SEMANA: Usted es la médica a la que miles de colombianos han acudido en sus momentos más difíciles: una enfermedad terminal, la pérdida de un ser querido. La vida la puso hace poco del otro lado. ¿Por qué contar sus propios dolores?
Elsa Lucía Arango: Porque yo quiero desmitificar que los médicos no nos enfermamos. Todos nos podemos enfermar. Y las personas bondadosas y buenas también vivimos dolores. De hecho, yo a veces tomaba el pelo y decía: “¿Usted va a ser espiritual?”.
Quiero decirle que uno de los seres espirituales fue Jesús y lo crucificaron. Gandhi era muy espiritual y lo asesinaron. Entonces, yo tomo un poco del pelo: ser espiritual no te garantiza no tener problemas. Garantiza que con cada problema vas a crecer y vas a poderlo sobrepasar.
SEMANA: ¿Qué le pasó?
E.A.: Me encontraron un tumor cerebral. Venía dando señales, un dolor terrible en el pie. Fui a muchos médicos y a ninguno se le ocurrió que era eso. Lo encontramos porque tuve unos síntomas severos. Me operaron. Y el dolor del pie casi desapareció por completo.
Yo soy juiciosísima en practicar hábitos saludables. Como bien, hago ejercicio, duermo bien, trato de tener buenas relaciones. Pero eso no evita tener un cáncer o un tumor como el que me ocurrió a mí.

SEMANA: De esa experiencia usted escribió un libro: Hábitos espirituales. ¿En qué la ayudó eso a soportar el dolor físico?
E.A.: Repito una frase que tenga el nombre de Dios: “Jesús, hazme un instrumento tuyo” o simplemente “Jesús, Jesús, Jesús”. Y eso sabemos que reorganiza el cuerpo para tener más valentía, más coraje, más resiliencia, más aceptación, más inteligencia. En mi caso, mi cuerpo se demoró en dar señales.
Un día amanecí yéndome contra las paredes y llamé a mi hijo, Andrés. Le dije: “Tengo un tumor cerebral; por favor, bájame a urgencias”. No podía calcular los espacios. Me di cuenta de lo que tenía. Estuve cerca de la muerte, internada dos semanas en cuidados intensivos y luego no me acordaba de absolutamente nada.
SEMANA: ¿Qué pasó cuando despertó?
E.A.: No podía siquiera moverme, mucho menos caminar. He sido muy deportista, muy independiente. De repente, aprendí que tenía que necesitar asistencia todo el rato, enfermeras, fisioterapia. Fue un acto de humildad. Yo creo que sin los hábitos espirituales yo me habría enloquecido y habría enloquecido a los demás. He logrado recuperarme.
Me felicito, en el buen sentido de la palabra. He logrado tener valentía, capacidad de pedir ayuda, de recibirla y, de todas formas, lograr muchísimos momentos de paz.
SEMANA: ¿Cómo se mantiene la calma frente a un diagnóstico tan difícil?
E.A.: Lo primero es el contacto con lo sagrado, con Dios, con lo divino. Lo segundo es la aceptación. Si uno no acepta, se rehúsa, se enfada, se pone agresivo… Todos tenemos pérdidas. Yo tuve una de salud, pero se puede tener una pérdida económica o perder a un ser querido. Y en la aceptación está la conciencia espiritual.
Son situaciones para crecer, no son castigos. Nadie crece sin adversidad. Eso nos obliga a sacar lo mejor de nosotros. Eso no significa que se busque la adversidad, sino aceptar el destino que nos trae.

SEMANA: Volvamos a su libro. ¿Qué enseñanza comparte ahí para momentos como estos, pero también para la vida misma?
E.A.: Pensé que muchas personas me buscaban como médica para que les enseñara sobre espiritualidad. Y yo había escrito un libro, Sadhana, para un grupo más pequeño, que recogía las experiencias de un maestro espiritual de la India, Sai Baba, sobre cuáles eran las prácticas espirituales valiosas. ¿Valiosas para qué? Para encontrar a Dios.
Entonces, sadhana significa una serie de ejercicios espirituales que se hacen para encontrar el cuerpo contento, para encontrar cómo obrar bien. Porque la espiritualidad es tratar de ser un poco mejor cada día: es ser bueno.

SEMANA: Es muy complicado ser bueno en un mundo tan hostil.
E.A.: Me estaba leyendo justo un libro: ¿Cómo ser justo en un mundo injusto? Realmente, el mundo no es fácil, pero, si uno tiene hábitos espirituales, logra tener paz. Tenemos la gran ventaja de que ya ser feliz se ha vuelto una meta interesante.
Elsa Lucía Arango habla con SEMANA: "Yo creo que ser feliz tiene que ver con estar en paz consigo mismo. Y estar en paz consigo mismo es estar tranquilo con la conciencia de uno". https://t.co/if1kX8q65f pic.twitter.com/eF8XuCYy0V
— Revista Semana (@RevistaSemana) April 4, 2026
Hoy no solo es ser rico, no solo es tener, sino entender que hay algo más que tiene que ver con la felicidad. Yo creo que ser feliz tiene que ver con estar en paz consigo mismo. Y estar en paz consigo mismo es estar tranquilo con la conciencia de uno. Ser feliz tiene que ver con la coherencia entre lo que el alma intuye y lo que la conciencia y el corazón nos dicen.
SEMANA: ¿Usted siente que a Colombia le falta espiritualidad?
E.A.: No quiero generalizar, pero Colombia ha sido catalogada varias veces como uno de los países con más violencia. Yo creo que eso significa que nos falta mucha bondad, consideración por el otro. Creo que somos violentos porque hemos recibido malos ejemplos desde pequeños, muchos de sus padres.

SEMANA: Usted es una experta en el duelo. ¿Cómo ve, tras la muerte de Miguel Uribe, ese duelo colectivo en la campaña política actual?
E.A.: La vida está llena de pérdidas. Y todos tenemos desde pequeños que asumir la capacidad de superarlas. ¿Qué dejan? Un ejemplo. Le aseguro que, si yo hablara con Miguel Uribe en el cielo, él diría: “Yo hice una buena vida, dejé un buen ejemplo”.
Entonces, si quienes lo quisimos mantenemos su ejemplo y sus enseñanzas, ya estamos permitiendo que él siga viviendo en nosotros, pero que, además, él se sienta tranquilo en el cielo.
SEMANA: Usted por muchos años fue la médica que acompañó al entonces presidente Álvaro Uribe. ¿Cómo recuerda esa experiencia?
E.A.: Sí. Yo realmente quiero y aprecio mucho al presidente Uribe. Fue una experiencia en la que yo crecí mucho. El presidente era una persona que aceptaba sugerencias y consejos, pero no a rajatabla. Los discutíamos, interactuábamos.
Admiraba el cariño que él tenía por la patria y el esfuerzo que hacía. Yo creo que sobre él se dejó una leyenda negra y por eso creo que tenemos que ser muy cuidadosos al criticar o repetir historias falsas. Hay tejedores de leyendas negras que lo que hacen es hacer daño.

SEMANA: ¿Se habla todavía con él?
E.A.: Sí. No digo que con frecuencia. Nos seguimos tratando con calidez, con cariño, con buen humor, con valores. A veces nos ponemos citas, incluso virtuales. Él sabe que yo lo quiero, lo aprecio y me encanta poder decirlo en público. No creo en una cantidad de cosas que se han dicho sobre él. Afortunadamente, la Justicia lo ha declarado inocente. Él sigue teniendo mi aprecio, mi admiración y mi cariño.
SEMANA: ¿Algún candidato de estas elecciones la ha buscado?
E.A.: No, ninguno. Yo tengo mis candidatos preferidos, pero no creo que sea el sitio para decirlo.
SEMANA: Si alguno la buscara, ¿qué consejo le daría de su libro?
E.A.: Que realmente tenga espiritualidad, que es una fuerza muy grande, para luego tener la valentía de tomar las decisiones que se necesitan y la intuición sobre qué hacer. Y de los Hábitos espirituales, les recomendaría dos: el silencio y la oración.
SEMANA: El silencio se ve muy difícil para un político.
E.A.: Pero solo en silencio pueden realmente aprender a escuchar a otros. Solo si uno aprende a hacer silencio, escucha cuando un amigo le dice: “Te equivocaste”. Yo creo que nuestros líderes no escuchan sino solamente los halagos, y eso es muy complicado.
Muchos estudios han mostrado que el silencio y la concentración en la respiración modifican el cerebro, lo reorganizan, vivifican el cerebro, mejoran la atención y concentración. Uno no se imagina un santo super hablador. Si uno se imagina a Jesús, uno lo imagina en raticos de silencio.
SEMANA: ¿Y a los colombianos?
E.A.: No creo que pueda tener mayor influencia, pero, si alguno quiere escuchar, le pongo un reto: que no critique dos semanas. De esta campaña veo a mucha gente criticando y, claro, tenemos motivos, pero eso solo irradia oscuridad a este país, cuando se necesita coherencia, solidaridad, ejemplos de bondad, ejemplos de servicio.
Hoy veo que nuestros líderes lo que hacen es criticar. Y pienso que un servidor público tiene que entender que su oficio es servir.
SEMANA: Hay quienes dicen que el próximo presidente tendrá el cargo más difícil de la historia.
E.A.: Churchill decía que él sentía la voz de Dios y a Churchill le tocó manejar un planeta con una crisis enorme, como era la Segunda Guerra. Nadie sin Dios tiene la fuerza interior que se necesita para un momento así de superior y para sostenerse en momentos difíciles.
Y quiero aclarar que no me refiero solamente al Dios de los católicos, sino a lo divino. Aunque parezca extraño, muchos creemos que los países tienen almas. Necesitamos a alguien que se conecte con el alma de Colombia.
