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Opinión

  • | 2006/09/23 00:00

    Un extraño debate

    Un régimen de bancadas funciona sobre la base de que a los ataques al ejecutivo por la oposición responden los parlamentarios de la coalición de gobierno

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No fue usual en estas tierras el sano y necesario ejercicio del control político al Ejecutivo que, en el marco de cualquier democracia, debe hacerse en el Congreso. En cambio ha sido normal que, a falta de los famosos 'auxilios', los gobiernos, en la búsqueda de asegurar el éxito de su agenda legislativa, manejen sus relaciones con los congresistas a punta de puestos y nombramientos diplomáticos. Me consta que el presidente Uribe se apartó de este vicio en los primeros dos años de su gobierno. La búsqueda de la reelección inmediata, empero, echó al traste ese empeño encomiable y quebró el dique que contenía el voraz apetito burocrático de los parlamentarios. Agrego que también han faltado, desde hace varios lustros, estructuras partidistas sólidas y con clara definición ideológica.

En la búsqueda de solucionar esos resabios, en el cuatrienio pasado se aprobaron leyes dirigidas al fortalecimiento de los partidos y a la reforma del sistema político, entre ellas la de bancadas. De manera que el modelo es nuevo entre nosotros y el gobierno y los congresistas no tienen todavía dentro de sus costumbres el operar políticamente en el marco de una estructura de grupos parlamentarios.

En ese contexto, hay que aplaudir que en el Congreso se controvierta la actividad gubernamental y se llame a los ministros a rendir cuentas. Es positiva, pues, la discusión sobre la actuación del gobierno en torno a los supuestos montajes de atentados terroristas.

Pero hay elementos que hicieron curioso el debate hecho al Ministro de Defensa. Lo singular no fue la agresividad del ataque de los voceros de la oposición. Más allá de sus argumentos, algunos injustificados, eso era lo esperado. Fueron extraños, en cambio, los embates contra Santos de miembros de la coalición de gobierno y la virulencia de estos.

Los discursos evidencian que la coalición es mucho más frágil de lo que se percibía. Si bien sabíamos de una fractura con Vargas Lleras, de indeseables consecuencias en las elecciones del Consejo Nacional Electoral y de las directivas del Legislativo, nadie esperaba que dentro de La U, el partido que Santos dirigió hasta hace un par de meses, hubiese quienes estuvieran dispuestos a disparar sobre el Ministro y en cambio casi ninguno alzara la voz para defenderlo. Más allá de la anécdota, la embestida demuestra, otra vez, que el sistema de bancadas está lejos de estar consolidado. Y que el partido de La U tiene serios problemas.

Un régimen de bancadas funciona sobre la base de que a los ataques al Ejecutivo por la oposición responden en su defensa los parlamentarios de la coalición de gobierno. En España, a los debates del PP a la gestión de Rodríguez Zapatero sigue su auxilio por los congresistas del Psoe. La política se construye sobre la base de que para atacar al Ejecutivo está la oposición. Y que su defensa le corresponde a la coalición de gobierno. Y no al revés. Cuando ocurre, como ahora, que la ofensiva viene desde las propias filas, el sistema entra en crisis.

Para evitar un mayor resquebrajamiento, el gobierno tendrá que hacer un esfuerzo por arreglar el embrollo que, al menos en parte, él mismo ha facilitado. Al sacar a sus jefes naturales para hacerlos ministros, el Presidente dejó sin liderazgo a La U. Al abrir la puerta de la burocracia, vía el inefable Sabas, dio lugar a que haya quienes se sientan maltratados en la repartición. Al evitar asumir sin ambages la guía indispensable en la conducción de la bancada, permitió que las vanidades y celos envenenaran el ambiente político de la coalición y que las discrepancias se ventilaran en público.

Como sea, es innegable que el gobierno, a pesar de tener la descomunal legitimidad de sus 7,4 millones de votos, vive serias dificultades para manejar su agenda legislativa en el Congreso. Si no corrige el rumbo, y me atrevo a sostener que no puede hacerlo sin que el mismo Presidente se involucre a fondo en las relaciones con los partidos de la coalición, vendrán tiempos peores.

Puntilla: la solicitud del ELN de amnistía para sus prisioneros con el pretexto de "dar solidez" al diálogo con el gobierno y su paralela descalificación de la necesidad del desarme y la desmovilización sólo prueban que en verdad la paz no les interesa.
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