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Opinión

  • | 2013/12/02 00:00

    Izquierda pa’ un carajo

    Acaso no es mejor negocio para la izquierda formar una fracción parlamentaria que pueda legislar en favor del pueblo.

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Hasta el heroico y astuto Odiseo se tapó con cera los oídos para no dejarse tentar de los cantos de sirenas. Amárrenme de pies y manos al mástil, ordenó a sus hombres, porque no quiero perderme en espejismos.  

Es recomendable que los principales líderes de la izquierda colombiana aprendan de este pasaje mitológico. No sigan creyendo en pájaros preñados y escuchen a la gente. La gente que los votó los quiere juntos. Sus votantes son humanos y están hartos de superhéroes y desean que sus representantes se comporten humanamente.  

Repasemos la lección para no perder las dos asignaturas pendientes: Elecciones al Congreso y primera vuelta presidencial. Tal como está el tajo se perderán los dos exámenes y habrá que esperar otros cuatro años. Cuatro años penando por el desierto y con la cantimplora semivacía. Mientras, el Berlusconi colombiano, desde su butaca en el Congreso querrá con su chispa encender el polvorín colombiano.

Robledo es un buen parlamentario. Él y unos cuantos más del Polo Democrático Alternativo (PDA) que, se podrán contar con los dedos de una mano, seguirán denunciando las políticas contra el pueblo, dejarán “constancias históricas” y con suerte tumbarán un ministro. Un saludo a la bandera, queridos amigos, porque a las políticas de la derecha no se les derrota con sólo debates sino mediante una combinación de lucha callejera y fuerza real en el legislativo. 

Que la derecha apruebe leyes económicas y sociales y elija altos funcionarios retrógrados mientras la izquierda deja constancias en los anales del Congreso. Un mal negocio desde donde se mire. Acaso no es mejor negocio para la izquierda formar una fracción parlamentaria que pueda legislar en favor del pueblo. Una acción sencilla.    

Cinco lobos aullándole a la luna despiertan sentimientos románticos, pero la gente del pueblo está lejos de vivir de la poesía. Con el grupito que elija el PDA - si van solos a las legislativas - la candidatura de Clara López se vuelve una mamadera de gallo. Quisiéramos ver a Robledo y Clara, junto a todos los matices de la izquierda, gobernando al país.     
 
Vamos con Antonio. Navarro y su combo fueron por lana y los están trasquilando. Su ocurrencia de aliarse con los Verdes (cuáles Verdes) seguramente se inspiró en el pensamiento de que las elecciones se ganan con el apoyo de las capas medias, es decir, con la masa que además de comida consume otros bienes y servicios. Una operación propia de los escenarios políticos europeos pero poco convincente para un país colmado de pobres como es el caso de Colombia. 

Una maniobra política ruinosa para la gente de Navarro que alcanzaron a hacer un par de regatees y enseguida les metieron una zancadilla: Enrique Peñalosa. Los uribistas deben estar carcajeándose y frotándose las manos de felicidad puesto que podrían tener dos opciones a la presidencia: Zuluaga y Peñalosa. Ganarían con la derecha y con la “izquierda”. Votantes de izquierda votando por un eventual candidato del uribismo. Un chiste. Je je je… 

Petro, recomiéndale a Navarro que desbarate ese mamarracho. Hasta un ciego lo ve y Fajardo y Mockus, que gozan de buena visión, se dieron cuenta de que era un mamarracho. Piensa, Petro, que en estos tiempos difíciles los únicos que están dándote la mano son la gente de la izquierda militante, porque los hipócritas que llegaron a ti sólo para llenarse el buche con un pedazo de tarta, salieron corriendo cuando la vaina empezó a ponerse maluca.    
La dirección colegiada de la Marcha Patriótica, por su parte, dejó a su eventual electorado flotando en el purgatorio a la espera de mejores tiempos que, no hay manera de pronosticarlo, pueden ser peores. Una revolución no se hace con titubeos. Como los creyentes: están pensando sólo en el futuro y dejan de vivir el presente.  

Las brasas de las protestas agrarias, estudiantiles y sociales sucedidas durante el 2013 aún transmiten calor pero corren el peligro de extinguirse. De estas protestas han surgido liderazgos reales. Mujeres y hombres con presencia mediática que bien podrían lucir en el legislativo y no en una prisión. No olviden que hay sectores del establecimiento empeñados en continuar con la judicialización de los líderes sociales.

La dirigencia de la Marcha Patriótica debe pensar que no hay oposición entre la lucha reivindicativa más radical y una severa actividad parlamentaria. En Cataluña, por ejemplo, las Candidaturas de Unidad Popular (CUP), de origen asambleario, se ha convertido en el partido revelación en el Parlamento por su lúcido desempeño legislativo. Hay que llevar al Capitolio el palabrerío y la causa de los movimientos sociales. ¿No está mal? ¿Verdad?             

La Izquierda chilena nos acaba de brindar una lección sobre cómo cultivar electoralmente la protesta ciudadana. Cuatro líderes estudiantiles, todos menores de 27 años, fueron elegidos a la Cámara de Diputados con votaciones abrumadoras. El caso chileno es paradigmático y progresa sobre tres asuntos: unidad programática, promoción de los liderazgos callejeros y un gradual relevo generacional. El Partido Libre de Honduras, otro ejemplo, resistió el golpismo en la calle y pelea la presidencia en las urnas.  

Iván Cepeda ha enviado una angustiosa carta a los principales dirigentes de izquierda para llegar juntos a las dos citas electorales: Congreso y Presidencia. Aída Avella fue elegida por el congreso de la Unión Patriótica para impulsar una candidatura unitaria de la izquierda que puede ir más allá de ella misma. Antanas Mockus, un político programático, expuso una idea legislativa dirigida a desarrollar los eventuales acuerdos que se acuerden con las guerrillas. El PDA y Progresistas cuentan con cuadros y gente que saben hacer sus deberes. La dirigencia de la Marcha Patriótica puede volver a reunirse y mirar bien el asunto.      

Juntando estos líderes y fuerzas, amén de las candidaturas indígenas, afrodescendientes y otras bolas que por ahí andan rodando, se puede ganar un peso real en el Congreso y disputar la presidencia. Hay con quien dar la pelea y ganarla. Una fuerza progresiva que gobierne y transforme estructuralmente al país. 

Júntense ahora para que después, cuando venga el desastre por cuenta de la ceguera y la pedantería, no salgan con el cuento de que yo no fui. Ustedes son los que tienen la sartén por el mango y se los digo con franqueza: tanta gente buena y luchadora pa’un carajo.
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