Aunque la agenda oficial del Gobierno nacional en el pasado Congreso Empresarial Colombiano (CEC) de la Andi, en Cartagena, estuvo restringida porque muchos de los funcionarios tuvieron que enfrentar la tragedia originada por el terremoto de magnitud 7.4 en el suroccidente del país, la presentación de un funcionario despertó las expectativas entre los empresarios: Jorge Jaller, embajador designado de Colombia en Venezuela. Fue uno de los momentos más esperados y comentados del encuentro, por el interés del sector productivo de llegar a ese mercado en esta nueva etapa y capitalizar las oportunidades que allí se están generando.


De hecho, la relación con Venezuela volvió a ocupar un lugar central y estratégico en la agenda del sector privado y de los intereses nacionales de la diplomacia. Jaller presentó una lectura estratégica de la relación bilateral, sustentada en cifras que dan cuenta de la magnitud del reto comercial entre los dos países: llegó a superar los $ 7.000 millones de dólares en 2008, se desplomó hasta apenas $ 222 millones de dólares en 2020 y hoy se encuentra en una senda de recuperación gradual que los gremios proyectan podría alcanzar los $ 1.600 millones de dólares al cierre de 2026.
La hoja de ruta hasta 2028 propuesta por Jaller fue recibida por el empresariado como una señal de seriedad y visión de Estado, en momentos en que Venezuela atraviesa igualmente una emergencia humanitaria de grandes proporciones por los terremotos que registró el 24 de junio. La delegación colombiana insistió en que la reconstrucción del vecino país y la reactivación productiva deben abordarse con responsabilidad compartida, sin perder de vista la dimensión humana de la relación bilateral.
El nuevo embajador hizo un llamado explícito a los empresarios colombianos para que estudien con rigor el mercado venezolano, apostando por sectores como la agroindustria, la energía, el turismo y la reconstrucción. Este mensaje fue interpretado por diversos sectores como el reflejo de una política exterior que privilegia la cercanía, el diálogo directo y la construcción binacional por encima de la confrontación.
