Un importante hallazgo arqueológico marca un hito para el patrimonio histórico de España. Se trata de un antiguo barco mercante, conocida como Ses Fontanelles, de la época del Imperio romano que, tras permanecer sumergido durante 1.700 años, podrá ser estudiado con mayor detalle en tierra firme. Es importante para la ciencia porque ofrecería datos sobre los materiales que fueron usados para su construcción.

La extracción del pecio se realizó frente a las costas de Palma de Mallorca, en una operación considerada clave para la conservación del patrimonio histórico. Construido en el siglo IV d. C., Ses Fontanelles forma parte del reducido grupo de embarcaciones romanas localizadas en las Islas Baleares.
La recuperación completa de la embarcación representa un logro sin precedentes para la arqueología subacuática, al convertirse en la primera operación de este tipo que logra devolver a flote un barco romano de forma íntegra tras permanecer siglos bajo el mar.
La compleja intervención se extendió durante cuatro meses y, según los investigadores, permitirá analizar en condiciones mucho más seguras la estructura de una nave perteneciente a la Antigüedad Tardía.
El proyecto estuvo a cargo de la organización Arqueomallornauta, integrada por varias universidades españolas y con el apoyo de buzos de la Armada, quienes diseñaron moldes de fibra de vidrio para extraer y preservar el casco sin comprometer su estado de conservación. Durante la operación también fueron recuperadas cerca de 600 piezas, entre fragmentos de madera y restos del cargamento.
El Ses Fontanelles era un barco mercante de aproximadamente 12 metros de eslora y 5 metros de manga que zarpó desde Cartagena transportando unas 300 ánforas cargadas con aceite, vino y salsas de la época romana. Los investigadores consideran que su destino final era Roma o alguna otra provincia del Mediterráneo occidental.
Las investigaciones apuntan a que una fuerte tormenta sorprendió a la embarcación cuando navegaba por la bahía de Palma, dificultando su maniobra y provocando su hundimiento. El pecio fue descubierto en 2019 tras la remoción del lecho marino, momento en el que salieron a la luz numerosas ánforas, varias de ellas selladas y con restos de material orgánico excepcionalmente conservados.

El registro de la información sobre la embarcación también fue posible gracias al hallazgo de una moneda ubicada en la base del mástil, que habría sido colocada como parte de un ritual fundacional. La pieza, acuñada en el año 320 d. C., permitió establecer la antigüedad del navío.
Tras su recuperación, el barco será trasladado al Museo Nacional de Arqueología Subacuática, en Cartagena, donde será sometido a un proceso de restauración y conservación antes de ser exhibido al público, previsiblemente durante el otoño español.
