Mucho se ha hablado del “histórico megaacuerdo” petrolero entre los Estados Unidos y Venezuela. Dejando de lado las consideraciones legales y políticas que pudiera tener, habrá que saber cuáles son las eventuales consecuencias que podría tener para nuestro país.
Hay hechos que son determinantes y que se derivan del transcurrir de los años de existencia de las dos repúblicas. Ante todo, Colombia no tiene los recursos que posee Venezuela. Se recuerda a algún personaje colombiano que decía a mediados del siglo XX que, por cualquier parte por donde se trazara la línea fronteriza con Venezuela, el petróleo siempre estaría del otro lado.
No solamente es el petróleo, sino el gas, el hierro, la bauxita, el acero, el coltán, las tierras raras y la energía eléctrica, para no hablar del oro y de algunos otros metales preciosos.
En esas condiciones, a Colombia le interesa tener como vecina no solo a una Venezuela rica y floreciente, sino también democrática, aunque eso resulte más difícil, ya que gran parte de la vida republicana de la hermana república ha estado enmarcada dentro de gobiernos militares o sostenidos por ellos, incluso en gobiernos democráticos, en los que el estamento militar ha sido determinante.
A esa condición se ha acostumbrado la población, a la que además le gustan los militares, que son los que dicen la última palabra, incluso en asuntos que van desde la política exterior hasta el manejo de la economía.
Sabiendo desde hace años que los delincuentes y los grupos armados colombianos consiguen refugio en Venezuela, es indispensable que su gobierno actúe decididamente para reprimirlos y coordine con Colombia acciones efectivas para lograrlo.
Venezuela debe saber que Colombia nunca los invadirá, a pesar de que durante muchos años las Fuerzas Armadas venezolanas y algunos dirigentes políticos de ese país así lo preveían.
Todo producto de un complejo síndrome que llevaba a que los gobiernos venezolanos tuvieran que renovar frecuentemente el costoso arsenal bélico y que incluso algunos militares consideraran que la presencia de grupos armados regados por diferentes partes de nuestro país constituía un seguro para Venezuela. Ya que nuestras Fuerzas Armadas no podrían invadir y ni siquiera resistir a una acción militar venezolana, como sucedió en el caso de los islotes de Los Monjes en 1952 y en el de la corbeta Caldas en 1987.
Una Venezuela próspera impedirá la migración galopante hacia Colombia y abrirá la posibilidad de importantes inversiones colombianas en ese país, como sucedió años atrás. Igualmente, sería la base para establecer una auténtica integración fronteriza, en beneficio de los habitantes de los departamentos y estados fronterizos de uno y otro país.
Sería además un aporte fundamental a la ansiada paz de Colombia y un verdadero seguro para que a Venezuela no se traslade la situación que hemos padecido por tantos años.
