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| 7/8/2017 10:15:00 PM

El dilema del hijo favorito

Numerosos estudios han encontrado que la mayoría de los padres prefieren a uno de sus retoños. Aunque es normal, hay que saber manejarlo para no afectar la salud mental de los hermanos. Los expertos aconsejan qué hacer.

Juan Diego, de 9 años, arma berrinche cuando ve que su mamá, Blanca, le presta más atención a Felipe, de 11 años. Y al mayor le molesta sobremanera ver que su papá, Jorge, le trae más regalos y juguetes al menor. “En ocasiones ambos se van a los golpes y mi esposo y yo no sabemos cómo lidiar con la situación, pues sentimos que los queremos a ambos por igual”, cuenta Blanca. Casos como este son pan de cada día en los hogares y aunque la mayoría de los padres niega sentir preferencia por uno de sus hijos, para no herir los sentimientos de los demás ni llenarse de culpas, esta situación salta a la vista de todos y es un tema bastante espinoso que hay que saber manejar con tranquilidad.

Varios estudios científicos han demostrado que este fenómeno es completamente natural. Uno de los más recientes, publicado en la revista Journal of Marriage and Family, reveló que el 75 por ciento de las mamás sienten especial cariño por uno de sus hijos, mientras que el 70 por ciento de los papás también aceptan tener un favorito. La psicóloga María Elena López, experta en el tema, señala que es muy común y forma parte de la dinámica familiar. “Normalmente se evidencia en situaciones cotidianas como cuando los papás le ponen a uno de los hijos más labores que al otro, o también en la forma como premian su comportamiento y reconocen sus logros, lo cual denota ciertos privilegios”, señaló a SEMANA.

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Según el psiquiatra infantil Germán Casas, el favoritismo no se puede calcular de forma cuantitativa, sino cualitativa. Esto quiere decir que no se mide el cariño que los papás le dan a un hijo, sino la forma y el momento en que lo hacen. “Los papás desarrollan un mecanismo psicológico inconsciente que les permite darse cuenta por instinto de cuál de sus hijos necesita más afecto, atención y protección. Es una situación que varía con los años”, dijo el experto a esta revista. Casas afirma que en la primera infancia es más común ver que los papás se apegan más a sus hijas, mientras que las mamás a los hijos. Pero una vez entran en la adolescencia el fenómeno es inverso y sienten más necesidad de identificarse con el hijo del mismo sexo.

Anteriormente se pensaba que el mayor gozaba de mejores privilegios que sus hermanos, o que el menor era el más sobreprotegido y el del medio el olvidado. También se creía que los varones disfrutaban de mayores privilegios que las mujeres. Sin embargo, esto ha cambiado con el tiempo. Según López, en las generaciones anteriores el mayor y el menor tenían un rol específico muy definido y eso determinaba la relación con los padres y la actitud de ellos frente a ese lugar que ocupaban en la familia. Hoy en día, en cambio, con el mundo globalizado los niños son más autónomos y viajan solos, y las niñas tienen mayor libertad. Así que el orden de nacimiento es un factor que influye, pero no de la misma forma que en el pasado.  

López señala que la afinidad atrae y es otro motivo de preferencia. “Algunos hijos tienen rasgos de personalidad muy parecidos a uno de los padres, así como gustos o talentos similares. Esto puede generar mayor empatía y compatibilidad entre ambos”, dice la experta. Por eso la relación puede ser más armónica y llevadera. Pero también a veces los papás pueden encontrar en uno de sus hijos algo que siempre han añorado, como por ejemplo la excelencia académica o aptitudes para el arte o el deporte, lo cual los inclina a prestarles más atención.   

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Sin embargo, como explica la psicóloga Ellen Weber Libby, autora del libro The Favorite Child, al diario The Wall Street Journal, cuando ese trato preferencial hacia uno de los hijos es demasiado notorio y deliberado, con episodios de maltrato físico o psicológico, “se puede cruzar fácilmente la línea de lo que es sano”. Esto desde luego obedece a situaciones de la vida que los han obligado a distribuir sus afectos de forma desequilibrada y se presenta principalmente en familias disfuncionales, donde hay mucho conflicto entre los papás o incluso un divorcio de por medio.

Libby afirma que lo que deben hacer los padres es reflexionar y reconocer que a veces se les puede ir la mano al tratar de forma desigual a sus hijos, pues muchos ni siquiera lo aceptan y esto empeora las cosas. De hecho, un estudio que apareció en 2014 en la revista Journal of Family Psychology reveló que tan solo la percepción del favoritismo entre los niños tiene un impacto en su conducta. Los que piensan que no los tratan por igual tienden a ser más propensos a sufrir depresión crónica y baja autoestima, así como a meterse en problemas durante la adolescencia y adultez. Otro estudio realizado por expertos de la Universidad Brigham Young, en Estados Unidos, encontró que los niños que sentían que sus papás eran muy distantes con ellos y solo les brindaban afecto a sus hermanos tenían el doble de probabilidades de consumir compulsivamente alcohol, drogas y cigarrillo.

Por otra parte, el hijo favorito más allá de gozar de muchos privilegios y de mayor apoyo emocional de sus padres también puede sufrir mucha presión por las altas expectativas que ponen sobre sus hombros. Adicionalmente, cuando es algo tan notorio las tensiones con los hermanos son bastante grandes y eso va en contra de su salud emocional.

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Como explica López, la clave está en lograr que el favoritismo tenga el menor impacto negativo posible. Por eso es importante que los papás estén muy atentos a que las diferencias no sean tan marcadas. “Tratar de reconocer y resaltar en cada uno sus virtudes, talentos y fortalezas así como sus defectos, pero sobre todo proporcionarles a cada uno con equidad los recursos, estímulos y condiciones que les permita crecer con igualdad de oportunidades”, dijo a SEMANA.

Casas, por su parte, señala que los papás deben dejar a un lado el sentimiento de culpa y no llenarse de explicaciones si sus hijos protestan por el trato desigual. “Eso solo los va a confundir. Hay que ser cuidadosos y saber en qué momento decirles que todos somos seres distintos y la relación que se forma entre cada uno es distinta y única”.

Los expertos también aconsejan evitar las comparaciones y comentarios como “¿por qué no puedes ser como tu hermano?”, pues resulta perjudicial para la armonía del hogar y la salud mental de sus hijos. También hay que saber repartir el tiempo para darle gusto a cada uno en la medida de lo posible y enseñarles a compartir para que no se vuelvan malcriados. Y escucharlos siempre cuando expresen que sienten que no los tratan bien. Finalmente, también puede ser útil que los papás hablen con otros familiares o amigos cercanos para preguntarles si ellos ven desde afuera que tratan a sus hijos con justicia.

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