El departamento de Boyacá es considerado uno de los destinos imperdibles para visitar en Colombia, gracias a que combina historia, cultura y naturaleza en un mismo lugar.

Es una de las regiones más importantes del país con sitios emblemáticos como el Puente de Boyacá y pueblos coloniales como Villa de Leyva, Monguí o Ráquira, que conservan su arquitectura tradicional y su ambiente histórico.
Además, su territorio ofrece paisajes de gran belleza natural, desde páramos, lagunas y montañas hasta parques naturales ideales para el ecoturismo. Su gastronomía, sus artesanías y sus festividades tradicionales también enriquecen la visita.
Muy cerca de la ciudad de Tunja, capital del departamento, a unos 40 minutos en carro, se encuentra un destino que vale la pena conocer si se quieren pasar momentos tranquilos y vivir experiencias únicas, con tradiciones culturales heredadas de España.

Se trata de Siachoque, un pueblo cuya arquitectura urbana aún conserva algunos visos de la época colonial y en los alrededores todavía se sienten los sabores y aromas que hace siglos se relacionaban con los indígenas.
Este es considerado un lugar perfecto para una escapada económica y tranquila. En idioma muisca, su nombre significa “lugar de buenos olores y cultivos fuertes” y es ideal porque aleja de las multitudes y conecta con la naturaleza y la historia.

Allí, cada año en el mes de octubre, los pobladores celebran las fiestas a la Virgen del Rosario, patrona del municipio, en las que se presenta un grupo de jinetes o cuadrillas, llamados “cuadrilleros de Siachoque”, tal como se acostumbra en España.
Durante las festividades, los jinetes realizan un desfile y una presentación de destreza a caballo, en una representación que se ha convertido en una de las expresiones culturales más importantes de la región.

Sitios de interés
De acuerdo con el Sistema de Información Turística de Boyacá (Situr), dentro de los atractivos turísticos que el municipio exhibe a sus visitantes están la iglesia parroquial, una capilla doctrinera del siglo XVII y el páramo de Siachoque, un ecosistema en el que es posible apreciar variedad de flora y fauna nativas.
De igual forma, está la Plaza del Diablo, una esponja de musgo de unas 15 hectáreas que retiene agua y surte el acueducto de algunas veredas; la plaza central; un corredor construido con piedras de Firaya y adornado de coloridos jardines y senderos sutilmente demarcados que permiten ver un monumento de Simón Bolívar.
A estos atractivos se suman los hermosos paisajes y los caminos rurales que bordean el casco urbano, donde los viajeros encuentran fincas dedicadas a actividades agrícolas y ganaderas, así como espacios ideales para el descanso y la contemplación natural.
