Colombia vivió una sorprendente jornada electoral ayer domingo, 31 de mayo, que llevó a 23.978.304 ciudadanos a las urnas, votos que dejaron como candidatos en disputa de la presidencia de la República a Abelardo de la Espriella y su fórmula vicepresidencial Juan Manuel Restrepo con 10.361.499 cartones marcados a su favor, y a Iván Cepeda y su fórmula vicepresidencial Aida Quilcué con 9.688.361.

Los votos mostraron un país polarizado, con preferencias electorales en la extrema derecha y en la izquierda progresista, y una reconfiguración política del país.
“Abelardo ganó en el centro del país, pero Iván Cepeda ganó en las periferias”, dicen algunos analistas.
Sin embargo, esa mirada superficial puede llevar a yerros interpretativos. ¿Por qué? Veamos bien.
De la Espriella y Restrepo se quedaron con la mayoría de votantes en 15 departamentos y en las oficinas consulares.

Su modelo de país, con una promesa de mano dura contra los grupos armados ilegales y los delincuentes comunes, un rechazo contundente a la apuesta por una estrategia de paz total como la del gobierno Petro, al que busca suceder, se impuso en departamentos como Guaviare, donde hace apenas unos días en un enfrentamiento entre las disidencias de alias Calarcá e Iván Mordisco dejaron un sangriento saldo de 48 personas asesinadas, entre ellas menores de edad, como afirmó el ministro de Defensa, Pedro Sánchez.
En esa zona, esos grupos armados han llevado a cabo una estrategia de empadronamiento de la población para controlar la movilidad en el territorio: exigen a los campesinos una carnetización por intermedio de las juntas de acción comunal. Esos mismos documentos, le dijo una fuente en uno de los municipios aledaños a SEMANA, sirven también para el cobro de extorsiones.
A pesar de ese control férreo sobre la población, en Guaviare, según las cifras del preconteo de la Registraduría Nacional, ganó la campaña de Firmes por la Patria con 16.060 votos frente a 12.677 de la campaña de Iván Cepeda.

También ganaron en Antioquia, donde duplicaron la votación de la campaña de la línea de gobierno: 1.723.406 votos, contra 805.652. Este departamento además de tener fuerte presencia del Clan del Golfo (Ejército Gaitanista de Colombia), el cartel más poderoso del país con unos 11 mil integrantes según cifras oficiales, ha sufrido graves hechos de violencia en el último año por parte el ELN y de los frentes 36 y 18 de las disidencias, por ejemplo, el derribo de un helicóptero que mató a 13 policías en Amalfi y el asesinato del joven periodista Mateo Pérez Rueda, solo por recordar dos casos.
Precisamente, los datos de las votaciones en Yarumal, el municipio natal y de residencia del periodista inmolado, y de Briceño, donde fue asesinado por disidentes del frente 36, fueron lapidarios para la izquierda.

El Tigre, como le llaman a Abelardo, y el académico Restrepo, barrieron en Briceño con 1.022 votos frente a 437 de Cepeda y Quilcué, y en Yarumal la historia fue similar: 9.119 votos a favor de los primeros y apenas 3.096 para la fórmula de la línea de gobierno.
Incluso, en Medellín, donde se dio el polémico Tarimazo, los sufragios a favor de Abelardo y el economista Restrepo arrasaron a la campaña de Cepeda y Quilcué: 676.358 frente a 300.729.

A pesar de esos números, vale la pena recordar que en febrero, la Defensoría del Pueblo alertó que en el territorio antioqueño, como en otros 12 departamentos, había riesgo de coacción electoral por parte de grupos armados.
“Los grupos armados definen en algunas zonas ‘reglas’ donde se condiciona el comportamiento electoral de la población civil. Por ejemplo, en el noroccidente, como en Córdoba y en Antioquia, el Clan del Golfo consolida un control hegemónico de baja visibilidad, pero de alta capacidad de regulación social y electoral”, aseguró la Defensora del Pueblo, Iris Marín Ortiz.

Es más, los votantes de Firmes por la Patria hicieron que esta propuesta, además de imponerse en Antioquia y Guaviare, ganará también en Caquetá, Huila, Casanare Santander y las fronterizas con Venezuela Arauca y Norte de Santander, departamentos donde la violencia de grupos como el ELN y el frente 33 del Estado Mayor Central de las disidencias campea. Para la muestra, El Catatumbo, que vive hace un año una crisis humanitaria.
A los triunfos electorales en esos territorios, hay que sumarles sendas victorias en Boyacá, Caldas, Cundinamarca, Huila, Meta, Quindío, Risaralda y Tolima.
La otra cara de la moneda
La sorprendente victoria de Firmes por la patria no oculta, sin embargo, que su contraparte le sigue los pasos con una distancia de apenas 673.138 votos.
Cepeda y Quilcué también se impusieron en Bogotá y varios departamentos, estos marcados por una tendencia a la periferia del país: toda la Costa Caribe, el Pacífico, Putumayo, Amazonas, Vaupés, Guainía y Vichada.
Por ejemplo, en La Guajira, donde tiene fuerte presencia las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada (ACSN), de la que hace parte el sangriento Bendito Menor, sacaron 140.544 votos, mientras que De la Espriella y Restrepo obtuvieron 96.625.
En Magdalena, donde esa agrupación ilegal y el Clan del Golfo se disputan el control de Santa Marta y la Sierra Nevada, Cepeda y Quilcué se quedaron con 263.014 votos, y su contraparte con 197.533.
Llama la atención que, contrario a como ocurrió en Medellín, Abelardo de la Espriella perdió en su casa. En el Atlántico, Cepeda y Quilcué obtuvieron 549.193 votos, frente a 432.784 de los de Firmes por la Patria.
Y en Barranquilla, ciudad fuertemente golpeada por la extorsión, los sicariatos, las vendettas de las bandas de Digno Palomino y alias Castor, también ganaron los candidatos de la línea de gobierno: lograron 281.123 votos, mientras que De la Espriella y Restrepo 272.331.
Esa cadena de victorias de Cepeda y Quilcué se extendió por Cesar, Bolívar, Sucre y Córdoba, En este último departamento está Tierralta, donde a partir del 25 de este mes se instalarán entre 400 y 500 combatientes del Clan del Golfo en la Zona de Ubicación Temporal definida en los diálogos de paz con el gobierno.

Le siguen Chocó, Valle, Cauca y Nariño, donde los grupos armados tienen fuerte presencia y han cometido atrocidades como la de Cajibío, donde 22 personas fueron asesinadas con explosivos por parte del Estado Mayor Central.
Por ejemplo, solamente en Chocó, la votación de Cepeda y la líder indígena arrasó: 109.148 frente a 22.782 de sus contrincantes, en el Cauca la diferencia fue de 462.794 a 131.175, en el Valle de 1.119.914 a 710.909 y en Nariño de 472.845 a 148.120.
Precisamente, sobre este último departamento se conoció un audio de un cabecilla que ordenó horas previas a las elecciones a que la población saliera a votar, pues exigirían el certificado electoral para poder moverse en los territorios, una amenaza perentoria también a la democracia.
Es necesario expresar que es atrevido decir que los votos logrados por los candidatos obedecen estrictamente a presiones armadas, pero sí es necesario dar a conocer los datos: en el suroccidente colombiano, los candidatos del gobierno lograron 2.164.701 votos, mientras que De la Espriella y Restrepo apenas 1.012.986.
Un informe de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares) estableció que en 2025 en esa zona del país hacía presencia y ejercían control territorial las Autodefensas de Nariño, en seis municipios; la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB), en 22; los Comuneros del Sur, en 11 municipios de Nariño; el Ejército de Liberación Nacional y el Frente 57, también en varios municipios.
Lo que refleja por qué día a día las poblaciones sufren graves hechos de violencia que van desde atentados con drones cargados de explosivos, hostigamientos a edificaciones policías o militares y la grave disputa por el control de la vía Panamericana, entre otros.
