El primero de abril de 2026 zarpó desde Ushuaia, Argentina, el crucero holandés MV Hondius con 147 personas, 88 pasajeros y 59 tripulantes de 23 nacionalidades, entre ellos 38 filipinos, 23 británicos, 17 estadounidenses y 14 españoles. El buque pasó por regiones del Atlántico Sur como la Antártida, Georgia del Sur, Tristán de Acuña, Santa Elena y la isla Ascensión. Luego de 30 días de haber salido de tierra latinoamericana, el 2 de mayo el barco notificó oficialmente a la Organización Mundial de la Salud (OMS) la aparición de casos de enfermedad respiratoria aguda a bordo. Ese mismo día se confirmó la infección por hantavirus en uno de los pasajeros.

Desde entonces y hasta el 7 de mayo se han identificado ocho casos por la enfermedad, cinco confirmados por la OMS y tres sospechosos. El virus ya ha cobrado la vida de tres pasajeros. La primera víctima, de 70 años, experimentó síntomas el 9 de abril y falleció a bordo el 11 de abril; su pareja, una mujer de 69 años, desembarcó en la isla de Santa Elena en el Atlántico Sur con síntomas y tomó un vuelo a Johannesburgo, donde falleció el 26 de abril. La pareja, ambos holandeses, habría llegado a Argentina en noviembre de 2025. La tercera víctima fue una mujer alemana, que falleció el 2 de mayo tras presentar síntomas de neumonía.

El barco fondeó cerca de Cabo Verde en la costa noroeste de África hasta el 6 de mayo, cuando se autorizó tomar rumbo hacia España, en la costa de islas Canarias al puerto de Granadilla de Abona, en Tenerife, donde los pasajeros serán desplazados al aeropuerto y enviados a sus respectivos países. Los 14 pasajeros españoles serán trasladados al Hospital Gómez Ulla, donde se someterán a una cuarentena obligatoria de 45 días. La llegada del crucero está prevista para el mediodía del domingo 10 de mayo.
Turquía, Estados Unidos, Reino Unido, Grecia, Francia y Países Bajos han mostrado su voluntad de fletar aviación para repatriar a sus connacionales, mientras que Bélgica, Irlanda, Alemania y Suecia han aceptado acogerse al Mecanismo Europeo de Protección Civil, que pondrá a disposición aviones para dichos ciudadanos.

Tras el anuncio del brote y la alerta generalizada que ha provocado la noticia, Maria van Kerkhove, directora de Prevención y Preparación de Epidemias y Pandemias de la OMS, afirmó contundentemente: “Esto no es el SARS-CoV-2. Esto no es el inicio de una pandemia como el covid-19”.
Asimismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la organización, informó que las dos primeras víctimas del crucero “recorrieron Argentina, Chile y Uruguay en un viaje de observación de aves que incluyó visitas a lugares donde estaba presente la especie de rata conocida por portar el virus”.

Abecé del hantavirus
Para entender el impacto de la enfermedad, SEMANA conversó con Heidi Wilches, coordinadora de gestión clínica de la Cruz Roja seccional Bogotá-Cundinamarca, médica y epidemióloga. La experta explicó que esta enfermedad corresponde a un grupo de virus zoonóticos transmitidos principalmente por roedores silvestres infectados. La transmisión ocurre, sobre todo, por inhalación de partículas contaminadas provenientes de orina, saliva o heces de estos animales, aunque también puede darse por contacto directo con superficies contaminadas. “Cuando una persona manipula directamente, sin guantes y sin ningún otro medio de protección esas secreciones, esos son los mecanismos principales de transmisión”. La especialista advirtió que la preocupación actual se concentra en la cepa Andes, predominante en Argentina y Chile, debido a la evidencia científica existente sobre contagio de persona a persona y su asociación con cuadros respiratorios severos.

La médica señaló que el virus puede comenzar con síntomas aparentemente leves y fácilmente confundibles con una gripa común. Fiebre, dolores musculares y malestar general suelen ser las primeras señales de alerta, pero en algunos casos el cuadro evoluciona rápidamente hacia insuficiencia respiratoria grave. “Nosotros hablamos de infección respiratoria grave cuando un paciente inicia con síntomas gripales normales y evoluciona de manera aguda o inusual hacia dificultad respiratoria y requerimiento de oxígeno”, explicó. El periodo de incubación puede ir de una a ocho semanas, lo que obliga a prestar especial atención a antecedentes de viaje a países como Argentina, Chile, Brasil o Paraguay, así como a personas expuestas a ambientes rurales, galpones o zonas con presencia de roedores. Para Wilches, el punto crítico está en que la cepa Andes ha demostrado capacidad de transmisión humana, situación que hoy eleva la vigilancia epidemiológica en distintos países de la región.

Aunque el hantavirus sigue siendo una enfermedad poco frecuente, su letalidad preocupa a las autoridades sanitarias. Según Wilches, la tasa de mortalidad asociada a la cepa Andes puede oscilar entre el 30 por ciento y el 40 por ciento, especialmente cuando el diagnóstico no se realiza a tiempo. “Es una enfermedad poco frecuente, pero potencialmente grave, y su mortalidad podría acercarse a lo que vimos con el covid-19 en pacientes graves”. La especialista explicó que quienes sobreviven pueden enfrentar secuelas importantes, entre ellas dependencia de oxígeno, necesidad de rehabilitación cardiopulmonar y afectaciones psicológicas derivadas de estancias prolongadas en unidades de cuidados intensivos. “Hay secuelas inmediatas, como dependencia de oxígeno y necesidad de rehabilitación respiratoria y cardiopulmonar. Y a largo plazo aparecen secuelas psicológicas, depresión y ansiedad”, sostuvo. A esto se suma un factor clave: actualmente no existe vacuna ni tratamiento antiviral específico contra el hantavirus.

Frente a este panorama, la prevención continúa siendo la principal herramienta de protección. Wilches insistió en que no se trata de dejar de viajar, sino de reforzar las medidas de autocuidado, especialmente en zonas donde existe circulación del virus. La experta recomendó extremar la higiene en bodegas y espacios cerrados, evitar la acumulación de residuos que favorezcan la presencia de roedores, sellar posibles accesos de estos animales a las viviendas y utilizar elementos de protección personal. “Para las personas que viajan, es fundamental utilizar adecuadamente elementos de protección, como mascarillas, mantener el lavado de manos y consultar oportunamente a los servicios de salud si presentan síntomas respiratorios”.

Aunque aclaró que actualmente Colombia no tiene alerta sanitaria por hantavirus, sí existe vigilancia epidemiológica activa debido al flujo migratorio y a la evidencia de transmisión entre humanos. “Es muy importante el autocuidado, el uso de mascarilla quirúrgica y mantener las estrategias de lavado de manos de las que tanto hablamos durante la pandemia de covid-19”, concluyó.
Foco de infección
En medio de la tensión generada por el brote, se conoció que un hombre de 45 años, de San Carlos de Bariloche en Argentina, permanece internado en el área de cuidados intermedios del hospital Ramón Carrillo, situación que llama la atención especialmente cuando la tasa de mortalidad por hantavirus en ese país ha pasado del 17 por ciento registrado entre 2019 y 2024 a superar el 33 por ciento en el último año, un salto que ha encendido las alertas entre organismos nacionales e internacionales.

De acuerdo con autoridades sanitarias, el archipiélago de Tierra del Fuego llevaba décadas sin registrar casos de hantavirus. El último data de 1996. La coyuntura ha hecho que el director de la OMS haga un llamado al Gobierno argentino para reconsiderar su decisión tras retirarse de la organización, que se hizo efectiva desde mediados de marzo.
A horas de que el buque llegue a tierra española, ahora los ojos están sobre un vertedero a 7 kilómetros de Ushuaia, que es evitado por los nacionales, pero visitado por cientos de turistas extranjeros que practican avistamiento de aves. El vertedero recibe todos los residuos de la ciudad más austral de Argentina y donde epidemiólogos ya buscan rastros de roedores infectados con el virus. A la fecha, Colombia permanece libre de casos.

