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| 4/22/2017 10:00:00 PM

¿Por qué no los vacunan?

Un fuerte movimiento contra la inmunización está logrando que enfermedades que se creían erradicadas reaparezcan. Hoy son muchos los padres que ponen en riesgo la vida de sus hijos por no vacunarlos.

Hace unos meses, David y Collet Stephan se declaraban parte del movimiento antivacunas en Canadá. Nunca vacunaron a su hijo Ezekiel. Cuando el menor tenía 19 meses de edad contrajo meningitis. Sus padres, además, decidieron recurrir a la medicina alternativa y cuando vieron la gravedad de la enfermedad lo llevaron a un hospital, pero ya era demasiado tarde. A las dos semanas el bebé murió.

Lo preocupante es que este no es el único caso que se ha reportado. Ya son muchas personas en el mundo las que se niegan a vacunarse y a inocular a sus hijos, un fenómeno que crece y enciende las alarmas de la comunidad médica internacional.

Por falta de vacunación en países como Estados Unidos, Portugal, España o Italia resurgieron el sarampión, la tosferina, la difteria o la meningitis, que ya estaban casi erradicadas. Así lo declaró esta semana el doctor Luis Ortigosa en la séptima edición de las Jornadas Canarias de Actualización de Vacunas: “En estos momentos parece que las vacunas están en una encrucijada por la tendencia de muchos padres de no vacunar a sus hijos”.

En el caso del sarampión, que se había declarado erradicado en 2000, reapareció en Estados Unidos en 2014 cuando se registraron más de 600 infectados. Según un estudio de la Revista de la Asociación Americana de Medicina, los brotes se produjeron porque las personas no se vacunaban intencionalmente.

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Las principales razones del movimiento antivacunas están basadas en un estudio que publicó, en 1998, el médico británico Andrew Wakefield en la prestigiosa revista científica The Lancet, en la que aseguraba que la vacuna triple vírica –que inmuniza contra el sarampión, la rubéola y las paperas– causaba autismo. Sin embargo, investigaciones posteriores demostraron que se trataba de un fraude y que Wakefield había mentido porque pretendía comercializar la medicina alternativa. La revista incluso retiró el artículo de su índex, pero desde entonces se ha ido propagando el movimiento antivacunas por todo el mundo. De hecho el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha mencionado tal investigación para argumentar que no son obligatorias en los menores.

Siempre aparecen diferentes argumentos. Otros activistas que las rechazan aseguran que algunas enfermedades como la polio ya han sido erradicadas y por eso no es necesario vacunarse. Además, afirman que las dosis que les aplican a los menores es excesiva.

Para Teresa Valls, presidenta de la Asociación Galega de Pediatría de Atención Primaria, estas teorías son infundadas: “Está comprobado científicamente que son eficaces, que sus riesgos son mínimos y que sus efectos son inferiores a la enfermedad”.

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Por esta razón, la Organización Mundial de la Salud se propuso desmontar los mitos alrededor de las vacunas, entre los cuales están la idea de que causan la muerte súbita de los bebés, que hacen colapsar el sistema inmune y que producen comportamientos extraños o que tienen productos nocivos como el mercurio. La comunidad científica internacional encontró que las redes sociales tienen un papel fundamental para que estas mentiras se propaguen.
Las vacunas, desde 1901, cuando mostraron su eficacia para combatir la difteria y el tétano, han servido para evitar el padecimiento de una enfermedad y el tratamiento para curarla.

También han sido claves para detener epidemias que en otros momentos fueron fatales. Dentro de las casi 30 enfermedades que se pueden prevenir, o reducir su incidencia, están la difteria, el sarampión, las paperas, la tosferina, la poliomielitis (parálisis), la rubeola, el síndrome de rubeola congénita (CRS), tétanos e Hib.

No hay que olvidar que varias enfermedades de las que previenen las vacunas pueden causar la muerte como el sarampión, que en los años cincuenta provocó, en promedio, 2 millones de muertes al año. Y que males como la meningitis, que también se puede prevenir, generan sordera y ceguera. Así mismo, los agentes que producen estas enfermedades aún están en el ambiente y por eso la vacunación sí es necesaria. Marck Doherty, Ph. d. en enfermedades infecciosas, subraya los logros de la humanidad gracias al avance de la ciencia en el tratamiento y prevención de enfermedades: “A veces se nos olvida que a principios del siglo XX los países tenían una esperanza de vida de 60 a 65 años, en parte por la mortandad que producían enfermedades que hoy ya se pueden prevenir con una vacuna”.

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Los expertos señalan que, al eliminar las enfermedades infecciosas, desde 1700 se ganaron 55 años de vida y a partir de 1900 se ganaron otros 35. “Un bebé que nace hoy –dice el científico Philippe Denoel– llegará a vivir 100 años gracias a que se pueden prevenir alrededor de 22 males”.

En Colombia el problema, más que de un movimiento, es de desinformación. Hace seis años Juana Estrada perdió a su bebé de 30 días. Su abuelo la contagió de tosferina. “Mi padre no se había vacunado nuevamente contra esta enfermedad. Yo tampoco lo hice en el embarazo y menos cuando mi hija nació. Si hubiera estado vacunada, ella estaría viva”, lamenta la que es hoy fundadora de Salomé Salva una Vida, una organización que busca concienciar a padres acerca de la importancia de inmunizar a los hijos.

Estrada no estaba lo suficientemente informada para proteger a su familia de esa enfermedad: “Colombia tiene una buena cobertura de vacunación para los menores. El problema es la ignorancia de los adultos. Muchos todavía piensan que cuando los vacunan afectan su organismo porque te inyectan una bacteria, pero estas son inactivas y solo fortalecen el sistema inmune. Lo que realmente puede matar son las enfermedades por falta de cuidado”.

El coordinador nacional del Programa de Vacunación, Diego Alejandro García, dice que en Colombia el movimiento antivacunas no ha tenido mayor repercusión y que la cobertura en menores es del 92 por ciento. “Sin embargo, hay un pequeño sector en los estratos medios-altos que recurre a la medicina alternativa y ha dejado de vacunarse. Con todo, en Colombia se presentaron 6 casos en 2015, mientras que en Ecuador fueron 200 casos en el mismo año”, recalcó.

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Sin embargo, preocupa el caso de la vacuna del VPH, virus del papiloma humano, que causa cáncer de cuello uterino. El caso con las niñas del Carmen de Bolívar ha hecho que los padres tengan temor de vacunar a sus hijas por los desmayos colectivos que se produjeron en 2014. El Instituto Nacional de Salud realizó un estudio y aseguró que no había relación entre la vacuna y las personas afectadas. sino que se trató de un episodio de histeria colectiva, y la OMS sigue recomendando la vacuna.

Un estudio publicado en 2016 por la Revista Pediatría y avalado por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) demostró que sí hay una disminución de más de la mitad de casos de cáncer de cuello uterino en el número de adolescentes entre 13 y 19 años, afectadas por el VPH.

García recordó que en el país cualquier ciudadano puede acceder a las vacunas de forma gratuita en cualquier centro médico público, gracias a la inversión de más de 350.000 millones de pesos que hace el gobierno.

A pesar del daño causado por el movimiento antivacunas, la comunidad científica continúa trabajando y esperan tener resultados pronto contra enfermedades como el alzhéimer, el ébola, el zika, el VIH, varios tipos de cáncer y la malaria.

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