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| 3/3/2017 6:30:00 AM

Ñoño Elías: la ‘pobreza’ del senador de la mermelada

Desde los 19 años vive entre Bogotá y Sahagún, desde hace 11 gana más de 20 millones mensuales, y a los 30 años empezó a gestionar multimillonarios recursos. Sin embargo, el Ñoño no tiene ni un bien a su nombre.

Hasta hace unos años, nacer en Córdoba era nacer entre la pobreza. En el 58 % de los hogares del departamento un plato de comida no era lujo de todos los días, y el 18 % sobrevivía a la pobreza absoluta. En lugares como San Andrés de Sotavento y Canalete, el 97 % de los hogares eran pobres, y de cada mil nacidos, el 24 % moría de hambre o por no tener las defensas suficientes para contrarrestar algún virus que parecía inofensivo.

Bernardo Miguel Elías no nació en cuna de oro, pero le tocó crecer en otra realidad. En su casa, en Sahagún, nunca faltó el agua, la luz, ni la comida. El “Ñoño”, como lo conocen en el mundo político, puede ser uno de los hijos más afortunados de ese municipio cordobés. Desde joven ha visto pasar por el frente miles de millones de pesos en contratos, campañas políticas y cupos indicativos. Se sabe que desde hace más de 11 años devenga cerca de 20 millones mensuales. Y aun así, no existe una propiedad registrada a su nombre.

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Para quienes investigan hoy la telaraña del caso Odebrecht, el dato fue impresionante. La inexplicable pobreza del Ñoño contrasta con lo que varios implicados en ese escándalo han dicho de él. La Fiscalía consideró que las acusaciones contra el senador son tan serias, que envió esta semana copias a la Corte Suprema de Justicia, el organismo responsable de investigar y juzgar a los congresistas.

¿El enlace de Odebrecht?

Casi todos los caminos de buena parte de ese escándalo han conducido al Ñoño. Al menos los que tienen que ver con la parte en la que también participa el ex senador Otto Bula: la adición de la Ruta del Sol para la vía que comunica a Ocaña con Gamarra. En las primeras hipótesis de la investigación se reveló que la compañía brasilera habría pagado 4,6 billones para hacerse a ese millonario contrato.

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Por ahora, la justicia tiene varios indicios de que el Ñoño podría tener conocimiento de cómo se hizo esa vuelta. Hay tres elementos clave que lo comprometen. Por un lado, las declaraciones de Otto Bula. Semana.com pudo confirmar que el exsenador les entregó a las autoridades pantallazos de los chats en los que el exsenador les pregunta a altos funcionarios del Gobierno cómo va el proceso de adjudicación del contrato. Por otro lado, se sabe que el presidente de la ANI, Luis Fernando Andrade, le dijo a la Fiscalía en su interrogatorio que Bernardo Elías era uno de los congresistas que habían manifestado interés en la carretera. Por último, se trabaja en la hipótesis de que fue el Ñoño quien cuadró la famosa reunión entre el empresario Andrés Giraldo y Otto Bula en un café de la carrera 15 con calle 88.

En una entrevista en la W, el Ñoño confirmó que tenía un buen trato con Bula. “Lo conozco de mucho tiempo. Es una persona conocidísima en el municipio de Sahagún”, aseguró. Agregó que era un comerciante que negociaba con maquinaria y con fincas. Pero agregó que “nunca me dijo nada de Odebrecht, ni de ningún negocio” y que él no tenía que ver “con ninguna obra que estuviera en un escándalo”.

El senador evadió casi todas las preguntas argumentando que no conocía los detalles del proceso. Sobre los chats aseguró que hablaba con más de 50 personas al día y que no recordaba lo que había hablado con Bula. Aceptó que había visitado al presidente de la ANI, Luis Fernando Andrade, en el año 2012, pero aclaró que era persona “reputada” que le merecía todo su respeto.

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A pesar de que es uno de los senadores más votados del país, muchos colombianos oyeron por primera vez esta semana al Ñoño Elías. Aunque en privado sus colegas en el Congreso lo describen como un hombre amigable y simpático, en público pocos pueden medirle el aceite. Habla poco y suele pasar siempre inadvertido.

Ñoño Elías no comenzó en la política, pero en Sahagún cuentan que la lleva en la sangre. El hoy senador es hijo de Bernardo Elías Náder y sobrino del exgobernador y exsenador Jorge Ramón Elías Náder, a quien el Proceso 8.000 lo llevó a la cárcel.

El hoy senador se graduó de Ingeniero Civil de la Universidad de la Salle y se especializó en Gerencia de Construcciones de la Javeriana. Desde primíparo, en 1995, se acostumbró al frío capitalino, de lunes a viernes, y a las fiestas vallenatas los fines de semana con sus amigos Peter Manjarrés y Silvestre Dangond. De un apartamento en Bogotá, a la casa de sus padres en Sahagún.

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Hasta el 2005 se ganó la vida desde la orilla de constructor de obras públicas. Sin embargo, para las elecciones del 2006 decidió saltar a la arena política y seguir los pasos de su familia. En Sahagún cuentan que para esa primera campaña, Bernardo Elías se endeudó cuanto pudo y botó la casa por la ventana en la campaña. Sacó cerca de 10.000 votos en su pueblo, los suficientes para ser representante a la Cámara de su departamento apenas a los 30 años.

La Ñoñomanía

Esos primeros años en el Congreso los recuerda todo el pueblo. Los fines de semana, cuando el Ñoño aterrizaba, Sahagún se llamaba Ñoñomanía. Rifas navideñas, fiestas de las madres, regalos y banquetes, todo de la mano de un hombre de 1,68 metros de estatura, cachetón y siempre sonriente, que en el diccionario colombiano se definiría como un "bacán”. También se le veía de casco y le atribuían como si fuera un santo el milagro de una calle pavimentada, o de la más moderna plaza de mercado.

Cuatro años le bastaron para multiplicar esos votos. En las elecciones siguientes en el año 2010, la cifra llegó a 62.050, lo suficiente para escalar al Senado. En San Andrés de Sotavento, fortín tradicional de la familia López Cabrales, un pueblo invadido por la pobreza, casi todos votaron por él, indígenas incluidos.

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Pero la “gloria” del Ñoño llegó realmente en el año 2014 cuando gracias a la “Ñoñomanía”, una campaña política que llevaba ese nombre, logró ser el tercer candidato más votado en el país. Sacó 145.402 votos. Así, a los 41 años acumuló más poder que muchos veteranos en el Congreso.

Siempre pasó inadvertido para la prensa nacional, entre otras por su capacidad de eludir con gracia y amabilidad a los periodistas. Desde el primer día ha hecho parte de la comisión económica, por sus manos han pasado las reformas tributarias, el presupuesto anual de la Nación, el plan de Desarrollo. Si alguien habla de dinero a diario es el Ñoño Elías.

Ñoño, el superpoderoso

Pocos congresistas tienen hoy tanto peso como él. Influye entre los demás congresistas costeños, otros siete senadores también son cordobeses; en el Partido de la U prefieren no incomodarlo, pues necesitan de sus votos; no es de levantar la mano para pedir la palabra en las plenarias, pero sí de los que le arman corrillo alrededor a la espera de apuntes de buen humor. Tanto uribistas como santistas se han reído con él.

De su paso por la Cámara de Representantes poco se recuerda. En su primer período en el Senado sacó seis leyes, dos de las cuales elevaron a patrimonio cultural de la Nación un colegio en Sahagún y la semana de la cultura de esa ciudad. Sacó pecho como autor del estatuto del consumidor por haberle dado a los colombianos el derecho a reclamar en la compra de bienes y servicios.

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Pero si por algo se hizo célebre en el primer cuatrienio de Juan Manuel Santos fue por ser el campeón de cupos indicativos, esas partidas que el Gobierno les adjudica a los congresistas para que lleven a cabo obras en sus departamentos y que la opinión pública ha decidido llamar los potes de mermelada. Entre el 2010 y el 2011, según una denuncia del uribismo, al Ñoño le habrían tocado $90.000 millones, pero se habla de que hasta el 2014 la cifra había ascendido a $180.000 millones.

Con esa plata, Sahagún pavimentó todas sus calles, construyó ocho kilómetros de ciclorruta, un paseo peatonal sobre la troncal de occidente, la terminal de transporte, la sede de la Universidad de Córdoba y el estadio Armando Tuirán Paternina, con capacidad de 5.000 sillas, y en el que se disputa la Liga Ñ, 16 equipos juveniles que el Ñoño Elías quiere convertir en estrellas del fútbol nacional.

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Pero su poder no se reducía a Córdoba. En estos cuatro años a Elías se le ha señalado de ser el que manda en el Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo (Fonade). Las cuotas burocráticas son difíciles de comprobar, pero se dice que desde hace unos años en esa entidad predomina el acento cordobés entre sus funcionarios. Por cuenta de todo lo anterior, en el mundo político se convirtió en el símbolo de la llamada “mermelada”.

Su inexplicable pobreza

Por eso, el hecho de que el poderoso senador no registre ninguna propiedad sorprende a muchos. Para el Ñoño, sin embargo, esa situación no tiene nada de raro. “No tengo nada a nombre mío, ni a nombre de nadie. Yo no soy una persona rica”, le dijo a la W Radio. Explicó que el apartamento donde vive no está a nombre suyo porque lo adquirió bajo la modalidad de leasing y agregó que hay dos cosas que no se pueden esconder en la vida: ni la pobreza ni la riqueza.

La única declaración de renta que se conoce del Ñoño está publicada en la página del Senado, pero corresponde a su primer período (2010). Allí señala que su patrimonio es de $795.637.000 y que sus obligaciones financieras y de acreedores se elevan a $580.363.000. En ese documento registra activos en bienes raíces por $676.000.000, un vehículo por $60.000.000, y $300.000.000 en semovientes, entre otros activos. El patrimonio que declaró en su primera posesión en el Senado fue $1.376.000.000.

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La semana pasada cuando la Fiscalía le compulsó copias, sobre el Ñoño se generó todo tipo de especulaciones. En el edificio Aqua, en el sector del Chicó, uno de los celadores le dijo a Blu Radio que el senador se había mudado.

También trascendió que el senador había reunido a su familia en su casa en Córdoba para explicarle su situación jurídica y la posibilidad inminente de que se fuera preso. Al Ñoño le indignó esa versión. Rechazó que fuera verdad que hablara de la cárcel y aclaró que lo único que hizo fue darles tranquilidad a sus padres y a su esposa sobre su inocencia.

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