Por años, América Latina fue puesta como ejemplo mundial de inmunización. La región logró eliminar la polio, reducir drásticamente la mortalidad infantil y contener enfermedades que durante décadas arrasaron con miles de vidas. Las vacunas eran una política pública exitosa, transversal y casi incuestionable. Sin embargo, algo cambió.
El sarampión volvió a encender las alarmas sanitarias. Lo que parecía un problema del pasado regresó con fuerza en medio de una caída en las coberturas, la pérdida de confianza en las vacunas, la desinformación impulsada desde redes sociales y profundas desigualdades en el acceso a los servicios de salud. Todo esto, a pesar de que las vacunas están disponibles y se han aplicado para cerca de 30 enfermedades.


Las cifras preocupan a las autoridades sanitarias con más de 15.300 casos confirmados en la región en el primer trimestre de 2026, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), superando los datos de 2025: 14.975 en las Américas en 13 países.Mientras que el año pasado las Américas concentraban menos del 6 por ciento de los casos globales, en los primeros tres meses de 2026 saltaron al 21 por ciento. Colombia no es ajena a esta realidad, reportando hasta el momento seis contagios importados.
¿Pero en dónde estuvo la falla?

La región que evitó la muerte de aproximadamente 5 millones de niños menores de 5 años y alcanzó altas coberturas entre 1974 y 2024 ahora muestra un retroceso crítico. Cuando ya había sido certificada en 2016 libre de sarampión, perdió ese estatus en 2018, se recuperó en 2024, volvió a perderse en 2025 y ahora va en picada este año.Y, aunque el sarampión es el síntoma más visible de la crisis, el problema es mucho más profundo.
La región enfrenta una paradoja inquietante: mientras la ciencia avanza con nuevas tecnologías y vacunas más sofisticadas, millones de personas siguen sin acceder a esquemas básicos de inmunización. SEMANA estuvo en la Semana de la Inmunización en América Latina, realizada en São Paulo, Brasil, donde expertos e investigadores discutieron los desafíos más grandes que enfrenta la región. Las conclusiones fueron contundentes: el problema ya no es solo tener vacunas, sino que, además del acceso, las personas dejaron de vacunarse.Una alerta que nadie creyó escuchar de nuevo.
El sarampión es una de las enfermedades más contagiosas del mundo: un infectado puede transmitir el virus hasta a 18 personas más en poblaciones sin inmunidad.


Para evitar brotes, los sistemas de salud necesitan coberturas superiores al 95 por ciento con las dos dosis de la vacuna triple viral. Sin embargo, varios países de la región apenas alcanzan niveles entre el 75 y el 80 por ciento actualmente.
En América Latina, cada año se aplican cientos de millones de dosis de vacunas. Países como Colombia, Brasil y México mantienen programas nacionales robustos y campañas masivas de inmunización, pero los números esconden una realidad mucho más compleja: las coberturas siguen lejos de prevenir brotes.“Buscábamos 90 por ciento y ya estamos en un 80 a 75 por ciento de cobertura. El mínimo aceptable es 75 por ciento, y todo eso porque la gente no sabía de la enfermedad. Nos preguntaban, por ejemplo: ‘Pero ¿qué es polio? ¿Dónde está la polio?’.


No había ningún caso de polio, pero algo que pasaba tres décadas atrás era que en ese momento todos corrían para buscar la vacuna justamente por causa de eso”, le explicó a SEMANA el doctor Rodrigo Sini, experto en biología molecular y celular.
Ante la falta de inmunización, la OPS se vio obligada a emitir, desde principios de año, una alerta epidemiológica tras un aumento de casos, en el que México es el país con el mayor número de reportes (740). También hizo un llamado urgente a campañas de vacunación, destacando que el 78 por ciento de los casos recientes involucraron a personas no vacunadas.
Sini detalló que uno de los factores que enfrenta esta alerta recae en que, tras la pandemia, se puso en duda el poder de la inmunización a través de internet y las redes sociales “como si eso fuera una fuente confiable. Todos esos factores han traído esas enfermedades de nuevo y que estén otra vez en Latinoamérica”.
“Ya no perciben las enfermedades como una amenaza”

Para la doctora Gabriela Ávalos, pediatra e infectóloga, quien ha trabajado en proyectos relacionados con la inmunización contra el neumococo, el VSR, el meningococo y el covid-19, tras el impacto global que produjo la pandemia, la percepción ante las vacunas cambió. Las personas dejaron de sentir urgencia frente a enfermedades que ya no ven de manera cotidiana.“La mayoría de las personas que no se vacunan no son antivacunas. Ya no perciben las enfermedades como una amenaza inmediata, pues la narrativa que ahora domina es ‘a mí no me va a pasar’”, dijo.
Esa percepción cultural hace que las cifras muestren una caída sostenida que preocupa especialmente en niños, población migrante, zonas rurales, periferias urbanas y adultos mayores. La OMS ya había advertido en su informe global de inmunización de 2024 que más de 14,3 millones de lactantes en el mundo no recibieron siquiera una dosis inicial de vacunas básicas por fallas en los sistemas de salud.
En América Latina, la situación se refleja en los llamados “niños cero dosis”: menores que nunca tuvieron contacto con el sistema de vacunación. Entre 2021 y 2024, aproximadamente 2,7 millones de niños no completaron esquemas fundamentales contra difteria, tétanos y tosferina.“Estas son brechas por las cuales enfermedades tan contagiosas como el sarampión pueden provocar rebrotes y luego falla el sistema de salud por completo. Las vacunas están; el problema es que dejamos de proteger porque no tenemos las coberturas suficientes”, comentó.

La relación con las vacunas cambió
La desconfianza es otra de las principales causas por las que hoy se abrió una puerta que no solo ha llevado a la falta de inmunización y cobertura, sino también a una fatiga pospandemia que abrió una grieta que no existía con esa intensidad antes de 2020.
Las redes sociales, las teorías de conspiración más las fake news fueron el coctel perfecto para que las personas ya no creyeran en la vacuna a fin de blindar su sistema inmune. Sini y Ávalos coinciden en que esto no solo es un problema sanitario. “Las personas dejaron de leer medios tradicionales y ahora creen en cualquier contenido que ven en Instagram o TikTok como si fuera información científica”, señaló Sini.

El resultado, en palabras de Gabriela Ávalos, fue una fatiga social frente a los mensajes de salud pública: “La gente no quería saber de covid”.
“La vacunación es una inversión”Juliana Villarreal, directora global de Asuntos Públicos-Portafolio de Cuidado Primario EM de Pfizer, aseguró que la causa de que el sarampión haya regresado se debe a que el síntoma más visible está en un sistema que perdió fuerza en la información y educación. “Hemos visto casos de desinformación en múltiples enfermedades, no solamente en sarampión, y hemos visto también cómo la evidencia ha demostrado que las vacunas salvan vidas. Sin embargo, no fue suficiente y creo que sí nos descuidamos un poco en el tema de educar”, manifestó.

Villarreal es contundente en el aspecto relacionado con el costo-beneficio de un buen plan de inmunización en la región. Cerca de 40 países y territorios participan activamente en estrategias regionales coordinadas, como lo indica la OPS en su informe de 2025, además de una inversión que superó los 900 millones de dólares en insumos de salud, incluyendo vacunas.
“Muchas veces me hablan de la vacunación como un costo. La vacunación es una inversión. Es una inversión para la persona, para su salud. Es una inversión para el sistema de salud, porque estamos disminuyendo los costos que hay para el sistema cuando prevenimos enfermedades. Pero también es una inversión para la sociedad”, destacó Villarreal.
