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| 11/18/2017 10:25:00 PM

Cristo y De la Calle, la consulta solitaria

Los liberales definirán su candidatura este domingo entre Humberto De la Calle y Juan Fernando Cristo con bajas expectativas sobre la participación y con enormes dificultades para lograr un consenso en el partido del trapo rojo. Así avanza la jornada.

Contra viento y marea, después de largos meses de discusiones, conflictos y no pocas bajas, la consulta popular para escoger al candidato liberal se llevará a cabo este domingo. A la cita solo llegarán dos precandidatos: Humberto de la Calle y Juan Fernando Cristo. En el camino se quedaron Juan Manuel Galán, Viviane Morales, Sofía Gaviria y Édinson Delgado. Las dos mujeres salieron porque no se comprometieron a firmar una declaración, con el argumento de asegurar el compromiso con el credo liberal, que las obligaba a apoyar el proceso de paz. Y tanto Morales como Gaviria tienen profundos reparos en ese tema. También se marginó Galán, que quería participar, pero si la consulta se hacía en marzo del año próximo.

Los hasta ahora pocos liberales que se han hecho presentes en la Plaza de Bolívar tienen expectativa por saber finalmente quién será su candidato presidencial. Foto: Guillermo Torres

La consulta, como mecanismo, es una fórmula democrática y totalmente reglamentada en las normas. Los rojos la adoptaron por primera vez en 1990, cuando triunfó César Gaviria, pues había sido la gran bandera de Luis Carlos Galán, a quien todas las encuestas daban como favorito para ganar la elección interna en el partido y para alcanzar posteriormente la presidencia. Escoger el candidato por votos y no por una convención fue una novedad que abrió la puerta al regreso de Galán a la colectividad. Desde entonces, la gran mayoría de los candidatos liberales de ese partido han pasado por ese mecanismo. En los comienzos, ganar la consulta prácticamente equivalía a ganar la presidencia. Y garantizaba, además, la unidad de los rojos.

Si quiere leer las entrevistas con ambos candidatos: 

No ocurre lo mismo en la actualidad. La versión 2017 tiene grietas de legitimidad, al punto de que hasta último momento hubo intentos por desmontarla. El último, mediante una carta suscrita por 20 congresistas en apoyo a una petición de Viviane Morales y Juan Manuel Galán para cambiar la fecha y posponerla para el mes de marzo. También el director del partido, el expresidente César Gaviria, exploró alternativas para desmontar la consulta. El hecho de no haber acordado las reglas de juego antes de que comenzara la campaña hace que cada aspirante defienda la fórmula que más le conviene a sus intereses electorales. A estas alturas, un consenso es casi imposible.

Ante la falta de acuerdo, los rojos irán a las urnas en condiciones muy lejanas de las ideales y la mayor parte de los pronósticos vaticinan una participación baja. Así ha ocurrido en ocasiones anteriores cuando las consultas populares no coinciden con un día de elecciones para Congreso, cuando los partidos se movilizan y el país siente ambiente de campaña. Que la gente salga a votar un domingo cualquiera, sin que estén en juego más que los intereses de los políticos, es más difícil. Más aún cuando los rojos se quedaron solos, pues el Centro Democrático le había expresado a la Registraduría su interés en apelar al mismo mecanismo, pero al final lo desechó y optó por realizar una serie de encuestas. La última vez que los rojos hicieron consulta en el año anterior al de las elecciones, se elegían delegados para un congreso del partido, lo cual movió a parte de la maquinaria. Ninguno de esos incentivos existe este domingo.

La votación también podría resultar escasa porque la Registraduría le hizo un recorte al aparato logístico de la jornada. Como nunca antes, se desató un debate sobre el costo de la consulta -80.000 millones de pesos- considerado demasiado alto para definir un candidato que en las encuestas no figura en los primeros lugares. La discusión refleja la debilidad política que rodea a la elección, más que su magnitud en términos presupuestales. Consultas ha habido muchas en las últimas décadas y los recursos financieros nunca han sido un tema determinante para llevarlas a cabo. Pero de manera pragmática, ante la insatisfacción expresada, Gaviria y el registrador Juan Carlos Galindo acordaron recortar el número de mesas para reducir el costo a 40.000 millones de pesos.

“Estamos seguros de que vamos a triunfar”, dijo Juan Fernando Cristo tras depositar su voto. Invitó a participar en la #ConsultaLiberal. Foto: Guillermo Torres

La logística mermada, la ausencia de precandidatos que cuestionan la transparencia del proceso y la falta de ambiente de campaña no son los únicos problemas. Las escaramuzas fallidas para echar para atrás la consulta por primera vez abrieron al final algunas heridas entre Humberto de la Calle y Juan Fernando Cristo. Los dos habían competido tranquilamente. Era claro que querían ‘hacerse pasito’, que el que ganara podría contar con el apoyo del que perdiera, y que en términos ideológicos representaban propuestas muy coincidentes. Ambos quieren ser presidentes para garantizar la implementación de los acuerdos de paz con las Farc, en cuya ejecución jugaron papeles protagónicos: De la Calle como jefe del equipo negociador y Cristo como impulsor de la agenda legislativa en el Congreso para convertirlos en leyes.

Pero hubo rifirrafes. A pesar de su temperamento tranquilo y conciliador, Cristo habló con dureza contra el director del partido, César Gaviria, a quien acusó de ser juez y parte por su apoyo a la campaña de De la Calle. En el fondo, porque este último le alcanzó a coquetear a la idea de trasladar la consulta a marzo –después de que Cristo había aceptado la fecha de noviembre por petición de De la Calle– y porque entre Gaviria y Cristo se presentó un tire y afloje por conquistar congresistas del partido. Aunque las organizaciones electorales no se movilizan en noviembre como lo harían en marzo, en un clima de desmotivación de los electores, como el que hay hasta ahora, cualquier apoyo de maquinaria puede resultar decisivo.

 “No podemos dar marcha atrás en los procesos de participación”: Humberto De La Calle tras votar en Santa Ana Oriental. Foto: Carlos Julio Martínez

A De la Calle y Cristo los diferencia el tipo de apoyos con que cuentan, más que sus discursos o propuestas. De la Calle derrota a Cristo con amplitud en las encuestas, pero Cristo tiene el respaldo de casi toda la bancada roja, con la que ha venido trabajando durante años en calidad de senador y de ministro del Interior. De la Calle busca que su prestigio, su trayectoria y su éxito en la negociación con las Farc muevan a su favor a sectores de opinión. Cristo le apunta a que la elección sea, en la práctica, un evento de las bases del partido, en las que goza de amplias simpatías.

Más que la selección de un nombre o la decisión en torno a un programa, los rojos se están jugando el tipo de estrategia para la campaña presidencial. En un panorama de proliferación de candidaturas es claro que el Partido Liberal –que hace rato no es el de otras épocas cuando podía ganar elecciones presidenciales– deberá buscar alianzas. Y De la Calle y Cristo plantearían opciones distintas en esta materia.

El exjefe del equipo negociador de la paz ha tenido acercamientos con el grupo de Sergio Fajardo, Claudia López y Jorge Enrique Robledo. El segundo le apuesta a unificar el apoyo de las bancadas liberales y de La U, y exploraría una fórmula con la exministra Clara López. El camino de De la Calle es más incierto –porque no es claro que, con el trapo rojo, quepa en una coalición que busca una renovación política–, pero el de Cristo es más modesto y podría ser insuficiente para asegurar un paso a la segunda vuelta.

El panorama no es fácil para los rojos. Si la consulta resulta lánguida, no sería imposible que algunos parlamentarios aceptaran la tentación de unirse a una candidatura más sólida, como la de Germán Vargas Lleras. El escenario contrario sería asegurar la unidad para mantener la bancada en el Congreso y, a partir de allí, intentar acercamientos para la primera vuelta. Es una campaña por etapas. Y por ahora, es tan precario el cuadro, que entre los rojos predomina el sentimiento de “superar el 19 de noviembre”.

En fotos: La solitaria consulta del liberalismo

Lo que se puede anticipar es que, dependiendo quién resulte triunfador, el futuro liberal será diferente. Si gana Cristo, es casi seguro que De la Calle se retiraría. Y si este último obtiene la victoria, Cristo no solo lo apoyaría, sino jugaría un papel activo en la campaña. Ambos creen, in pectore, que con la candidatura en el bolsillo se abre una etapa de crecimiento y fortalecimiento en las encuestas. En la medida en que el panorama se aclara –y en otros partidos persisten las disputas sobre cómo escoger candidato- la claridad en las toldas rojas puede ser una ventaja en el corto plazo. Ese pensamiento puede tener algo de cierto, pero es efímero y es más fruto del deseo que de un análisis sereno.

Puede leer: "César Gaviria nos engañó": Juan Fernando Cristo sobre consulta liberal

De la Calle o Cristo pueden ser buenos candidatos, en la forma de hacer campaña y de desempeñarse en los debates. Pero, al menos en lo que se sabe hasta el momento a partir de los análisis y de las encuestas, la del 2018 no será una competencia entre partidos y parece, más bien, una elección en la que el voto castigo contra los partidos es muy rentable. De la Calle o Cristo –el que triunfe- no puede apuntarle a que el trapo rojo lo llevará a la casa de Nariño.

Vea el debate de Semana En Vivo entre los dos candidatos:

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