El asesinato del joven periodista Mateo Pérez Rueda es la más clara muestra del asedio de terror y barbarie que viven las poblaciones de Briceño, San Andrés de Cuerquia, Yarumal y otros 14 municipios del norte de Antioquia por cuenta del frente 36 de las disidencias de las Farc, al mando del temible alias Calarcá, actual gestor de paz del Gobierno del presidente Gustavo Petro.

Mateo, periodista investigador del conflicto, fundó la revista El Confidente, un pequeño medio desde el que alertaba de la grave situación que se vive en su natal Yarumal y en otros municipios del norte de su departamento. El lunes 4 de mayo viajó a Briceño para adelantar un reportaje en esa zona. Se hospedó en un hotel del casco urbano y comenzó a hacer preguntas. Algunas de las personas con las que se entrevistó, funcionarios de la Alcaldía de Briceño, temerosas sobre el riesgo que Mateo iba a asumir, le advirtieron del peligro que corría si iba a los corregimientos Las Auras y Travesías, sobre los que él estaba interesado.
Incluso, el secretario de Gobierno de Briceño, William de Jesús Londoño, le dijo a SEMANA que uno de estos funcionarios consultó con los presidentes de las Juntas de Acción Comunal de la zona, y ellos lo previnieron de lo que en el pueblo ya se sabe: ir allá es ponerse de cara a la muerte. El martes 5 de mayo, Mateo dejó algunas pertenencias en el hotel y se fue en su moto hacia la zona roja. Siguió las reglas a las que las disidencias someten a la población, que tienen que ver con no circular con casco en áreas rurales, no vestir prendas de color negro, azul oscuro o verde y mucho menos pantalones camuflados, que son los que identifican en esos sectores a los combatientes.

Al llegar a la vereda El Palmichal, llamó al funcionario de la Alcaldía con el que se había contactado, le dijo que ya estaba en el lugar y se despidió. Eso fue lo último que se supo de él, porque las disidencias de Calarcá lo interceptaron, golpearon, ultrajaron y asesinaron.
Su cadáver fue abandonado en una zona boscosa entre las veredas El Palmichal y El Hoyo, una escena espantosa que recrea los años más crudos y difíciles del conflicto armado. Tras el asesinato, las autoridades locales fueron informadas. El secretario Londoño le confirmó a SEMANA en la tarde del miércoles que el rumor sobre la desaparición de Mateo no solo era cierto, sino que en la población ya se sabía que había sido asesinado.

Y este viernes, después de que organizaciones sociales, la Fundación para la Libertad de Prensa, la Gobernación de Antioquia y sus familiares pidieran ayuda, el cadáver fue recuperado. Jorge Rueda, primo de Mateo, le contó a SEMANA que a través de una llamada telefónica les informaron que a una comisión del CICR y de la Defensoría del Pueblo les había sido entregado el cuerpo. De allí, bajo acompañamiento del Ejército, este fue trasladado a Medicina Legal en Medellín, donde le practicarán la necropsia. El joven también dijo que no se ha decidido en qué lugar será sepultado, pero que lo más probable es que sea en Yarumal, desde donde viajaron los papás del periodista hacia Medellín para recibir el cuerpo.
Precisamente, en ese municipio Mateo inició su carrera como periodista, a pesar de ser estudiante de Ciencias Políticas, carrera en la que cursó hasta quinto semestre, según sus familiares. Dedicó sus letras a cuestionar irregularidades de la administración municipal y a la cruda violencia que se vive en esa población y en los otros 16 municipios del norte antioqueño.

“Lo que le pasó a Mateo es una radiografía de lo que pasa en el país, de lo triste que es vivir en Colombia, de la guerra que estamos viviendo. Quiero llamar la atención sobre lo que pasa en el norte de Antioquia; es tal vez la parte del departamento más olvidada que existe. Hay menos inversión social, a todo el mundo lo extorsionan, la guerra es impresionante y a nadie parece importarle hasta que matan a un periodista. El norte de Antioquia necesita ayuda”, le dijo a SEMANA, bastante conmovido, el primo del periodista asesinado. Sin embargo, ese dato no es nuevo.
El gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, lo ha expuesto en varias ocasiones. De hecho, hace dos semanas se refirió al asesinato de dos personas en un bar de Yarumal, donde sicarios arribaron y abrieron fuego de manera indiscriminada. Esos dos asesinatos forman parte de los 73 que la Policía del departamento ha documentado en la subregión en lo que va del año.
“La zona de Briceño, San Andrés de Cuerquia y áreas aledañas es de intensa confrontación entre grupos ilegales de minería ilegal y se ha convertido en la región con la mayor tasa de homicidios de Colombia”, admitió Petro en un trino. Pero esas zonas son controladas en su mayoría por gente de las disidencias del frente 36, al mando de Calarcá, aunque este viernes el presidente le atribuyó la muerte de Mateo a otro disidente.

“Fue asesinado por Jhon Edison Chalá Torrejano del frente Darío Gutiérrez, que es un grupo dividido del frente 36, hoy completamente fragmentado en diversos grupos delincuenciales (...), con esta banda de Edison Chalá no existe negociación alguna con el Gobierno. La banda de Edison se dedica al control de la minería ilegal del oro”, señaló, sacando en limpio a alias Calarcá, sobre quien no pesa orden de captura en este momento dado su papel de gestor de paz.
SEMANA recorrió esa población en octubre, cuando las disidencias del frente 36 ordenaron a más de 2.100 campesinos huir de sus veredas bajo amenazas de quedar bajo fuego en enfrentamientos con el Clan del Golfo. En tres días de entrevistas con el alcalde, el sacerdote, el personero municipal y personas que decidieron hablar bajo la condición del anonimato, esta revista pudo informar sobre el temor en el que se vive. Al ingresar a la población, bajando desde la carretera al mar, se ven casas pintadas con frases alusivas a los grupos armados, y los habitantes visten ropas de colores vivos para evitar ser confundidos con combatientes.

Dentro de esas labores de reportería, este medio conoció sobre la fractura entre el frente 36 y el 18, lo que permitió el nacimiento de otro grupo armado: Los Cabuyos. Las disputas por las rentas que deja la explotación del oro en los ríos Cauca, Espíritu Santo y una mina conocida como Berlín, que colinda con el corregimiento de Ochalí, en Yarumal, distanciaron a los delincuentes.
Los hechos que antecedieron a la muerte de Mateo son muestras palpables de la violación de los derechos humanos. El 3 de abril, el Viernes Santo, una ambulancia que transportaba a un joven herido en un accidente de tránsito fue interceptada a 15 minutos del casco urbano, donde bordea el río Espíritu Santo, por hombres del Clan del Golfo.
