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Opinión

  • | 2017/02/24 08:57

    Matar más, aterrorizar mejor

    El asesinato de un joven auxiliar de policía cuyo cadáver fue llenado de explosivos y utilizado como señuelo para herir a otros siete agentes en el norte de Bogotá, en diciembre pasado, era más que suficiente para saber que el ELN estaba escalando sus acciones terroristas en la capital. En vez de asumir el desafío de esa amenaza, el Gobierno prefirió negar, negar y negar.

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El comandante del Ejército, general Mejía, dos semanas después descalificó públicamente un radiograma (Ver documento1 y documento2) sobre un eventual atentado en Bogotá por parte de esa guerrilla: “No existe hoy ninguna amenaza de carro bomba, ninguna amenaza de un acto terrorista que nos preocupe”, afirmó. Esta semana el atentado cerca de la plaza de toros ratificó que la información sobre un inminente atentado era verídica y que por andar negando no se tomaron las medidas necesarias para evitar un nuevo ataque contra nuestros policías. El resultado de esa “ligereza”: más de 30 personas heridas y un patrullero asesinado. ¿Qué pensará ahora el general?

El ELN aprendió la lección de sus camaradas de las FARC. Para negociar con éxito con el gobierno de Santos hay que matar más y aterrorizar mejor. Hay que hacerlo de forma sistemática, brutal, eficiente y que no deje duda sobre la férrea decisión de continuar los ataques y descalarlos si es necesario. Se trata de demostrar aparente fortaleza, al tiempo que saltar de la lucha por el control territorial al control de la psicología colectiva.

Según las estadísticas del Ministerio de Defensa, con el inicio de las conversaciones entre el Gobierno y las FARC los actos de terrorismo, en su mayoría perpetrados por ese grupo, pasaron de 472 en el 2010 a 894 en el 2012 y los ataques contra la infraestructura se multiplicaron casi por cuatro, al saltar de 116 en el 2010 a 405 en el 2013. Abordar un nuevo proceso de paz se debía hacer desde una supuesta posición de fortaleza que sustituyera la idea de derrota que dejó la Política de Seguridad Democrática.

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Ante la imposibilidad de concentrar grandes grupos y atacar unidades militares completas o tomarse pueblos, como sucedía una década antes, optaron por actos terroristas, empleo de pisasuaves, francotiradores, artefactos explosivos improvisados y concentrar sus ataques contra miembros de la fuerza pública. El escalamiento de la actividad terrorista, al tiempo que atrapaba al Gobierno en la dinámica de la negociación, les funcionó. Cuando las cosas se complicaban en la mesa ordenaban desde La Habana matar más, como ocurrió con la masacre de 11 soldados en Buenos Aires, Cauca.

El caso del ELN no tiene por qué ser diferente. La urgencia de demostrar fuerza es mayor. Son tratados por el Gobierno, los medios de comunicación, la comunidad internacional y la sociedad como una cosa menor. La firma del Acuerdo con las FARC amenaza con dejarlos en la irrelevancia política, o reducidos a una banda criminal. Sienten que quieren darles “contentillo" con los sobrados que dejó Timochenko y que sólo con demostraciones de violencia pueden imponerse.

El V Congreso del ELN efectuado en enero del 2015 trató su “Nueva Visión Dinámica Operacional”. El grupo definió una línea de acción violenta que al parecer implica un salto cuantitativo y cualitativo. Definieron que la respuesta ante la ofensiva del Estado es la defensiva estratégica que se desarrolla “a través de operaciones defensivas y ofensivas”, en el marco de la cual la defensa diluida en todo el territorio es la forma de actuar ante el intento de la fuerza pública de controlar zonas donde esa guerrilla delinque. La forma de operar ahora se basa más en “inteligencia, fuerza profesional especializada y la tecnología” y en la proyección de “acciones de más envergadura”.

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La organización adoptó el Plan Nacional Militar Urbano 2017, que comprende la creación de cuadros urbanos con el fin de avanzar en la constitución de una Frente de Guerra Urbano Nacional en 10 ciudades: Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga, Barrancabermeja, Cúcuta, Popayán y Neiva. En ese contexto plantean crear “escuelas de suboficiales urbanos” para adiestrar tropas especiales, equivalentes a las “fuerzas especiales” de las FARC. El mismo Plan incluye acciones terroristas.

El ELN juzga que el terrorismo le es funcional. Gabino y compañía deben creer que eso ayuda a presionar un cese bilateral que paralice la fuerza pública en su contra, les permita proyectarse como alternativa para individuos radicalizados, recoger disidencias de las FARC o guerrilleros que después de pasar por las zonas veredales de normalización se decepcionen del proceso y decidan volver a las armas. También para dejar claro al país y al mundo que la tal paz no existe si no hay acuerdo con ellos.

Hasta el final del 2011 coordiné el Comité Antiterrorista de Bogotá. Para esa fecha no había células con capacidad operativa del ELN en la ciudad y el propósito era impedir atentados tanto de ese grupo como de las FARC. Los elenos carecían de la posibilidad de realizar inteligencia para atentados terroristas y menos de consumarlos. No era nuevo. Hacía muchos años el ELN no contaba con redes operativas para ese tipo de acciones. ¿Qué pasó después? ¿Por qué no se continuaron con rigurosidad las actividades de prevención del terrorismo en la ciudad? ¡Ojo, el ELN va a seguir matando en Bogotá! Y la Policía seguirá siendo su primer objetivo.

Sígame en @RafaGuarin

Ex viceministro de Defensa Nacional

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