Un sistema marxista se reconoce cuando se protege al criminal y se criminaliza al opositor”. Más allá de la tormenta, lo interesante es ver cómo se prometen cosas que al final pueden golpear más a la ciudad, por ejemplo, expropiar, porque si hay algo que acompaña la polarización, es la emoción.

Para los lectores en Colombia, hablar de una Berlín Humana tiene una conexión que hago con simbolismo: la fatídica Bogotá Humana de Petro. Decir que son o serán iguales es absurdo, pero ver cómo su narrativa alimenta la polarización nacional nos sirve mucho para pensar en el futuro de una Colombia ojalá menos dividida.

Cuando se habla de una ciudad más social —en sí un fin noble— se pueden tomar decisiones irresponsables. En Berlín, por ejemplo, congelar arriendos con populismo o expropiar empresas de vivienda es una muestra de lo que puede venir. Y en Bogotá, por ejemplo, el modelo de basuras con camiones viejos para atacar a los privados, sumado a la fantasía del metro ligero que frenó a Transmilenio, fue un tributo a lo innecesario.

En el 2025, publiqué un artículo en una colección alemana sobre la polarización desde un punto de vista psicológico y económico. No hay duda sobre cómo polarizar lleva a fomentar conflictos. Más grave aún, cuanta más crisis social haya, más extremas se vuelven las visiones, haciendo urgente que la economía esté bien para que las narrativas extremistas pierdan apoyo.

En los 80, Robert Abelson escribió una idea muy poderosa: las creencias son como las posesiones (beliefs are like possessions). Por ello es tan difícil cambiar de opinión; el cerebro prefiere la consistencia y no la disonancia. A esto se suma lo que otros autores han encontrado. Molnar y Loewenstein dicen que ni siquiera escogemos nuestras convicciones, porque la influencia cognitiva de lo que nos rodea es tan fuerte, que puede desarmar nuestro espíritu crítico. Si estamos en un ambiente represivo, ni hablar.

Esto me lleva a pensar con optimismo, así la imagen sea poco alentadora. Aquí pienso en Colombia, que con desarrollo económico puede superar la alimentación peligrosa de narrativas que llevaron a que existiera la contradictoria Bogotá Humana, y peor aún, la grotesca Colombia Humana, un acervo de incoherencias y discursos bonitos, mientras la corrupción arrasaba con parte de las instituciones e impulsaba la polarización.

Si el Gobierno de Abelardo logra levantar a Colombia socioeconómicamente y en seguridad, eso será más humano y desarmará narrativas radicales, permitiendo que llegue un gobierno que continue el legado de forma técnica. En otros lugares del mundo, inclusive en países avanzados y admirados como Alemania, es claro que la polarización no es un fenómeno aislado e inofensivo, sino que requiere espíritu crítico, conocimiento técnico y prosperidad para frenarlo.