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Opinión

  • | 2017/05/13 22:15

    Los ni-nis

    Si no es por este referendo discriminatorio de la morales, que afortunadamente no progresó, no nos hubiéramos percatado de que el Partido Liberal decidió dejar la política criminal en manos de Dios.

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Pongámonos serios: ni el Partido Liberal es liberal; ni Cambio Radical, del precandidato Germán Vargas, busca impulsar un cambio extremo; ni el Centro Democrático, partido controlado en todos los niveles por su caudillo –como también lo hace Marine Le Pen en el Frente Nacional–, es de centro ni democrático. (Ni siquiera los verdes, que son un partido decente, son verdes; ni La U es La U porque Uribe, que lo fundó, armó rancho aparte y el cascarón que dejó no es más que un partido de garaje que solo se activa en las épocas electorales).

Del glorioso Partido Liberal, que en su época dorada se llegó a conocer como “el partido del pueblo”, no queda ni la muestra. Despreciar los estatutos aprobados por las bases liberales para que el expresidente Gaviria pueda seguir manejando a su antojo lo que queda de ese partido no es propio de un partido del pueblo, sino de uno en donde las clientelas imponen sus privilegios.

Pero, además, una colectividad que permite que en su nombre se impulse un referendo discriminatorio como el que propuso la senadora Viviane Morales contra las madres cabeza de familia, los divorciados y los homosexuales; un referendo que además pisotea las bases que fundamentan nuestro Estado laico al poner la Biblia por encima de la Constitución difícilmente puede llamarse liberal.

Será tan poco liberal este liberalismo de hoy que en la votación que se dio en la Comisión Primera de la Cámara, y que terminó por hundir este esperpento, resultaron más librepensadores los conservadores –de ocho, siete votaron en contra del referendo– que los representantes liberales –de los nueve representantes liberales, siete votaron en contra–.

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Es decir, ni los liberales ni los de Cambio Radical –cuyos representantes votaron todos a favor del referendo– fueron capaces de salir en defensa de las madres cabeza de familia, de los solteros y de los homosexuales. Por el contrario, uno de los representantes de Cambio Radical, sin ningún reato, dijo que las mujeres debíamos dejar de trabajar porque nuestro deber era quedarnos en la casa al cuidado de los hijos, y como si estuviéramos en el siglo XIX nos culpó de la crisis de la familia. Ese es el valiente cambio radical que propone Cambio Radical: que las mujeres nos devolvamos en la historia para que los hombres puedan seguir dirigiendo el mundo.

Tampoco fueron capaces ni el Partido Liberal ni Cambio Radical de ripostarle a Carlos Alonso Lucio por su discurso intolerante, lleno de odio contra los que no somos cristianos. Lo dejaron que insultara a las solteras, a los solteros y a los homosexuales, como si en este país la Constitución del 91 fuera un pedazo de papel insignificante y una obra del diablo.

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Pero aquí no termina este destape. ¿Saben cuál fue el único miembro de esa comisión que se atrevió a decir que se regía por la Biblia y no por la Constitución?: …el ‘liberal’, Silvio Carrasquilla.

Más insólito que esta confesión, tan opuesta al ideario del partido de López Pumarejo, de Echandía, es que no suscitó ninguna reacción en la jerarquía liberal, que hasta hoy ni siquiera se ha dado por aludida. Muy por el contrario, hemos sabido que el representante Carrasquilla fue exaltado por el liberalismo quien lo delegó para que fuera su candidato en el Consejo Superior de Política Criminal, puesto que logró obtener tras derrotar al representante Navas Talero. Todo un crack ‘liberal’.

Vea pues: si no es por este referendo discriminatorio de la Morales, que afortunadamente no prosperó, no nos hubiéramos percatado de que el Partido Liberal decidió dejar la política criminal en manos de Dios.

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Ya es hora de que el país se dé cuenta de que ese partido que hoy se llama Liberal va camino a convertirse en el gran partido cristiano del mañana. Es hora de que nos demos cuenta de que Cambio Radical es el partido del statu quo, y que el Centro Democrático, lejos de ser un partido de centro, como dice Iván Duque, uno de sus precandidatos, es un partido que aglutina a la derecha radical que va desde el liberalismo de Viviane Morales y Carlos Alonso Lucio hasta el extremismo hirsuto de Fernando Londoño; el exministro ha confesado sin tapujos que el uribismo no quiere este acuerdo de paz ni ningún otro porque lo que pretende es devolvernos a la guerra contra las Farc que ya dejamos. Si esto es una promesa de un partido de centro, doctor Duque, entonces Colombia en verdad se parece a Dinamarca.

Es hora de que abramos los ojos para saber bien por quién de todos estos ni-nis votamos.

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