Política

Los secretos del Bronx: 10 años del megaoperativo policial que le cambió el rostro a Bogotá

Diez años luego de la intervención, la olla más peligrosa de Bogotá se ha convertido en un epicentro de la cultura y la renovación. SEMANA reconstruyó lo que fue la llamada ‘L’ del narcotráfico y la prostitución.

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23 de mayo de 2026 a las 2:59 a. m.
El Bronx quedaba a pocas cuadras de la Casa de Nariño, del Congreso de la República y de varias sedes oficiales de Gobierno.
El Bronx quedaba a pocas cuadras de la Casa de Nariño, del Congreso de la República y de varias sedes oficiales de Gobierno. Foto: SEMANA

A las cinco de la mañana del 28 de mayo de 2016 retumbaron las puertas del centro de Bogotá. Sonaron gritos, estallidos, golpes, detonaciones. Unos 2.500 hombres de la Policía Metropolitana y del CTI de la Fiscalía irrumpieron en el corazón del crimen capitalino. En las entrañas del mismo infierno. Se tomaron el Bronx.

La escena no fue silenciosa. Hubo helicópteros sobrevolando el sector, uniformados avanzando por callejones estrechos y habitantes de calle intentando salir entre el desconcierto. Algunos cargaban bolsas negras con sus pocas pertenencias; otros simplemente corrían sin saber hacia dónde. En cuestión de horas, uno de los enclaves criminales más conocidos y peligrosos de Bogotá dejó de operar como hasta entonces lo había hecho.

La Policía se adentró a una de las zonas más complejas de Bogotá.
La Policía se adentró a una de las zonas más complejas de Bogotá. Foto: CARLOS JULIO MARTINEZ SEMANA

El Bronx quedaba a pocas cuadras de la Casa de Nariño, del Congreso de la República y de varias sedes oficiales de Gobierno. Esa cercanía con el poder terminó convirtiéndose en una paradoja incómoda para la ciudad. En pleno centro político del país funcionaba una estructura dominada por el microtráfico, la explotación sexual de niños entre los 10 y los 17 años, la extorsión y distintas redes ilegales que llevaban años consolidándose.

La historia del lugar venía de atrás. Tras la intervención del Cartucho a finales de los noventa, muchas de las dinámicas criminales se desplazaron hacia esa zona ubicada entre las calles 9 y 10 y las carreras 15 y 15A.

Con el tiempo, el Bronx dejó de ser únicamente una “olla” de droga. Se transformó en un ecosistema donde convivían jíbaros, habitantes de calle, recicladores, bandas delincuenciales y menores reclutados por estructuras criminales que terminaron imponiendo sus propias reglas.

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El tiempo en el Bronx no pasaba. No había horas ni semanas. Mucho menos día o noche, y aún peor para quienes tuvieron que vivir en el cautiverio, debajo de la tierra en los túneles fabricados para mover el narcotráfico, o para quienes estuvieron encerrados entre las paredes de las famosas casas de masajes donde torturaban a consumidores, traidores y niños, o, quizá, para las víctimas de las chiquitecas en donde no entraba un solo rayo de sol y se practicaban orgías 24 horas al día con menores que habían sido reclutados y envueltos en la drogadicción. Todo lo probó la Fiscalía.

En la intervención de las tres cuadras que componían el complejo criminal, se logró rescatar a más de 2.970 personas y a 127 niños consumidos por el bazuco, la coca, la heroína, el pegante, el sexo y el alcohol. En las calles del Bronx convivían tres de las facciones más peligrosas del crimen de la capital y que luego dieron origen a la expansión delictiva hacia todas las localidades: Gancho Mosco, Gancho Manguera y Gancho Nacional.

Se logró rescatar a 2.900 personas que vivían dentro del complejo y a 127 niños que habían sido reclutados para las labores de prostitución y venta de drogas.
Se logró rescatar a 2.900 personas que vivían dentro del complejo y a 127 niños que habían sido reclutados para las labores de prostitución y venta de drogas. Foto: GUILLERMO TORRES-SEMANA

Torturas

La intervención del Bronx se gestó durante la administración del exalcalde Enrique Peñalosa y la comandancia de la Policía de Bogotá del general Hoover Penilla. Daniel Mejía en ese momento tenía a su cargo la recién creada Secretaría de Seguridad. La planeación de la operación Némesis duró exactamente dos meses y se cuidó milimétricamente cada detalle para que los capos de las estructuras criminales no pudieran huir.

Cada historia que se conoce de lo que fue el Bronx es más aterradora. En las casas de masajes o casas de torturas se hallaron celdas donde el protagonismo se lo robaron las paredes y pisos manchados de sangre. Allí vivió por muchos años un perro de raza pitbull que, aunque pareciera un mito, fue muy real.

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El animal, entrenado para matar, y como reposa en los expedientes de la Fiscalía y en los testimonios de algunos sobrevivientes, era utilizado para descuartizar a hombres vivos que luego eran “despellejados, deshuesados y picados” para ser usados en bandejas de comida preparada que después se repartían entre habitantes de la calle hambrientos que servían de campaneros en el negocio del microtráfico y que jamás supieron qué o a quién se estaban comiendo.

Mucho se habla de Pepe, el caimán que también vivía escondido dentro de estos centros de tortura. A ese animal se le lanzaban los restos de otros sujetos que habían sido ajusticiados por “sapos”, “traidores” o “ladrones” y de los que se quería desaparecer su rastro. A Pepe lo llevaron al Bronx cuando era apenas una cría y lo engordaron por muchos años a punta de carne de todo en las ollas de la famosa ‘L’. El reptil habría muerto antes de la intervención en 2016.

El Bronx fue demolido de a pocos luego del operativo.
El Bronx fue demolido de a pocos luego del operativo. Foto: LEÓN DARÍO PELÁEZ-SEMANA

Los Sayayines

Probablemente una de las estructuras más temidas y peligrosas de la historia de la ciudad. Los sayayines fueron un esquema de seguridad y control creado para mantener el orden dentro del Bronx y para cuidar a los “ganchos”, que eran los jefes de toda la operación criminal. Torturadores y sanguinarios por naturaleza. Eran un cartel delictivo.

Los sayayines eran la policía del lugar; nada pasaba en el Bronx sin que ellos tuvieran conocimiento o lo permitieran. Vigilaban cada transacción y cada negocio; tenían como premisa evitar a toda costa que se desataran conflictos internos dentro de la olla o cualquier situación que alterara el orden y afectara el negocio o atrajera la atención de las autoridades.

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Esta estructura también controló el negocio de la prostitución entre las niñas. Gran parte de las menores que fueron rescatadas de la olla por las autoridades, y que han narrado su testimonio en los espacios de memoria de la ciudad, aseguran haber sido alquiladas por los sayayines para prestar servicios sexuales. Las convirtieron en adictas a las drogas, las sumergieron en el mundo del consumo y, cuando ya no podían pagarlo, les cobraban a cambio de que se prostituyeran para recibir como pago “un cacho” o una “línea”.

La temida banda criminal también tuvo a su cargo “el sistema penal del infierno”. Impartían castigos a quienes se salían de su control, los golpeaban hasta morir, los desmembraban, los quemaban en ácido o los lanzaban vivos a los animales.

El número de víctimas, según los mismos reportes de los investigadores de la operación Némesis, puede ser incalculable porque al Bronx solo llegaban los “sin nombre”, los “perdidos”, los que habían decidido desaparecer del radar del mundo.

 En la operación participaron 2.500 hombres de la Policía de Bogotá y del CTI de la Fiscalía. La planeación duró cerca de dos meses y estuvo encabezada por Enrique Peñalosa.
En la operación participaron 2.500 hombres de la Policía de Bogotá y del CTI de la Fiscalía. La planeación duró cerca de dos meses y estuvo encabezada por Enrique Peñalosa. Foto: GUILLERMO TORRES-SEMANA

El renacer

Diez años después de la intervención, el Bronx dejó de existir como ese territorio cerrado donde el crimen imponía sus propias reglas en pleno centro de Bogotá. Tras la intervención de 2016, el Distrito comenzó un proceso de transformación urbana que buscó borrar la imagen del enclave controlado por redes de microtráfico, explotación sexual y violencia.

El lugar, que durante décadas fue sinónimo de abandono estatal, empezó a ser intervenido con proyectos culturales, obras de recuperación patrimonial y nuevos espacios públicos.

 Ahora, el Bronx se ha convertido en un distrito creativo donde conviven la renovación urbana del centro de la ciudad y los procesos de memoria colectiva.
Ahora, el Bronx se ha convertido en un distrito creativo donde conviven la renovación urbana del centro de la ciudad y los procesos de memoria colectiva. Foto: ALEXANDRA RUIZ POVEDA-SEMANA

La antigua zona del Bronx fue rebautizada como Bronx Distrito Creativo, una apuesta con la que la ciudad intentó convertir uno de sus mayores símbolos de degradación en un corredor enfocado en actividades culturales y creativas.

Viejas edificaciones que sobrevivieron al operativo fueron restauradas y adaptadas para eventos, exposiciones y procesos artísticos, mientras el sector comenzó a recibir inversión pública orientada a cambiarle el rostro a una zona históricamente marginada del centro de la capital.