Dos semanas después del doble terremoto que enlutó a Venezuela, y que dejó miles de damnificados sin un techo, se van conociendo las cifras oficiales brindadas por el Gobierno de Delcy Rodríguez respecto al número de muertos, heridos, desaparecidos y damnificados que dejó la tragedia del pasado 24 de junio.

Los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 han dejado más de 4.500 muertos y 16.740 heridos, según el último balance del gobierno, en especial en el estado de La Guaira, vecino de Caracas y zona cero del desastre.
El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, señaló que en los campamentos improvisados viven más de 19.000 damnificados, pero ha evitado hablar de la cantidad de desaparecidos.
El líder parlamentario dijo, únicamente, que hasta el viernes, 315 personas no han podido ser identificadas, lo que representa el “7 % del total de personas fallecidas”.

“No es posible dar crédito a los datos”
Y mientras que médicos de varios países tratan de evitar una crisis sanitaria, en los campamentos provisionales donde ahora viven de forma bastante precaria miles de damnificados, las cifras siguen generando un manto de duda en torno a la catástrofe.
Expertos consultados por SEMANA se refirieron a los datos, que también especialistas nacionales e internacionales, consideran que el balance divulgado por el gobierno de Delcy Rodríguez podría no reflejar la verdadera magnitud de la tragedia.

Para Tania Rodríguez Morales, doctora en Paz, Conflictos y Democracia y profesora invitada de la Universidad de Granada, en España, existen razones suficientes para cuestionar esos datos.
“A día de hoy no es posible dar crédito a los datos ofrecidos por el gobierno venezolano. No solo porque el régimen nunca ha presentado cifras fiables que ofrezcan proyecciones sobre lo que allí dentro ocurre, en índices de pobreza, por ejemplo, sino que el régimen suprimió la entidad que ofrecía datos en este sentido”, dijo Rodríguez a SEMANA.

Ronal Rodríguez, investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, coincide con la experta, al señalar que existen razones suficientes para cuestionar esos datos, debido a que la manera en como ha actuado el régimen chavista ante la situación impide conocer con certeza el verdadero impacto humano de la catástrofe.
“La falta de información es total, de hecho no hay información de base. En Venezuela el último censo se hizo en el 2011, lo que quiere decir que los cálculos y estimaciones sobre la población presente en el área se hicieron antes de que tuviéramos toda esta dinámica de edificios y construcciones en el marco de la misión vivienda (de Hugo Chávez), a ello hay que sumar que también en Venezuela ha habido un fenómeno de migración importante”, comentó el investigador.

Opacidad informativa
Y es que millones de ciudadanos emigraron durante los últimos años sin registros oficiales confiables, lo que dificulta establecer cuántas personas habitaban realmente los edificios destruidos por los terremotos, como explicó Ronal Rodríguez, además de la falta de confianza que genera el manejo de la información por parte de las autoridades venezolanas.
“No sabemos realmente cuánta población había en esta área, cuántos de estos apartamentos que se cayeron estaban llenos o estaban vacíos y la dinámica de opacidad, la forma en como el régimen venezolano maneja la información pues hace que sea más difícil. Son autoridades en las cuales la población no siente que son legítimas y que tengan la capacidad para incluso poder administrar la información al respecto”, detalló el profesor de la Universidad del Rosario.

Tania Rodríguez, por su parte, recordó cómo el sistema PAGER del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) estimó inicialmente una probabilidad cercana al 40 %-44 % de que el número de fallecidos pudiera ubicarse entre 10.000 y 100.000 personas. Aunado a esto, una evaluación preliminar de Naciones Unidas llegó a proyectar que los fallecidos podrían aproximarse o superar los 50.000.
“Más que cifras inventadas, lo que podríamos estar viendo son cifras incompletas... La precariedad institucional, sumada a la magnitud del desastre, desborda la capacidad real de conteo del Estado y fomenta una política de opacidad informativa”, aseguró la experta.
Como en el desastre de Vargas
Ronal Rodríguez es enfático al afirmar que esta radiografía de lo que hoy vive el país vecino es un recordatorio de la incertidumbre, que en su momento vivieron los venezolanos, con el deslave de Vargas de 1999, cuando nunca se conoció el número real de víctimas.

“Hoy, paradójicamente, 26 años después, nuevamente Venezuela se enfrenta a una tragedia natural, pero ya el Estado no tiene capacidad de atención, no tiene capacidad de un sistema médico, el sistema educativo está completamente desestructurado. Lo que habían hecho en materia de vivienda pues es uno de los, digamos, elementos que más se señala como punto rojo por la falta de control y de vigilancia”, detalló.
Además de la compleja situación de rescate de los cuerpos debajo de las edificaciones, Rodríguez comentó que le han llegado reportes impactantes de lo que ocurre en la zona.
“Hay familias que se encuentran una extremidad de una persona y no saben realmente si es de su familiar o no. Eventualmente pueden encontrar otra extremidad y no saben si pertenece al mismo cuerpo, al mismo cadáver, y son situaciones muy complejas en las cuales de hecho los que están sacando los despojos mortales en este momento son los propios familiares, lo cual hace que incluso el manejo de la información sea también difícil”, contó.
Las advertencias de ambos especialistas coinciden en un mismo diagnóstico: la devastación provocada por los terremotos, sumada a la debilidad institucional, la falta de transparencia y las limitaciones técnicas del Estado venezolano, hacen imposible confirmar si el balance oficial refleja el verdadero número de muertos y heridos.
“Más que cifras inventadas, lo que podríamos estar viendo son cifras incompletas”, remarcó Tania Rodríguez, mientras que su par concluyó: “La información que vayamos a tener va a ser bastante parcializada y es altamente probable que falten a la verdad, como lo han hecho en el pasado”.
