SEMANA: ¿Por qué quiere llegar al Congreso de la República?
David Valencia (D. V.): Soy como cualquier joven de Bogotá al que no le gustan las cosas que suceden en el Distrito. Uno tiene dos opciones: no participar y solo quejarse o meterse en esto y hacer parte de la solución.
SEMANA: Usted es la cabeza de lista a la Cámara del Partido Conservador. ¿Cómo llega a ese puesto?
D. V.: A mí me elige cabeza de lista por unanimidad la dirección del partido. Después hicimos un sorteo con los compañeros de lista y lo gané.

SEMANA: ¿Cuáles son los temas de Bogotá que usted quiere llevar a la agenda del Congreso?
D. V.: Hay que dar una batalla cultural. Esto parece un tema menor, pero si uno se pone a analizar, los problemas de la sociedad nacen en la cultura, en una relativización moral. Por ejemplo, algún día a alguien se le ocurrió decir que había que sacar a Dios de los colegios; lo hicimos como un gesto de tolerancia y, por la puerta de atrás, nos metieron una ideología perversa que es capaz de decirle a un niño que está metido en el cuerpo equivocado.
También hay una normalización del delincuente. Desde la Casa de Nariño nos dice el presidente que la persona que atraca lo hace por amor; ¿entonces tiene que darnos vergüenza no tener más en el bolsillo? Esa relativización moral, una romantización del delincuente que ha sido una política permanente de este Gobierno, es una lucha que tenemos que dar y es el parlamento el indicado para plantear este tipo de debates.

SEMANA: ¿Qué quiere cambiar en ese tema?
D. V.: Hay que recuperar nuestros valores y principios y empezar a eliminar lo políticamente correcto que muchas veces arrasa con lo moralmente correcto. Bogotá tiene un problema de seguridad profundo porque se romantizó al delincuente y se amarró a la Fuerza Pública, lo que hizo que las bandas criminales se empoderaran. Tenemos entre 200 y 300 bandas que están cooptando territorio y nos están montando pequeños bronx en cada localidad de Bogotá. Esas bandas vienen reclutando en los colegios públicos de Bogotá a partir de montar los expendios de droga al frente de las instituciones. Ellos envenenan niños que terminan haciendo tareas para las bandas. Es dramático que eso ocurra en Bogotá.
SEMANA: ¿La flexibilidad del Gobierno con las bandas criminales ha hecho que las ciudades capitales estén atadas de manos?
D. V.: Sin duda. No solamente ha sido flexible, sino que lo romantiza y lo estimula. Cuando a los jóvenes se les dice que les pagarán un millón de pesos para no robar, el mensaje social es que, para que el Estado mire a los jóvenes, hay que ser bandidos. Hay unos malos mensajes desde la cabeza del Estado. Eso estimula la creación de grupos ilegales y desmonta las capacidades de la Fuerza Pública.

SEMANA: ¿Qué proyectos impulsará?
D. V.: Al que toca a un niño hay que elevarle las penas para que sean disuasorias. Otro punto es que la promoción del cambio de sexo a temprana edad es maltrato infantil y debe ser repudiada por la sociedad. Además, se necesitan penas ejemplarizantes contra las bandas criminales que quieren inducir a los menores de edad al delito.
Hay que desromantizar al habitante de calle. Se nos ha dicho que dejarlo en la calle es respetarle su libertad, pero lo cierto es que estas personas, normalmente, tienen un problema de consumo de droga, por lo que dejarlo en la calle es victimizarlo y victimizar la sociedad en su conjunto porque padece ciertas dinámicas que le terminan desvalorando sus bienes y generando círculos de inseguridad. Es necesario llevar al Congreso el tema de los entornos escolares porque sin voluntad política no hay nada.
SEMANA: Usted es conservador y esas ideologías no siempre calan en la ciudadanía. ¿Ve necesario recuperar valores conservadores a través de la agenda legislativa?
D. V.: El mundo está girando hacia el conservatismo. Lo que pasa en Argentina con Javier Milei, en El Salvador con Nayib Bukele, en Estados Unidos con Donald Trump o en Italia con Giorgia Meloni. Nosotros hemos tenido referentes ideológicos conservadores en la última década, pero el mensaje conservador no está llegando a la base. Nos toca dar una batalla cultural para vender nuestras ideas y salir a educar versus la ideologización de la izquierda y el adoctrinamiento.
