Los científicos advirtieron sobre un riesgo cada vez mayor en las regiones con glaciares: los tsunamis originados por enormes deslizamientos de tierra. El retroceso del hielo puede desestabilizar las laderas de montañas, favoreciendo desprendimientos de gran magnitud que, al caer sobre el agua, generan olas gigantes capaces de recorrer largas distancias y representar una seria amenaza.

Una investigación publicada en la revista científica Science reveló que un enorme desprendimiento de terreno ocurrido en Alaska desencadenó una ola de aproximadamente 481 metros de altura, considerada un megatsunami. La magnitud del fenómeno supera ampliamente la altura de la Torre Eiffel, que alcanza los 324 metros con su antena, y representa una de las mayores olas registradas.
Los científicos atribuyen este evento al impacto del cambio climático, que acelera el deshielo y favorece la inestabilidad de las laderas en regiones árticas y antárticas. Según los investigadores, estas condiciones incrementan el riesgo de nuevos deslizamientos capaces de generar olas gigantes.

El deslizamiento ocurrió hacia las 5:30 de la madrugada, un horario que evitó una tragedia mayor. A esa hora, el brazo de mar donde se produjo el megatsunami estaba prácticamente vacío, pero los expertos advierten que, de haber ocurrido unas horas después, cerca de 20 cruceros de expedición y numerosos kayakistas habrían estado expuestos al impacto de la enorme masa de agua.
Los autores del estudio advirtieron que este evento representa una señal de alerta para la seguridad marítima en el Tongass National Forest, en Alaska. Según explican, los megatsunamis generados por grandes deslizamientos de tierra tienen un comportamiento mucho más violento que los tsunamis producidos por terremotos en mar abierto, por lo que pueden causar graves daños en áreas cercanas al impacto.

Para analizar el fenómeno con mayor precisión, el equipo recurrió a la información proporcionada por el satélite Surface Water Ocean Topography (SWOT), desarrollado por la NASA. Esta tecnología permitió obtener datos detallados sobre la superficie del agua y reconstruir el desarrollo del megatsunami.
Thomas Monahan, ingeniero de la Universidad de Oxford y participante en la investigación, destacó que el satélite ha abierto nuevas posibilidades para estudiar este tipo de eventos extremos. De acuerdo con el investigador, los datos recopilados por SWOT permiten reconstruir la superficie del mar con un nivel de detalle sin precedentes, una capacidad que podría mejorar la identificación de riesgos y fortalecer los sistemas de monitoreo en regiones remotas y de difícil acceso.

Además, el geomorfólogo Dan Shugar, de la Universidad de Calgary, destacó que uno de los aspectos más sorprendentes del evento fue la ausencia de señales de advertencia antes del colapso. Según explicó, este tipo de grandes avalanchas de roca suele estar precedido por movimientos lentos o indicios detectables durante semanas, meses o incluso años. Sin embargo, en esta ocasión el terreno cedió de manera repentina, sin registrar los patrones habituales.
Los investigadores atribuyen el deslizamiento al acelerado retroceso de los glaciares en Alaska, una consecuencia asociada al cambio climático. Entre 1985 y 2020, la superficie cubierta por hielo en esta región disminuyó aproximadamente un 13%, lo que ha reducido el soporte natural que los glaciares brindaban a las laderas montañosas. Como resultado, las paredes rocosas se vuelven más inestables y aumenta el riesgo de derrumbes de gran magnitud.

Tras este episodio, algunas compañías de turismo, entre ellas Carnival Cruise Line, anunciaron cambios en sus rutas de navegación previstas para 2026 con el fin de reducir la exposición a estas zonas de riesgo. Además, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) reiteró que las áreas montañosas afectadas por el deshielo representan un peligro creciente.
