Tras completar su recorrido alrededor de la Luna, incluida la exploración de su cara oculta, la cápsula Orion de la misión Artemis II se prepara para su retorno a la Tierra luego de diez días en el espacio. Aunque el viaje ha sido exitoso, los cuatro astronautas aún deben enfrentar la etapa más exigente: el ingreso a la atmósfera terrestre, considerado el momento más peligroso de toda la misión.
Este procedimiento se desarrolla en aproximadamente 14 minutos, un periodo en el que convergen condiciones extremas. Durante ese lapso, la nave alcanza velocidades superiores a los 40.000 kilómetros por hora, mientras soporta temperaturas cercanas a los 2.700 grados Celsius y fuerzas gravitacionales intensas que presionan a la tripulación contra sus asientos.

La maniobra concluirá con el amerizaje en el océano Pacífico, frente a la costa de San Diego, previsto hacia las 7:07 p. m. en Colombia. En medio del descenso, la cápsula atravesará una capa de plasma incandescente que provocará un corte temporal en las comunicaciones, justo cuando Orion deba mantener un ángulo de entrada preciso para garantizar un regreso seguro.
¿Cuáles son los riesgos que corre la tripulación?
El ángulo de entrada de la cápsula, cercano a -5,8° respecto al horizonte, resulta determinante para un regreso seguro. Una inclinación inadecuada podría provocar que la nave rebote en la atmósfera o, por el contrario, que soporte un calentamiento excesivo al ingresar de forma demasiado pronunciada.

De acuerdo con los parámetros técnicos, el margen de error es mínimo, en gran parte por las capacidades limitadas del escudo térmico.
La maniobra de descenso inicia con la separación del módulo de servicio, que fue clave para la propulsión durante la misión. Tras este desprendimiento, el escudo térmico queda completamente expuesto y los sistemas de control orientan la cápsula para enfrentar el tramo más crítico. Este proceso comienza a unos 122 kilómetros de altura, punto en el que la nave vuelve a entrar en contacto con la atmósfera terrestre.
Superada la fase más exigente, se activa la desaceleración progresiva. Primero se libera la cubierta frontal y luego se despliegan paracaídas de frenado a gran altitud. Posteriormente, a menor altura, se abren los paracaídas principales, reduciendo la velocidad hasta unos 27 km/h, permitiendo un amerizaje controlado y seguro.

La NASA ha previsto distintos escenarios para el amerizaje de la cápsula Orion, ya que esta podría impactar en posición vertical, invertida o de lado. Para responder a cualquiera de estas situaciones, el diseño incluye cinco airbags de color naranja que se inflan tras el contacto con el agua, permitiendo estabilizar la nave y proteger a los astronautas mientras llega el equipo de rescate.
Más allá del calor extremo, el reingreso concentra varios factores de riesgo en cuestión de minutos. La correcta orientación de la cápsula, el desempeño del escudo térmico, la interrupción temporal de las comunicaciones y la secuencia precisa de despliegue de paracaídas son elementos críticos. Cualquier falla en esta cadena podría obligar a activar procedimientos de emergencia previamente establecidos.

Por ejemplo, tras la misión Artemis I, los ingenieros identificaron afectaciones en el escudo térmico relacionadas con acumulación de presión y desprendimientos de material. No obstante, la agencia concluyó que estos daños no habrían comprometido la seguridad de una tripulación y decidió continuar con Artemis II aplicando ajustes operativos, sin cambiar el escudo.
En cuanto a la recuperación, la responsable del proceso, Lili Villarreal, explicó que los equipos se enfocan en confirmar el despliegue de los tres paracaídas principales, garantizar que la cápsula sea segura para la aproximación y verificar el correcto funcionamiento de la escotilla. Aunque Orion puede amerizar con solo dos paracaídas, esta condición implicaría un descenso más brusco para los ocupantes.
